50 peregrinos de Extremadura llegaron a Santiago por el Camino Francés

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50 peregrinos de diversos puntos de Extremadura llegaban felizmente a la tumba del Apóstol, el 6 de agosto, después de recorrer las 5 últimas etapas del Camino Francés.

Es el segundo año que la Delegación de fe y cultura de la Diócesis ha propuesto esta actividad, uniéndose a la iniciativa de un grupo de Fuente del Maestre que la organiza y dirige.

El grupo era muy heterogéneo en edades, procedencias y experiencia. La mayoría era la primera vez que realizaban el Camino. Esto significaba dos cosas: por un lado, un sueño anhelado durante muchos años -sobre todo entre los más mayores-, pero también el temor de no ser capaz de recorrer los ciento y pico kilómetros de la peregrinación.

Felizmente todos lo consiguieron. Desde la más joven del grupo -15 años- hasta los más veteranos, que ya rondaban los 70 años.

Cada día tenía una propuesta que se compartía y que se hacía «carne» por la realidad que se experimentaba: «vivir como peregrinos», «peregrinamos en austeridad», «somos una comunidad de peregrinos», «el valor del silencio», «peregrinamos entre dificultades»…

El estilo de vida de esos días ha sido el característico de los auténticos peregrinos: las largas rutas de camino en medio de tantos parajes de gran belleza, las comidas compartidas en los albergues, las tertulias informales, la Eucaristía al final de la tarde… todo ello iba hermanando poco a poco al grupo. Cada uno sentía que sus ilusiones y dificultades eran acogidas y compartidas por el resto.

Como es lógico, no han faltado las dificultades: las ampollas en los pies, el dolor de rodilla, la urticaria, los ronquidos en los albergues, el cansancio de algunos momentos… Pero esto forma parte del Camino, porque es lo que emula la vida: la dificultad, la fragilidad humana… y, también, experimentar la superación, la ayuda de los demás…

El apóstol Santiago acogió una vez más al grupo en su casa, confirmándolo en la fe y enviándole a los múltiples caminos del mundo para llevar la alegría del Evangelio. En esta ocasión la Misa del Peregrino estuvo presidida por el Cardenal Carlos Amigo y los peregrinos pudieron disfrutar de la ceremonia del botafumeiro.

Al final de la peregrinación, la alegría y satisfacción de todos era desbordante; costaba la separación. El sentimiento era el de haber vivido algo que deja un poso para la vida: el propósito de hacerse cercano -compañero de camino- en la vida diaria a los que lo necesiten y, también, de sabernos acompañados por tantos que nos ayudan en nuestras dificultades; especialmente descubrir la presencia de Cristo, compañero de vida con su Palabra y Eucaristía.

Esta Delegación espera que muchos más puedan vivir esta experiencia en próximas ediciones.

Ricardo Palancar

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