Cómo llegar al cielo

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En la búsqueda de la trascendencia y el significado último de nuestra existencia, a menudo la pregunta de hacia dónde vamos, qué sentido tiene nuestra vida o, más concretamente, cómo llegar al cielo prometido… resuena con una fuerza particular en el corazón de los creyentes católicos.

En la Europa Occidental contemporánea, marcada por el secularismo y la diversidad de creencias, esta cuestión adquiere nuevos matices y desafíos.

Desde la perspectiva católica, la respuesta tradicionalmente ha sido clara: el camino al cielo es a través de Jesucristo, quien dijo: “Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie viene al Padre sino por mí” (Juan 14:6). 

Esta afirmación sigue siendo el núcleo de la fe católica en el siglo XXI.

La globalización, el avance tecnológico y los cambios socioculturales han transformado el paisaje en el que se vive el cristianismo a diario. En este contexto, llegar al cielo no es solo una cuestión de seguir una serie de rituales y normas, sino de cultivar una relación viva y personal con Jesús, imitando su amor y siguiendo sus pasos en el día a día.

 

El Papa Francisco ha enfatizado la importancia de la misericordia, la compasión y el servicio a los demás como elementos esenciales en el camino hacia la salvación. Antes del rezo del Regina Coeli del domingo 10 de mayo de 2020 el Santo Padre indicaba que, para subir al cielo, «es tener una relación viva con Él, imitarlo en el amor y seguir sus pasos». Esto implica un compromiso activo con los valores del Evangelio, que se manifiesta en acciones concretas de solidaridad y justicia social.

 

En la era de la posverdad y la información instantánea, el testimonio cristiano se enfrenta al desafío de ser auténtico y relevante. La fe debe ser vivida no solo en la esfera privada, sino también en el ámbito público, dando ejemplo de coherencia y esperanza. Así, los seglares tenemos una responsabilidad añadida. Hay líderes políticos que profesan abiertamente su fe católica, obras de arte, literatura y cine que, sin pretender expresamente un mensaje religioso, presentan modelos para los creyentes.

Vivirlo con autenticidad en un mundo en constante cambio requiere un verdadero desafío. Pero es un camino que se recorre con la mirada puesta en Jesús, abrazando la diversidad y la complejidad de la vida moderna, y testimoniando el amor y la esperanza.

 

Editorial 9 junio 2024

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