A un paso del sacerdocio tres nuevos diáconos en la Diócesis

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La Diócesis de Coria-Cáceres ha vivido un momento muy especial hace unos días, se trata de la ordenación de tres nuevos diáconos. Un motivo de celebración para toda la Iglesia diocesana. El Sr. Obispo, D. Francisco Cerro, los ordenó en la Capilla Mayor del Seminario, el domingo 17 de diciembre, a las 17 horas.

Los nuevos diáconos son D. Robert Muthini Mutisya, oriundo de Kenia, tutelando su vocación la Parroquia de San José de Cáceres y, en concreto, una familia que lo acogió como un miembro más; D. Carlos Piñero Medina, natural de Cáceres, perteneciente a la Parroquia de San José y D. Flores Hisado Becerra, natural de Arroyo de la Luz, custodiando su vocación la comunidad cristiana de este pueblo.

El obispo, en su homilía, quiso hacer hincapié en que «amasen mucho a los pobres» y que, como ha pedido el Sínodo Diocesano, estén acompañando en la vida a todos los creyentes, transmitiendo el amor de Dios que tiene para cada uno, desde el servicio.

El diácono, siguió D. Francisco, está llamado a prestar su servicio en la proclamación de la Palabra de Dios, en la Comunión, principalmente a los enfermos, y en el servicio de la caridad, por eso entre sus tareas no podrá descuidar la organización y potenciación de las Cáritas, entre otras funciones. Puede, también, presidir y bendecir el sacramento del matrimonio y el bautismo.

En la ordenación, estuvieron presentes más de una treintena de sacerdotes de la Diócesis, entre ellos el vicario general, D. Diego Zambrano López, y el rector del Seminario, D. Miguel ángel Morán Manzano, así como todos los formadores del Seminario, además de familiares y amigos de los tres seminaristas.

Durante la celebración, tras pedir el rector la entrada de los tres seminaristas en la orden de los diáconos y dar testimonio de que los ordenandos son dignos, D. Francisco Cerro les impuso las manos para pedir el Espíritu Santo para los nuevos diáconos, quienes prometen obediencia al obispo.

Momento de la imposición de manosAdemás, todos los fieles se unieron en oración invocando a los santos su intercesión, momento en el que los ordenandos se postran en el suelo, como signo de humildad, pero elevando a Dios su corazón.

Ya con su nueva condición, fueron revestidos por otros diáconos con la estola cruzada y la dalmática, ornamentos distintivos del Diaconado.

En este tiempo de adviento, tiempo de esperanza, damos gracias porque Dios sigue mandando obreros a su mies, y siguen existiendo personas, que al igual que María, siguen respondiendo: «sí».

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