17 de Abril de 2016: Jornada de las vocaciones nativas. Una realidad gozosa

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Las vocaciones crecen en el mundo. Solemos juzgar la realizad de la Iglesia, desde la situación de Europa: pocas vocaciones, débil renovación, frágil implicación misionera… Gracias a Dios, la Iglesia es universal. Produce alegría ver que las vocaciones sacerdotales crecen en áfrica un 21 por ciento y en Asia un 14 por ciento. San Juan Pablo II escribía con motivo del centenario de la Obra de San Pedro Apóstol -Clero Nativo: «¡Qué bellas páginas de la historia de la Iglesia han escrito en los diversos continentes los socios de la Obra de San Pedro Apóstol! ¡Cuántos sacerdotes, religiosos y religiosas han tenido, gracias a esta Obra, la alegría de seguir su vocación!»

UNA MIRADA ATENTA Dice el papa Francisco: «Dejémonos mirar por Jesús, pero aprendamos también a mirar a Jesús, una mirada de ternura, de comprensión y de misericordia que nos lleve a tocar las llagas del Señor en la carne de nuestros hermanos». El apóstol Mateo y miles de jóvenes de todo el mundo se han dejado cautivar por la mirada de Jesús, llena de misericordia, y han descubierto la alegría de contemplar al mundo como él. «La mies es abundante y los obreros pocos. Orad para que el Señor envíe operarios a sus campos», dice el Señor. La oración de la Iglesia por las vocaciones, como hemos comprobado en áfrica y Asia, está produciendo abundantes frutos. El arzobispo de Pamplona exclama: «ver crecer a la Iglesia en los lugares de misión es impresionante». Pero constatamos que son muchos los jóvenes que llaman a las puertas de los seminarios y noviciados y no pueden entrar, por carecer de recursos económicos. La pobreza material se convierte en un muro, a veces insalvable, para realizar el sueño de la vocación.

UNA ACTITUD COMPASIVA Ayudando a las vocaciones de los países de misión, estamos contribuyendo a construir canales por los que la savia del evangelio llegue a todos los hombres. Las vocaciones nativas son un bello instrumento, para que las Obras de Misericordia florezcan allí donde los pobres más lo necesitan. Es el tiempo del Señor resucitado, de la alegría pascual y de la generosidad compasiva. Contribuir, en la medida de nuestras posibilidades, a través de becas y otras ayudas, al sostenimiento de las vocaciones, es dar respuesta a esta primavera vocacional. La generosidad de innumerables personas anónimas de nuestra Diócesis, que vienen dando una espléndida solución a estas vocaciones, merece nuestra gratitud y la bendición de Dios.

Pedro Jesús Mohedano Santibáñez.Director Diocesano de OMP

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