50 años del Decreto sobre ecumenismo del Concilio Vaticano II

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El 21 de noviembre de 1964 era promulgado por su santidad Pablo VI el Decreto Unitatis redintegratio, después de su aprobación por los padres conciliares. Desde la Delegación de Relaciones interconfesionales de nuestra diócesis de Coria-Cáceresqueremos hacernos eco de lo que supuso este acontecimiento y acercar a todas las comunidades parroquiales y hogares cristianos el mensaje renovador de esta página del Concilio Vaticano II.

La unidad de los cristianos

«Promover la restauración de la unidad entre todos los cristianos es uno de los fines principales que se ha propuesto el Sacrosanto Concilio Vaticano II, puesto que única es la Iglesia fundada por Cristo Señor»: con estas palabras se abre el decreto sobre el ecumenismo, que quiere exponer los principios de la Iglesia Católica para conseguir este fin, pues la división entre los cristianos, afirma con rotundidad, «abiertamente repugna a la voluntad de Cristo y es piedra de escándalo para el mundo y obstáculo para la causa de la difusión del Evangelio por todo el mundo» –Unitatis redintegratio 1.

Todos podemos leer este documento conciliar, poco extenso y muy rico en contenido. Comienza presentando los rasgos de la Iglesia de Cristo, una y única, en una bellísima descripción que es una síntesis admirable de la Constitución Lumen Gentium, promulgada también ese mismo día por el Beato Pablo VI. La Iglesia nace del amor de Dios Padre que envía a su Hijo para redimir a la humanidad y congregarla en la unidad. Jesús, una vez glorificado, derrama la abundancia del Espíritu Santo sobre la Iglesia, como principio de unidad en la variedad de los carismas. La Iglesia descansa sobre el fundamento de los Apóstoles y sus sucesores – los obispos en comunión con el sucesor de Pedro – , a quienes Cristo confió la misión de enseñar, regir y santificara su pueblo.Tres son los elementos en torno a los cuales se realiza la comunión en la Iglesia: la profesión de una sola fe, la común celebración de los sacramentos y la concordia fraterna de la familia de Dios.

Sin embargo, en la historia de la Iglesia se han producido divisiones: en el siglo XI se separa la Iglesia Ortodoxa y en el siglo XVI surgen las Iglesias protestantes. Por ello, entre las diversas confesiones cristianas existen divergencias en la doctrina o en la estructura de la Iglesia, que el movimiento ecuménico trata de superar.

La búsqueda de la unidad de los cristianos es posible porque tenemos una base común que nos une: la fe y el bautismo que nos incorporan a Cristo y nos hacen hermanos en el Señor, unidos bajo el nombre de cristianos.Esta comunión inicial está reclamando la unidad plena y visible de la Iglesia.

Una consecuencia fundamental de este planteamiento es que hemos de reconocer que El Espíritu de Cristo no ha rehusado servirse de las Iglesias y comunidades «separadas» como medios de salvación. En este sentido san Juan Pablo II hablará con mucha fuerza de algo que nos une ya a todos los cristianos: un martirologio común, pues todas las comunidades cristianas tienen mártires de la fe en el siglo XX; y también nos unen en la eternidad los santos, es decir, aquéllos que al final de una existencia fiel a la gracia están en comunión con Cristo glorioso y que proceden de todas las Iglesias y Comunidades eclesiales, que les abrieron la entrada en la comunión de la salvación -Encíclica Ut unum sint. Esta realidad nos invita a trabajar por la unidad de la Iglesia que peregrina en este mundo, para que el mundo crea.

¿Qué es el ecumenismo?

Dejemos hablar al texto conciliar, saboreando sus palabras: «Hoy, en muchas partes del mundo, por inspiración del Espíritu Santo, se hacen muchos intentos con la oración, la palabra y la acción para llegar a aquella plenitud de unidad que quiere Jesucristo. Este Sacrosanto Concilio exhorta a todos los fieles católicos a que, reconociendo los signos de los tiempos, cooperen diligentemente en la empresa ecuménica. Por ‘movimiento ecuménico’ se entiende el conjunto de actividades y de empresas que, conforme a las distintas necesidades de la Iglesia y a las circunstancias de los tiempos, se suscitan y se ordenan a favorecer la unidad de los cristianos» -UR 4.

La trilogía «oración, palabra y acción» expresa los medios para alcanzar la unidad:

1. El primer medio es la oración, conscientes de quela unidad es un don que nace de la Trinidad, como vemos en la propia oración de Cristo en la última Cena: «Padre, que todos sean uno, como Tú estás en Mí y Yo en Ti, para que también ellos sean en nosotros y el mundo crea que Tú me has enviado» -Jn 17. La oración, la conversión del corazón y la santidad de vida constituyen el ecumenismo espiritual, que todos hemos de practicar en nuestra vida cotidiana. Esta forma de ecumenismo es «el alma de todo el movimiento ecuménico» -UR 8.

2. La palabra, es decir, el diálogo ecuménico entablado entre expertos adecuadamente formados con la finalidad de superar las diferencias doctrinales profundizando en la Verdad que nos ha sido donada en la Palabra de Dios. Gracias a este diálogo, en estos cincuenta años ha crecido la comunión entre los cristianos y somos más conscientes de los elementos de la fe que tenemos en común y de los retos que aún hemos de superar.

3. La acción se refiere a la colaboración que hemos de llevar a cabo entre los cristianos en el ámbito social, precisamente porque «nos honramos con el nombre de Cristo» y hemos de dar testimonio de esperanza. El Decreto sobre ecumenismo describe los ámbitos de esta cooperación: «ya en el justo aprecio de la dignidad de la persona humana, ya procurando el bien de la paz, ya en laaplicación social del Evangelio, ya en el progreso de las ciencias y de las artes, con espíritu cristiano, ya en la aplicación de cualquier género de remedio contra los infortunios de nuestros tiempos, como son el hambre y las calamidades, el analfabetismo y la miseria, la escasez de viviendas y la distribución injusta de las riquezas» -UR 12.

Nos implica a todos

El Papa Benedicto nos invitó a renovar nuestra fe con motivo del cincuenta aniversario de la apertura del Concilio Vaticano II mediante el «Año de la fe». Al recordar ahora nosotros el cincuenta aniversario del Decreto sobre ecumenismo, Unitatis redintegratio, haremos bien en sentirnos todos implicados en la búsqueda de la unidad de los cristianos. Así se lo pide el Espíritu Santo a la Iglesia como un gran signo de los tiempos:

«El empeño por el restablecimiento de la unión corresponde a la Iglesia entera, afecta tanto a los fieles como a los pastores, a cada uno según su propio valor, ya en la vida cristiana diaria, ya en las investigaciones teológicas e históricas. Este interés manifiesta la unión fraterna existente ya de alguna manera entre todos los cristianos, y conduce a la plena y perfecta unidad, según la benevolencia de Dios» -UR 5.

Rafael Delgado Escolar y Equipo de Relaciones Interconfesionales

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