Cañaveral derrocha generosidad y alegría para acoger el Encuentro Diocesano de Catequistas

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Aunque las previsiones meteorológicas anunciaban agua, el sol lució resplandeciente en la mañana del día 9 de abril, preludio de que el Espíritu Santo se iba a derramar, como brisa fresca y suave, sobre los catequistas de la Diócesis que se dieron cita en el pueblo de Cañaveral para vivir un Encuentro en clave sinodal, donde «nuestro buscar, renovar y fortalecer» estuvieron muy presentes.

Desde las nueve de la mañana, y de forma generosa, fueron acercándose a la plaza numerosas personas de Cañaveral, unidas por la ilusión de ofrecer sus dulces típicos y sus termos de café para acoger en su pueblo a todos los catequistas que dijeron sí a la invitación. Una plaza cortada al tráfico, gracias a la colaboración del Ayuntamiento, y todo organizado desde protección civil y con el generoso ofrecimiento de Cruz Roja. Ya el ambiente era de gran gozo, como si lo vivido en la Vigilia Pascual retomase vida, desde el dar alegría y esperanza. Los primeros en llegar fueron el grupo Brotes de Olivo, que desayunaron con nosotros y, rápidamente, se fueron a recorrer los lugares de los talleres y a visualizar los micrófonos y lugares desde donde harían que su voz resonase en los corazones.

Poco a poco, dieron las diez de la mañana, y ya nuestra plaza estaba repleta de ganas, de energía positiva, de dinamismo misionero, porque los catequistas estaban desayunando acompañados de todos los cañaveraliegos. Muchas personas de Cañaveral fueron abriendo sus casas para ofrecer aseos, agua fresca, etc, a quien lo necesitase; gesto que muchos de los presentes siempre recordarán con cariño. La unidad y la fraternidad que en aquella plaza reinaba, era clave explícita de lo que se iba a vivir durante toda la jornada. Desde la plaza, nos dirigimos al teatro donde se dio inicio al Encuentro, con la acogida de Doña Ana -alcaldesa de Cañaveral y Don Roberto -delegado de catequesis. Desde ese momento, unido a los humano, comenzó lo divino, con una oración donde la centralidad de Cristo y la Palabra cobraron protagonismo especial. Posteriormente, cada catequista recibió su barquito de papel con una frase evangélica que nos seguía guiando en la oración, unidos al canto de Brotes «Todos vamos en el mismo barco». La letra y la coreografía del «Resistiré» ya habían hecho mella en la mente y los corazones de los que allí estaban. Terminamos con la oración de nuestro XIV Sínodo Diocesano, que nos recordaba que todos vamos en ese mismo barco.

Nadie quería moverse de aquellas butacas del teatro de Cañaveral por la intimidad y el olor a Dios que allí se estaban viviendo. Pero llegaba el momento de vivir la otra gran columna de nuestro Encuentro: la formación. Divididos en dos grandes grupos, nos dispusimos a participar en la «Ginkana formativa«: los barcos naranjas se fueron a la Casa de Cultura con Brotes; los blancos se quedaron en el teatro con el Equipo de la Delegación. Ambos talleres nos hicieron profundizar en las seis tareas de la catequesis, que todo catequista debe conocer; y en la riqueza de utilizar la música en la catequesis. Todo ello con ejemplos prácticos donde cada catequista podía sentirse identificado y acompañado.

Llegaron las dos de la tarde, y juntos nos pusimos en camino para dirigirnos al «Cardal«, un parque precioso de Cañaveral donde tuvimos la comida y la posibilidad de compartir, de dialogar y de seguir saboreando el sentirnos hermanos.

Después de la comida, nos esperaba un postre muy especial con la música de Brotes de Olivo: nos dirigimos todos a la Iglesia para vivir el Concierto. Un Concierto que en los labios de Brotes siempre se transforma en oración y vida. Desde su música y su experiencia nos permitieron hacer un camino donde la libertad, la entrega, el compromiso, la docilidad al Espíritu y el amor se convirtieron en palabras imprescindibles para componer un lema lleno de vitalidad y de esencia.

El Señor Resucitado quería seguir manifestándose con intensidad, y tras el concierto, nuestro Obispo con los sacerdotes, diáconos permanentes, seminaristas, monaguillos y con todos los catequistas y las personas de Cañaveral que se quisieron unir a nosotros, vivimos la Eucaristía desde la acción de gracias por lo vivencial del Encuentro y por las intenciones particulares.

Todo terminó con la entrega a cada catequista de nuestro marca página especial «para mantenerte en forma«, donde se daban unas pautas a las que cada catequista podía acudir cuando necesitase reponer fuerzas.

Como el Espíritu Santo seguía soplando, de nuevo el pueblo de Cañaveral nos estaba esperando en la plaza para ofrecernos otro café de despedida y decirnos «hasta siempre» con el canto «Adiós con el corazón«.

Desde este rincón de nuestra Hoja Diocesana, quiero dar las gracias a cada persona que puso su granito de arena y lo mejor de sí mismo para que el Encuentro fuese posible. A todos los que han colaborado en la organización, al Equipo de la Delegación, a todo el pueblo de Cañaveral por su generosidad y, por supuesto, a Brotes de Olivo por seguir compartiendo lo que le fue regalado por el Señor. Un «gracias» muy especial para cada catequista que en sus comunidades respectivas entrega su vida cada día al servicio del Reino. Ese gracias hoy sabe a más ilusión, más esperanza y más fraternidad. ¡Adelante, siempre adelante!.

Roberto Rubio Domínguez. Delegado Diocesano de Catequesis

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