45 peregrinos a Santiago. Una historia de encuentro con Cristo

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Felizmente el día 23 de julio llegábamos a Santiago de Compostela después de 6 etapas del Camino Inglés. 45 peregrinos de Extremadura habíamos tenido la inolvidable experiencia de hacernos compañeros de camino, peregrinos, compartiendo estrechamente nuestra vida, cada uno con una meta interior, con un deseo de superación, con una petición en su corazón. Una actividad de la delegación de fe y cultura que tuvo lugar del 17 al 25 de julio

La mayoría lo hacíamos por primera vez. Pudimos realizar este sueño gracias al equipo de la Fuente del Maestre, veteranos en la experiencia pero más jóvenes que la inmensa mayoría de nosotros, que organizaron comidas, alojamientos, rutas, oraciones, reuniones,… y, sobre todo, imprimieron una alegría y espíritu de superación admirable.

Cada día tenía un tema de reflexión que compartíamos y que se hacía ‘carne’ por la realidad que experimentábamos: vivir como peregrinos, peregrinamos en austeridad, somos una comunidad de peregrinos, el valor del silencio, peregrinamos entre dificultades -de la vida, para renovarnos, con una meta.

A pesar de que un buen número de nosotros no nos conocíamos y de la notable diferencia de edad: desde los 18 años hasta casi los 70; empezamos a recorrer juntos las etapas, dormir en pabellones con un saco, compartir los ratos de comida, de oración, la Eucaristía… Y descubres que a pesar de la edad eres capaz de dormir en el suelo, de gustar de la simplicidad de la vida, del poder conversar íntimamente con una persona que has conocido hace dos días, que no hay quejas a pesar de las dificultades, al contrario que cada vez hay más alegría en el grupo, más hermandad.

Y cómo no Santiago. Qué bonito que cueste llegar al sepulcro. Que nos recuerde la epopeya de los Apóstoles que fueron capaces de marchar por un mundo que no sabía nada de Jesucristo y que les costó la vida a todos ellos.

El abrazo a Santiago, era como abrazar a mi padre en lo más valioso de mi vida. ¡Protege mi fe, Santiago! ¡Dame un poco de tu ardor misionero!… y concédenos la gracia de volver.

Ricardo Palancar

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