Clausurado el Centenario del Nacimiento del Padre Leocadio

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¡NO TEMAS!, ¡ALEGRATE!, ¡EL SEñOR ESTá CONTIGO!

A veces la palabra GRACIAS, no resume todo el sentir de una experiencia, porque parece referirse a lago puntual que ya pasó, y que aunque ha marcado la vida del que la expresa, no deja de pertenecer a su pasado. No es el caso de esta experiencia del Centenario del Nacimiento del Padre Leocadio. Con una Eucaristía de acción de gracias a Dios celebrada en nuestra Casa Madre de Alcuéscar, y presidida por el Obispo de Coria Cáceres, D. Francisco Cerro Chaves, clausurábamos este centenario del nacimiento del Padre Leocadio el pasado día veintitrés de febrero. No es una experiencia que pertenece al pasado, es una experiencia que ha dejado una marca profunda, porque ha permitido a muchas personas conocer más de cerca la vida y la Obra del Siervo de Dios, ha estrechado los lazos de unidad en nuestra Obra, ha abierto a la Iglesia el carisma de la Formación Cristiana. Y nos ha mostrado que la santidad es posible cuando se confía plenamente en Dios y se sirve desde él a los hermanos. Por todas estas cosas, nuestra gratitud a Dios por este Centenario del Nacimiento del Padre Leocadio no sólo es la expresión que muestra el sentimiento por la experiencia vivida sino que expresa el comienzo de una vivencia gratificante para nuestra Obra y para toda la Iglesia.

El día de la clausura, nos reuníamos en Alcuéscar, los hermanos Esclavos de María y de los Pobres, sacerdotes de las tres diócesis extremeñas, trabajadores de nuestras casas, nuestros acogidos, Esclavos Seglares, miembros de las distintas asociaciones de nuestra Obra, amigos, en definitiva un gran número de personas que atraídas por la vida del Padre Leocadio están unidas a este carisma que el fundara en el año mil novecientos treinta y nueve. Entre los con-celebrantes destacaba la presencia del D. Amadeo Rodríguez Magro, Obispo de Plasencia, que en su alocución dijo haber venido para acompañar a los Esclavos de María y de los Pobres en este acontecimiento, para dar gracias a Dios por lo que ha supuesto para la Iglesia el Padre Leocadio, que con su entrega ha marcado un camino de futuro que Dios, sin duda, bendecirá.

La homilía de D. Francisco Cerro estuvo centrada en un paralelismo entre la vida de la Madre Teresa de Calcuta y el Padre Leocadio, basado en las tres expresiones que el arcángel pronuncia en el Evangelio de la anunciación: ¡Alégrate!, ¡no temas!, ¡El Señor está contigo!.

La alegría que debemos sentir por este don recibido que es el Padre Leocadio no es por algo pasajero, sino que emana, de la presencia de que Dios se ha fijado en cada uno de nosotros como lo hizo en María, y nos ha elegido para colaborar con nuestra obra en su gran Obra de salvación para todos. Con su entrega, el Padre Leocadio colaboró en esa Obra de anuncio del Evangelio a los más pobres, a los predilectos de Dios.

En este empeño de entrega a Dios nos da seguridad, no nuestras fuerzas, ni nuestra cualidades, ni tan siquiera nuestra respuesta a la llamada de Dios, lo que nos da fuerzas y nos hace caminar con seguridad es la certeza de que Dios lo quiere, de que es Dios el que nos ha llamado como llamó a la Virgen para colaborar con él, por lo tanto no albergamos el temor sino la gratitud de habernos llamado y la seguridad de que no nos abandonará.

El gran arma de nuestra vida ha de ser la oración, dijo D. Francisco, sin la oración nuestra vida espiritual languidece y lo que es peor no deja paso a la acción de Dios. En el ámbito de una vida de oración como fue la de Nuestra Madre Santísima, se da el anuncio de la Concepción del Hijo de Dios, de la presencia de Dios en medio de nosotros. A mí me gustaría añadir algo muy importante creo yo, en relación al Padre Leocadio y a la Obra por él fundada. En ámbito de la oración se da el nacimiento de la Santa Esclavitud de María y de los Pobres, la oración hace descubrir al Padre Leocadio, en aquella calurosa noche del uno de agosto, que Dios lo llama a una entrega carismática. La oración nos hace sentir la alegría de que Dios cuenta con nosotros, nos priva del temor de nuestras miserias y nos muestra que la fuerza de Dios se manifiesta en nuestra debilidad arrancando nuestros miedos y nos hace caminar en la presencia de Dios porque sabemos que él está con nosotros.

GRACIAS, por este Centenario que hemos vivido, y por el eco que se prolonga en una vivencia que no es pasado sino que ha servido para vivir sin miedo el presente, mirando con alegría hacia el futuro.

P. Francisco Fernández Román. edmp

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