Catequistas gracias gracias por un Encuentro inolvidable grabado a fuego en nuestros corazones

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«El Señor ha estado grande con nosotros y estamos alegres«. El día 22 de abril, Moraleja brilló de un modo especial para acoger con ilusión y con un olor especial a la «flor de la jara», nuestro Encuentro Diocesano de Catequistas.

Desde primeras horas de la mañana, los coches de nuestras parroquias, unidos al autobús que llegaba desde Cáceres, se dieron cita en la Plaza de la Encomienda de Moraleja. La sonrisa y la acogida de los catequistas de Moraleja, La Moheda y Vegaviana, junto al Equipo de la Delegación, anunciaban ya el derroche de gracia que el Señor iba a derramar aquella mañana.

Desde las nueve de la mañana, todo estaba preparado. Los catequistas de Moraleja, junto a la Religiosas y a su párroco, nos recibían con un desayuno calentito y con dulces típicos.

Una plaza cortada al tráfico, gracias a la colaboración del Ayuntamiento, y todo organizado desde la policía local y con el generoso ofrecimiento de Cruz Roja, hicieron posible que el «photocall» que habíamos preparado desde los símbolos de nuestro XIV Sínodo Diocesano brillasen de manera especial. Y que todos los grupos pudiesen pasar a hacerse su foto después del rico desayuno.

Todo el recorrido hasta llegar a dicha plaza, lo hicieron los catequistas a pie, para ir disfrutando de las enormes flores de jara que había en los balcones con el nombre de sus pueblos respectivos.

La unidad y la fraternidad que en aquella plaza reinaba, era clave explícita de lo que se iba a vivir durante toda la jornada. Dieron las diez y media de la mañana, y todos pasamos a la Casa de Cultura para escuchar las primeras palabras de bienvenida de D. Julio César -alcalde de Moraleja, nuestro Obispo D. Francisco, el párroco de Moraleja D. Celso, y D. Roberto nuestro Delegado Diocesano.

Desde ese momento, unido a lo humano, comenzó lo divino, con una oración donde la centralidad de Cristo y la Palabra cobraron protagonismo especial. Apoyados en la canción «Gloria a ti» de Rosario Flores, pudimos centrarnos todos en el silencio y la contemplación del Señor, que nos hizo saborear un momento de oración profunda junto a él.

Enseguida se iluminó la gran pancarta con el lema que allí nos reunía: «En búsqueda desde nuestro XIV Sínodo Diocesano«. Y entonces comenzó una reflexión sobre los verbos de nuestro Sínodo: buscar, renovar y fortalecer la Fe. Terminamos rezando juntos la oración del Sínodo, que nos recordaba que todos vamos en el mismo barco.

Posteriormente, nos situamos en las tres grandes experiencias que iban a marcar el Encuentro:

– El despertar religioso en los niños, desde la catequesis del Buen Pastor.

– La catequesis intergeneracional, con el testimonio de tres madres que están viviendo este proceso.

– El Concierto-Testimonio del Grupo Alborada.

La primera experiencia fue comunicada por un grupo de Albacete -cuatro adultos y tres niños, de la Parroquia de la Angustias. Ellos con un lenguaje muy sencillo, y a través de los niños, nos comunicaron cómo viven este proceso en su Parroquia, y cómo los niños se convierten en protagonistas del mismo. Nos contaron los frutos que está dando en su parroquia y nos animaron a llevarlo a cabo.

La segunda experiencia fue sobre la catequesis intergeneracional. Un proceso de catequesis muy atractivo porque engloba en un mismo encuentro a personas de distintas edades: niños, padres y madres, abuelos. Contaron su testimonio de vida tres madres que viven este proceso, transmitiendo cómo todo ello les ha llevado a volver a la Iglesia, a descubrir a Dios, a tenerlo presente en sus vidas, a comprometerse en su parroquia y a intentar dar testimonio de lo que creen.

Llegaron las dos de la tarde, y juntos nos pusimos en camino para dirigirnos al «Parque fluvial», un parque precioso de Moraleja donde tuvimos la comida y la posibilidad de compartir, de dialogar y de seguir saboreando el sentirnos hermanos.

Después de la comida, nos esperaba un postre muy especial con la música del Grupo Alborada: nos dirigimos todos a la Iglesia para vivir el Concierto. Un Concierto-Testimonio, donde las primeras notas del acordeón del Padre Yanni, ya anunciaban verdad y cercanía.

Desde su música y su compromiso de vida, cada miembro del Grupo nos fue adentrando en lo que significa Alborada y lo que viven cada día junto a los más débiles y desfavorecidos. Junto a ellos, nos permitieron hacer un camino donde la dignidad de cada persona, la entrega, la docilidad al Espíritu y el amor se convirtieron en palabras imprescindibles para componer un canto al Dios de la vida y de la fraternidad.

El Señor Resucitado quería seguir manifestándose con intensidad, y tras el concierto, nuestro Obispo con los sacerdotes asistentes, con el diácono permanente, y con todos los catequistas y las personas de Moraleja que se quisieron unir a nosotros, vivimos la Eucaristía desde la acción de gracias por lo vivencial del Encuentro y por las intenciones particulares. Tuvimos una oración y recuerdo especial por los catequistas que ya han pasado a los brazos del Padre, y que desde el cielo nos siguen acompañando.

Todo terminó con la entrega de un pequeño detalle para las personas que nos ofrecieron sus experiencias desde el despertar religioso, la catequesis intergeneracional, el Grupo Alborada, la parroquia de Moraleja, el ayuntamiento. Finalmente, la parroquia de Moraleja junto a la Delegación de Catequesis, regalaron a cada catequista una oración preciosa del Encuentro para que sirva cada día de compromiso y de recuerdo.

Como el Espíritu Santo seguía soplando, de nuevo las catequistas de Moraleja nos estaban esperando en la plaza para ofrecernos otro café de despedida y decirnos «hasta siempre«.

Desde este rincón de nuestra Hoja Diocesana, quiero dar las gracias a cada persona que puso su granito de arena y lo mejor de sí mismo para que el Encuentro fuese posible. A todos los que han colaborado en la organización, al Equipo de la Delegación, a todo el pueblo de Moraleja por su generosidad, y especialmente, a los catequistas de Moraleja, La Moheda y Vegaviana.

Un «gracias» muy especial a cada catequista que diariamente entrega un poco de su vida al servicio de la transmisión de la Fe, en sus parroquias y comunidades. Ese gracias hoy sabe a más ilusión, más esperanza y más fraternidad. ¡Adelante, siempre adelante!.

Roberto Rubio Domínguez. Delegado Diocesano de Catequesis

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