14 octubre 2025
Belén Jiménez: «La misión cambia a uno mismo»

Belén Jiménez pertenece a la Obra Misionera Ekumene y estuvo en la República Democrática del Congo entre 1986 y 1992, y regresó junto a su esposo Philippe, ingeniero belga, de 1994 a 1997, para continuar colaborando en proyectos de desarrollo. Actualmente residen en Cáceres y mantienen un fuerte vínculo con la misión, habiendo regresado en diversas ocasiones con sus hijos —2015, 2023 y de octubre a diciembre de 2024— para apoyar el colegio Nyumba Yetu de Lubumbashi.
“Pertenecemos a la Obra Misionera Ekumene y estamos agradecidos a la delegación de misiones de la diócesis que nos permite aportar nuestro granito de arena. Somos testigos de lo que hace el Domund en otros países”, explica Belén. “La labor de evangelizar se une a la promoción educativa: gracias a los donativos, los misioneros pueden construir colegios, pagar a catequistas, ofrecer formación en valores, religión y atención sanitaria.
He visto cómo pequeños gestos de solidaridad, incluso de niños, pueden marcar la diferencia: “He visto niños de cinco años renunciar a un helado para ayudar a otros; es un gesto que enseña compasión y solidaridad. Somos unos privilegiados aquí y los padres tienen un papel fundamental al inculcar en sus hijos que todo lo que recibimos en la vida es un regalo, y que debemos compartirlo con quienes lo necesitan”.
Belén recuerda que su paso por África cambió su visión del mundo: “Cuando llegué pensaba que iba a hacer algo por las misiones, pero pronto comprendí que quien cambia es uno mismo. Comienzas a ser más tolerante, a considerar al otro, y a ver cómo los gestos de ayuda devuelven dignidad a las personas. Las vocaciones nativas surgen de este testimonio de vida”.
Su trabajo diario abarcó desde la formación de mujeres en talleres de corte y confección, clases de religión, pastoral juvenil y retiros espirituales, hasta actividades de concienciación cívica a través de la Comisión Justicia y Paz durante el proceso de democratización del Congo. “Siempre comenzábamos con oración, y se sentía la presencia de Dios animándonos a trabajar. La verdadera misión no es solo construir o enseñar, sino acompañar a las personas para que reconozcan su dignidad, su valor como hijos de Dios y participen activamente en la transformación de su comunidad”, concluye Belén.
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