Apertura del Curso del Seminario y los Centros Académicos

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El Seminario Diocesano y los Centros Académicos Diocesanos dieron comienzo a un nuevo curso el viernes 30 de septiembre, con la Eucaristía conmemorativa del Espíritu Santo, a las 19 horas con una asistencia muy numerosa, en la Capilla Mayor del Seminario Diocesano en Cáceres.

Durante la celebración, se vivió con gran alegría el Rito de Admisión a las Sagradas Órdenes de los seminaristas Joseph, Demetrio y Gerardo, quienes manifestaron públicamente su voluntad de ofrecerse a Dios y a la Iglesia para ejercer el orden sagrado; la Iglesia, por su parte, al recibir este ofrecimiento, lo elige y lo llama para que se prepare a recibir el orden sagrado.

También los directores de los distintos centros de enseñanza diocesanos también se pusieron al servicio del obispo y de la diócesis haciendo profesión de fe delante de él, en nombre de todos los docentes. Fueron Don Roberto Rubio, nuevo rector del Seminario, Don Ángel Luis Lorenzo, director en Cáceres del Instituto Superior de Ciencias Religiosas Santa María de Guadalupe y Don Jesús Pedro Batuecas, director del Colegio Diocesano.

En la celebración estuvieron numerosos representantes de diversas instituciones: profesores del Instituto Teológico San Pedro de Alcántara, del Instituto Superior de Ciencias Religiosas Santa María de Guadalupe, del Colegio Diocesano José Luis Cotallo y de las diversas escuelas de Formación Diocesana y, por supuesto, los formadores del Seminario.

También asistieron la presidenta del Tribunal Superior de Justicia de Extremadura, Dª María Félix Tena Aragón; el subdelegado del Gobierno en Cáceres, D. José Antonio García; el coronel jefe del CEFOT, D. Juan Manuel Martel Gómez. el concejal del ayuntamiento de Cáceres de Servicios Públicos, Medio Ambiente, Régimen Interior, Fondos Estratégicos en representación del alcalde, Movilidad y Seguridad, D. Pedro Juan Muriel Tato y el presidente decano de la Facultad de Teología San Isidoro de Sevilla, D. Manuel Palma Ramírez.

En su homilía, Mons. Jesús Pulido, instó a no desaprovecha la oportunidad que brinda un nuevo curso. “Es un momento adecuado para renovar nuestra ilusión, para recomenzar. Necesitamos respiros, bocanadas de aire fresco, para seguir adelante. En cada etapa nos ponemos metas nuevas, trazamos objetivos. Recomenzar es siempre dar una nueva oportunidad, vivir con esperanza, apostar por un futuro mejor y liberarnos de la posible carga pesada de nuestros errores. Confiando en Dios, en sus promesas.”

Aludió también el prelado al evangelio del día: “Jesús no se apareció a cada apóstol por su cuenta; de hecho, el evangelio cuenta que siempre se aparece resucitado cuando están juntos todos. Y esto no es una casualidad, es un principio que el mismo Jesús había anticipado: Donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.” Y prosiguió: “una tentación de nuestros días, en que acentuamos tanto el individuo, es concebir la fe como un sentimiento personal y privado. No se puede ser cristiano por libre. Cuando más seguros podemos estar de nuestra fe, cuando podemos hacer una experiencia auténticamente creyente mística, es cuando celebramos la Eucaristía juntos”.

También habló sobre la reciente JMJ en Lisboa, y recordó las palabras del Papa, donde no sobra nadie. Hay espacio para todos, así como cuando Jesús manda a los apóstoles a llamar para el banquete. “En la iglesia sucede al revés que en la sociedad: Nadie es necesario, pero todos somos imprescindibles. En la Iglesia solo Dios es necesario”. También recordó que este año espera que en nuestra Iglesia Diocesana se fortalezca nuestra presencia.

