A Sor Ángeles, misionera, Hija de la Caridad

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En nuestras conversaciones siempre hay un denominador común, la vida en la misión.

Se van las horas llenas de momentos pretéritos, narrados en presente, porque en ellos, conviven mucho más, pero mucho más, que recuerdos.

Ella revive cada instante, cada anécdota, cada hecho misionero, con la maestría que solo los narradores orales que han vivido y disfrutado, por supuesto, con el corazón, son capaces de transmitir.

Y así, en sus relatos, dibuja y da vida a su misión con claridad esperanzadora. Es capaz, con su entusiasmo, hacer sentir sus vivencias como nuestras.

Esta misionera, tiene la capacidad de embarcar en sus años en Madagascar, a quién la escucha, eso sí, con la atención y el respeto, que merece, al acercarte a los seres especiales y humanos que son los misioneros enamorados de la misión.

Sor Ángeles, es una Hija de la Caridad, que ahora, desde su sillón convaleciente en Cáceres, sigue respirando misión por todos sus poros. Contagia, te envuelve de momentos con todo detalle, en los que tú, también parece haberlos vivido.

La conocí hace años, cuando desde la Delegación de misiones buscábamos un testimonio misionero, y ahí, con la fuerza del Espíritu, apareció esta mujer menuda, ¡menuda mujer! a quién su mensaje, no necesitaba ningún apoyo visual, ningún mass media para poder, con sus palabras, descubrir lo que lleva dentro, un amor infinito por la misión, por la vocación misionera, propia de valientes como ella. Una vocación que no te deja impasible, porque refleja la Luz, que a veces procuras, en lugares equivocados.

Sor Ángeles, con sus palabras de ternura, te transporta, te hace presente en sus recorridos por aldeas y poblados; participas con sus narraciones de la precisión en curas y tratamientos, que ella como enfermera, se encontraba cada día, no exentas de gravedad; consigo imaginarla en catequesis, dando a conocer al Buen Dios, Ese que vive entre los más pobres.

En misión, era conocida como “Manguetaeta” y sonríe cuando dice – es que se creían que yo tenía buenos poderes, confiaban en mí. Luego, su responsabilidad pasaba por dar a conocer de dónde y de Quién eran esos poderes.  La misión conjuga y transmite los dones de las Martas y Marías del Evangelio y ahí, Sor Ángeles, es una experta.

Sor Ángeles Eninghau, su nombre, misionera española, hija de alemán, a quien, con toda la humildad me siento unida por nuestro amor a la misión, quiero honrarla con mis palabras.  Es Amiga, hermana, otra madre, qué a modo de regalo, Dios ha puesto en mi camino. Es a esta mujer misionera, para quien su vocación, ha “imprimido” el maravilloso carácter de los hombres y mujeres que dejan todo por seguir al Señor, los que gastan sus vidas en las olvidadas periferias humanas. No hay mayor “Aventura” que contagiar, la vocación misionera, a los que esperan una vida plena, porque realmente merece la pena, sino que se lo pregunten a Sor Ángeles.

Mª Montaña Malpartida. Delegación de Misiones Coria-Cáceres

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