Carta del obispo Francisco Cerro Chaves a José Antonio Fuentes Caballero

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Querido José Antonio:

Tu carta de presentación era tu bondad, tu mirar a los ojos, tu saber escuchar hasta el final. El amplio currículo que poseías nos habla, muy a las claras, de tu talla de hombre de hombre de bien, de persona docta. Dios te dotó de una extraordinaria inteligencia que siempre pusiste al servicio de los distintos puestos que ocupaste a lo largo de su vida y de manera muy especial en esta Diócesis de Coria-Cáceres por la que entregaste tu vida, hasta el último momento. Tuviste un alto concepto del deber lo que te llevó a servir a esta Diócesis y a sus diocesanos con una entrega y generosidad total. Tu carácter castellano, no en vano naciste en la provincia de Palencia -Castromocho de Campos, era más de escuchar que de hablar y cuando hablabas tus palabras eran las justas y las necesarias. Cautivaba tu amplio conocimiento de las materias y la forma de exponerlas con un verbo fácil, fluido e inteligible para todo el mundo. Eras persona que, una vez que se hablaba contigo no dejabas indiferente a nadie porque el extraordinario sentido de la acogida que tenías se traducía en volcarte con quien te necesitaba. Tus amplios conocimientos sobre el patrimonio histórico-artístico te granjeó la confianza y la amistad de catedráticos, profesores e incluso de los políticos, no importando el partido al que pertenecieran porque supiste mantener una muy buena relación con todos ellos y conseguir que se apoyaran los proyectos de conservación del patrimonio histórico-artístico de esta Diócesis, con el consabido beneficio para toda la ciudadanía y para todos el pueblo de Dios que siempre te vio preocupado por su Catedral, Concatedral, iglesias, templos, casas rectorales y edificios.

En Tu etapa como profesor de distintos centros educacionales supiste granjearte la confianza y la amistad de generaciones y generaciones de jóvenes a los que supiste llegar, no solo desde tu docta preparación en las distintas materias que te tocó impartir y desde tu mente clara, sino desde tu vertiente como auténtico hombre de Dios que fuiste capaz de inculcar al alumnado que tuvo en tus clases, una formación que se fundamentaba en la educación integral de la persona en la que, aparte de las enseñanzas propias de cada materia, educabas en valores morales -amor al prójimo, honestidad, respeto a los demás, etc. En esta etapa tuya, organizaste, durante varios años, viajes culturales por distintos países con un numeroso grupo de alumnas y alumnos que hoy recuerdan con verdadero cariño y afecto aquellos años en los que les proporcionaste la posibilidad de conocer otras culturas. Con el tiempo, algunas y algunos de tus alumnos llegaron a ocupar puestos de relevancia en las distintas administraciones lo que motivó que tuvieras las puertas abiertas para gestionar la colaboración de las distintas administraciones con la Iglesia Diocesana. En determinada ocasión confesaste que habías seguido manteniendo relación con tu alumnado y que muchos de ellos te habían solicitado que fueras el sacerdote que los casara, lo que se tradujo en la celebración de un gran número de bodas. Esto, te llenaba de una profunda alegría y satisfacción, al comprobar que, a pesar del transcurso de los años, todavía se acordaban de ti. Siempre te recordaré en las clases de Teología Moral del Seminario. Hace unos días, mi hermana Toñi que siempre te ha profesado un profundo afecto, me recordaba nuestros encuentros contigo en la calle Pintores cuando yo estudiaba en el Seminario de Cáceres.

Has sido, José Antonio, un sacerdote ejemplar, de conversación amena y docta, de innegable altura espiritual. Tus homilías pronunciadas con un agradable timbre de voz que Dios te concedió, eran recibidas con agrado por todos los fieles que tuvieron la dicha de estar en tus celebraciones eucarísticas y a los que sirvieron de alimento del alma. En los distintos cargos que has desempeñado en la Diócesis de Coria-Cáceres se ha destacado tu buen hacer y tu entrega total al servicio de los demás. En dos ocasiones y antes de caer postrado gravemente como consecuencia de tu falta salud, me presentaste la renuncia a tu cargo de Vicario General de la Diócesis, hace ya bastante tiempo. Incluso, hace unos meses, me volviste a solicitar, de forma verbal, tal renuncia y ya me pediste que la aceptase y, tengo que decirte, que la acepté con dolor. Fuiste consciente de tu enfermedad que maltrató tu cuerpo en los últimos tres meses y abrazaste la cruz hasta el final con cristiana aceptación. Habida cuenta de la riqueza espiritual que albergaba tu corazón y de tu sufrimiento en la última etapa de tu vida, así como de la ingente labor que has desarrollado en la que ha imperado el servicio a los demás, pienso, José Antonio, que estás ya con El que tanto quisiste y te quiso de verdad. Por ello, querido José Antonio, hoy te encomendamos nuestras preocupaciones, nuestros problemas, nuestras inquietudes.

Caminante no hay camino..,se hace camino al andar, escribió el poeta. José Antonio, en tu caminar por esta vida has dejado huella profunda por los lugares en los que has pasado, por tu saber hacer, por tu saber escuchar, por tu saber estar, por tu servicio a los demás, por tu hombría de bien y por tu sacerdocio virtuoso. ¿Cómo vamos a vivir ahora la Navidad, la Semana Santa o la Bajada de la Virgen de la Montaña o de la Virgen de Argeme, si tu no estás?

Con estas líneas quiero mostrar, de verdad, mi agradecimiento, admiración y afecto, hacia ti y hacia tantos sacerdotes que entregaron su vida por esta Diócesis de Coria-Cáceres.

En estos meses largos en los que has estado ingresado en la UCI del Hospital San Pedro de Alcántara, todo el verano, desde el 26 de Junio 2016, festividad de Sanjosemaría Escrivá, me emocionaste, uno de los días, al decirme lo que nos querías a mí y a todos tus amigos y colaboradores, a toda la Diócesis. En estos días de hospital se han desvivido por ti, día y noche, tu hermano Manolo y tu cuñada; Isaac Macarro desde la Casa Sacerdotal con las Consagradas de COR IESU, Florentino Muñoz y todo el Cabildo y el resto de sacerdotes, religiosos y religiosas, laicos y las Hermandades y Cofradías, aunque era poco el tiempo que podíamos acompañarte por el lugar en el que te encontrabas. No puedo olvidar a los Capellanes del Hospital -Francisco Neila, Javier Romero y José María Sánchez. Y, como no, a todo el personal médico y sanitario que hicieron todo lo que pudieron. A todos ellos, en tu nombre José Antonio, mi más sincera gratitud. Sé que tú lo habrías porque como buen palentino eras de «buena pasta» como decía Santa Teresa. Gracias, José Antonio, por ser tan extremeño de corazón, por tu lealtad y por haber podido trabajar a tu lado.

Descansa en paz. Como cristianos sabemos que la muerte no es hasta nunca, sino hasta pronto, hasta luego, hasta siempre.

Francisco Cerro Chaves. Obispo de Coria-Cáceres

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