Por otro lado, se celebró también en este día la lección inaugural del curso en el Auditorio del Seminario. Tras el saludo del Obispo y del Rector, Don Manuel Palma Ramírez, presidente decano de la Facultad de Teología San Isidoro de Sevilla, pronuncio una ponencia: «Michel Henry, filósofo cristiano».

Para el rector del Seminario, Roberto Rubio, este nuevo curso, es una nueva ilusión:estamos aquí un curso más para “volver a echar las redes”, para reilusionarnos con una misión que es de todos, no sólo del equipo de formadores: ‘cuidar, querer y rezar por nuestro Seminario y por nuestros seminaristas’. Nuestro Seminario es la Casa Común, la Casa de todos, la Casa de la Diócesis. Os animo a sentirlo así y a conocerlo para quererlo: aquí siempre tenemos las puertas abiertas para recibiros con el corazón dispuesto».

¿Qué es el Rito de Admisión a las Sagradas Órdenes del Diaconado y Presbiterado?

La admisión de los candidatos a las Sagradas Ordenes se realiza mediante un rito litúrgico particular, con el cual el que aspira al diaconado y al presbiterado manifiesta públicamente su voluntad de ofrecerse a Dios y a la Iglesia para ejercer el orden sagrado; la Iglesia, por su parte, al recibir este ofrecimiento, lo elige y lo llama para que se prepare a recibir el orden sagrado.

El rito de admisión a órdenes es llevado a cabo cuando el aspirante ha alcanzado la madurez necesaria para solicitar tal admisión, la cual es refrendada por la Iglesia en la figura de los formadores, del rector del Seminario y del propio Obispo como cabeza y pastor de la Diócesis.

Para todo el Seminario es un momento de gran ilusión y esperanza, pues la Iglesia Católica, a través de este acto público, confirma oficialmente que ve en este seminarista signos objetivos de vocación al sacerdocio y éste, a su vez, declara su voluntad de seguir diciéndole que sí al Señor y la Iglesia, acompañado por toda la comunidad del seminario, de sus familiares, su parroquia y sus amigos.


Los candidatos

Joseph Mukiti, de Kenia, es uno de ellos y manifiesta que desde la niñez su deseo es servir a Dios: “Mis padres, hermanos, maestros, sacerdotes en la parroquia me guiaron y motivaron a tomar decisiones”. Una decisión que le hace muy feliz porque es personal y completamente voluntaria. Le gustaría centrar su ministerio sacerdotal en el servicio atención a los pobres y transmitir la fe con su testimonio.

Demetrio, de Guinea Ecuatorial, afirma: “Tengo muchas ganas de dedicar mi vida a los demás y anunciarles el Evangelio”. Cuando terminó 2º de bachillerato se matriculó en la universidad por dos años en pedagogía, pero tomó la decisión de seguir con su vocación y entró en el seminario en su país natal, después vino a España. “La Virgen María nunca me ha defraudado, siempre la tengo presente en mi formación y todo lo que he pedido, me lo ha concedido”, añade Demetrio. “El seminario es el corazón de la diócesis, si le falta sangre al corazón no puede funcionar. Hay que seguir rezando para que el Señor envíe obreros a su mies”.

También de Guinea Ecuatorial es Gerardo, explica que, desde pequeño, en 2º de ESO, ingresó en el seminario, a su padre espiritual le preguntó cómo saber que Dios le llamaba. “Él me preguntó entonces que si yo era feliz en el seminario, le dije que sí, y él me interrogó que qué pasaría si no estuviera allí”. Entonces cayó en la cuenta de que su felicidad pasaba por seguir la vocación, que va acompañada por la música, pues toca varios instrumentos. Al llegar a la Universidad dejó el seminario, pero volvió a tener dudas ya que se dio cuenta de que no era feliz. “A mí no me preocupaban las ‘salidas’ que tenía la carrera, como a mis compañeros”. Entonces lo vio claro: “Estoy convencido de esta vocación”, afirma rotundo.

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