Beato Marcelo Spínola. Carta de D. Francisco con motivo del Jueves Santo

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D. Francisco Cerro dirige una carta a sus sacerdotes con motivo del Jueves Santo en la que pone al Beato Marcelo Spínola como ejemplo de sacerdocio. «Yo os animo, -dice el Obispo en su carta- a que en este tiempo en el que nos preparamos para celebrar y dar gracias por el XXV aniversario de su beatificación, os acerquéis a su figura de Pastor bueno, santo y docto, trabajador y de profunda vida interior, alegre y mortificado, que aprendamos, vosotros y yo, a vivir con ilusión siempre nueva nuestro ministerio sacerdotal».

En la carta se describe la biografía del beato Spínola, que fuera obispo de Coria y fundador de la congregación de Esclavas del Divino Corazón. Será repartida a los sacerdotes durante la Misa Crismal en Coria.

ofrecemos a continuación el contenido de la misma:

Carta a los Sacerdotes con motivo del Jueves Santo

EL BEATO MARCELO SPINOLA, UN OBISPO SANTO

Queridos hermanos sacerdotes:

Un año más nos disponemos a celebrar en los días santos, los acontecimientos centrales de nuestra redención. Se nos llama al silencio y a la oración para contemplar el misterio de la pasión, muerte y resurrección del Señor, vivamos estos días intensamente.

En la Misa Crismal, anticipo del Jueves santo, el Obispo se reúne con sus presbíteros en una significativa celebración eucarística en la Catedral, se bendice el óleo de los enfermos, de los catecúmenos, y el crisma. Además, el Obispo y los presbíteros renuevan las promesas sacerdotales que pronunciaron el día de su ordenación. Este año quiero unir a ese gesto el recuerdo, lleno de emoción, del que fue obispo santo de Coria, Marcelo Spínola, preparándonos a conmemorar, el año próximo, el XXV aniversario de su beatificación -29 de marzo de 1987.

El Beato Marcelo Spínola, Obispo, Fundador de la congregación de Esclavas del Divino Corazón, nació en San Fernando -Cádiz el 14 de enero de 1835. Su padre D. Juan Spinola y Osorno pertenecía al Real Cuerpo de Artillería de la Armada y debido a eso Marcelo siguió sus estudios en los distintos lugares donde fue destinado su padre. Aprende a leer y escribir en su propia casa y asiste después a un colegió dirigido por sacerdotes. A los diez años comienza el bachillerato en Cadiz, sigue en Motril y lo concluye en Granada a los trece años. Destinado su padre a Alicante, inicia la carrera de Derecho en Valencia y la termina en Sevilla. En todos sus estudios tiene calificaciones brillantes.

Comenzó a ejercer de abogado en Huelva, donde mostró gran interés por la gente trabajadora del puerto y de las minas, defendiéndolos en sus problemas y ayudándoles incluso económicamente.

Sacerdote de Cristo

Sintiendo la llamada al sacerdocio, abandona su profesión, y se prepara para recibir la ordenación sacerdotal en Sevilla el 20 de mayo de 1864. Su ministerio sacerdotal lo inicia en Cádiz y en Sanlúcar de Barrameda. Conociendo el Cardenal Lastra los valores del joven sacerdote, lo nombra párroco de la iglesia sevillana de San Lorenzo. Dedica largo tiempo al confesonario y a la tarea de dirección espiritual de las almas: se puede decir que media Sevilla acude al confesonario de don Marcelo, donde se hace patente su sabiduría espiritual en la dirección de almas. Su labor al frente de aquella parroquia sevillana se extendió a la fundación de un centro obrero, varias escuelas católicas y un asilo para niñas huérfanas. Además introdujo la práctica de los Ejercicios Espirituales de San Ignacio para señoras.

Obispo y Fundador

Nombrado Obispo auxiliar de Sevilla elige para su escudo episcopal el lema: Omnia possum in eo -todo lo puedo en él, que indica su profunda humildad, se sabe débil, pero toda su fuerza la obtiene del Sagrado Corazón de Jesús que coloca en el centro de su escudo.

Más tarde fue nombrado Obispo de Coria. Acepta el nuevo cargo con generosidad y se entrega de lleno a su labor pastoral en nuestra querida diócesis. Visitó la comarca de las Hurdes, totalmente abandonada, donde vivían 7.000 personas enteramente faltas de todo, sin luz, sin agua, sin médicos, sin escuelas, sin carreteras y en plena epidemia de cólera. El Beato Spínola acudió al remedio de estos males ofreciendo incluso el palacio episcopal para albergar enfermos. Convencido de la importancia de la cultura en la transformación de la sociedad funda, en la ciudad de Coria, la Congregación de Esclavas del Divino Corazón, para la educación de la juventud.

El 16 de septiembre de 1886 fue promovido a la diócesis de Málaga donde permaneció durante diez años.

Arzobispo de Sevilla y cardenal de la Santa Iglesia

En febrero de 1896 abandona Málaga para ir de arzobispo a Sevilla, donde fue recibido con entusiasmo, pero pasada la primera efervescencia aparecen los primeros disgustos. Este Obispo tan menudo y frágil de cuerpo tiene el temple del acero y una rectitud que no se aviene con irregularidades que existían en la diócesis… Al poco tiempo sufrió calumnias e injurias, la persecución de los buenos. Es admirable como el Beato Spínola soportó aquella persecución de los buenos, que él llamaba nuestros amigos, aunque sintió profundo disgusto y desencanto de la gente.

El Beato Marcelo Spínola cuidó delicadamente de sus sacerdotes, de su vida espiritual y de su formación.

En 1905 Andalucía sufrió una durísima sequía. Los obreros del campo quedaron sin trabajo y sin pan, las autoridades no logran solucionar tanta hambre y desesperación. El arzobispo reúne a un grupo de personas y toma una decisión: Yo mismo iré a todas partes, pediré limosna de puerta en puerta. Buscaré real a real las pesetas para remediar el hambre y la desesperación. Y don Marcelo se hace arzobispo mendigo… por todas partes fue tendida la mano del arzobispo bajo el ardoroso sol de agosto y bajo las miradas de respeto y admiración de los sevillanos. Cuando el rey le felicita él responde: No he hecho otra cosa que cumplir con mi deber de obispo.

Mes y medio antes de morir, el Papa san Pío X lo nombra cardenal. Posiblemente el arzobispo mendigo no llegó a vestir la púrpura cardenalicia: él tenía otra, tejida de sufrimientos, de cruces y de amor, y con ella vestido llegó, el 19 de enero de 1906, a presencia del Padre eterno.

Yo os animo, a que en este tiempo en el que nos preparamos para celebrar y dar gracias por el XXV aniversario de su beatificación, os acerquéis a su figura de Pastor bueno, santo y docto, trabajador y de profunda vida interior, alegre y mortificado, que aprendamos, vosotros y yo, a vivir con ilusión siempre nueva nuestro ministerio sacerdotal.

Que vivamos piadosamente el Triduo sacro, para estar cada vez más profundamente unidos al misterio de Cristo, muerto y resucitado, muy unidos a la Santísima Virgen María.

Con estos sentimientos quiero acercarme a cada sacerdote y desearos una santa Pascua, también para vuestras comunidades y familias.

Os bendice vuestro Obispo

Francisco Cerro Chaves

Cáceres 20 de abril de 2011.

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