Bodas de oro y jubilación de D. Maximino Pérez Alvarado

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Organizado por un grupo de personas de esta localidad, el día 15 de agosto tuvieron lugar las Bodas de Oro Sacerdotales y Jubilación del párroco de la misma, Maximino Pérez Alvarado, al cumplirse sus 50 años al servicio de los feligreses.

A las 12,30 horas y en la Iglesia de Santa María la Mayor de la Asunción -La Catedralina en la que el Sr. Pérez ejerce su ministerio y abarrotada de público, se celebró una misa solemne cantada por el grupo parroquial, sorprendiendo a los asistentes las notas musicales de trompeta interpretadas en el acto de la comunión por el brocense, afincado en Vitoria, Pedro Bejarano.

Terminada la misa, tuvo lugar en el complejo «La Fábrica» una comida-homenaje, a la que asistió casi un centenar de personas, que disfrutaron de unos platos exquisitos, en una convivencia amistosa, plagada de diversa conversación.

A los postres, intervinieron varias personas para reconocer al homenajeado su labor pastoral durante sus 17 años al servicio de la feligresía brócense.

En primer lugar lo hizo Joaquín García, que destacó el afecto que deja en sus parroquianos y feligreses. Un sacerdote que, a lo largo de su quehacer en diferentes destinos eclesiásticos, ha vivido con devoción y entrega su Ministerio. Le dio ánimos para seguir adelante en su nueva etapa de vida que va a iniciar, y en el silencio de su marcha, como él llegó a Brozas, no le da una despedida, ni un adiós, sino un recuerdo entrañable y un hasta siempre.

A continuación, ángel Muñoz comenzó diciéndole a D. Maximino que su profesión de sacerdote y la suya de maestro tienen bastantes cosas en común. Aquélla esparce la semilla de la fe y la religión a sus feligreses. Esta otra, la semilla de la formación y la cultura a sus alumnos. Le expresó la enhorabuena por haber elegido esa profesión tan bonita y le dio las gracias por hacer el milagro de la consagración todos los días, por bautizar a hijos y nietos, por hacer felices a los niños el día de su primera comunión, por ser testigo en el sacramento del matrimonio, por enterrar a nuestros muertos y, sobre todo, gracias por dedicar 50 años de vida sembrando la semilla de la fe, la esperanza y el amor.

El cronista oficial de la Villa, Francisco Rivero, fue muy parco en sus palabras, se limitó a elogiar al homenajeado por su labor pastoral desarrollada durante su estancia en esta población, diciéndole que aquí quedan a su servicio a muchos amigos y feligreses que conoció y que hoy le acompañan en este homenaje.

Por último, Mauricio Salgado, después de felicitar en nombre de todos al sacerdote, manifestó que estos días en los que Ayuntamiento y asociaciones van cogidas de la mano, echa de menos que nuestros representantes políticos locales, no estén presentes en este acto, siendo la Iglesia la institución más importante del pueblo y deseó luego al Sr. Pérez una jubilación muy feliz.

Concluidas estas intervenciones, que fueron acogidas con muchos aplausos por los asistentes al acto, cerró el mismo el homenajeado que, emocionadamente, dio las gracias a todos los presentes por su asistencia, pidió disculpas por aquellos posibles fallos o errores que hubiera podido tener durante su largo ministerio en esta población, los cuales en ningún momento hayan sido producidos por voluntad, sino obligados por las circunstancias y dijo que su único deseo desde que llegó aquí era servir a todos por igual y estar al servicio de sus feligreses para cuanto precisaren, quedando ahora igualmente a disposición de cualquiera que necesitara de algo en su nueva residencia. Fue muy aplaudido.

Y como recuerdo de este acto, regaló a cada uno de los asistentes un ejemplar del libro Iglesia parroquial de brozas – «La Catedralina» de Santa María de la Asunción, cuyo autor es D. Gregorio Carrasco Montero, párroco que fue de la, así como un pequeño crucifijo-llavero.

Por parte de los organizadores se le hizo entrega de una placa como recuerdo de su jubilación, que recibió muy emocionado, prolongándose luego el acto de despedida por los asistentes que le solicitaban una dedicatoria en el libro de «La Catedralina», como así lo hiciera.

Alejandro Borrega Borreguero

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