¿Cómo transmitir la experiencia de Dios-Padre a los niños con diferentes tipologías de familia»

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Queremos compartir la experiencia que hemos vivido en el cursillo de catequesis que hemos tenido en Cáceres, entre las parroquias del Espíritu Santo, Guadalupe y la Sagrada Familia, como una de las muchas actividades que vamos realizando ya en la experiencia de pastoral conjunta, en estos últimos 5 años.

En la revisión del curso pasado, con motivo del año dedicado a la familia, vimos la urgencia de abordar en la catequesis algunas cuestiones que surgen de las múltiples tipologías de familia de donde provienen nuestros niños de hoy. ¿Qué idea tiene un niño cuando le hablamos de familia, hermano, padre, madre, hijo, hogar» ¿Nos pueden servir sus vivencias para acercarle a la experiencia de Dios como Padre, madre, familia cristiana, hijos de Dios» ¿Cómo puede repercutir en nuestros contenidos de la catequesis» ¿Cómo entenderá que somos hijos de un mismo padre y que formamos una misma familia, si muchos de ellos provienen de tipologías de familias con padres, madres y hermanos de diferentes orígenes»

En este, ya tercer cursillo de catequistas de las tres parroquias, hemos trabajado durante tres días con una metodología activa, organizados en cuatro talleres: El taller del mercado de las familias; el taller de las familias en el país de las maravillas; el taller de la familia religiosa en peligro de extinción; el taller de ¿Dónde va Vicente» donde va la gente. Los curas nos orientaban el trabajo, pero entre todos hemos llegado a conclusiones operativas para aplicarlas a la catequesis.

Entre las conclusiones que os queremos comunicar, destacamos que no podemos estar añorando la familia religiosa del pasado. En otros tiempos, no muy lejanos, fue a su manera porque en aquel contexto social todo era de pensamiento único y los valores sociales y religiosos eran todo un mismo bloque. Ahora estamos en una sociedad plural, democrática, donde lo religioso tiene su sitio garantizado por las leyes, pero con otras connotaciones. Aquí es donde la familia cristiana tiene que encontrar su sitio peculiar. Todos tenemos acceso al culto, a ritos, a devociones, y manifestaciones religiosas como se hacía en otras épocas, pero si queremos avanzar y abrir caminos para que nuestros niños de hoy sean las familias cristianas del futuro, ya no es suficiente con mantener una religiosidad sociológica de tradiciones y usos culturales. A todos se nos exige mucho esfuerzo e imaginación para encontrar el sitio adecuado de la familia cristiana en la sociedad de hoy, pues ya no se es católico porque obligatoriamente se tenía que ser, sino porque cada uno lo elige y lo vive con responsabilidad y alegría.

En el cursillo de catequistas de estas tres parroquias, hemos destacado los elementos esenciales siguientes:

Formar a las familias en un sentido cristiano de la vida, donde Jesús, sea lo esencial de la fe.

-Crecer en opciones personalizadas, pues ya no se hereda automáticamente la fe.

-Pertenecer gozosa y activamente a una comunidad cristiana: parroquia, movimiento, grupo, etc., para desarrollar la fe junto a otras personas a las que quiero y me siento querido.

Celebrar los sacramentos como gestos vivos donde Jesús nos acompaña también en la vida actual.

Implicarse en la construcción del mundo como proyecto de Dios, al estilo de la vida de Jesús: teniendo armonía en el hogar, participando en asociaciones de defensa de la familia, promoviendo ayudas sociales, atención sanitaria, acceso a la vivienda, dignidad de contratos laborales, mejoras para la conciliación laboral de los padres en la atención a los hijos; asumiendo las responsabilidades educativas con la participación en las instituciones; promover la igualdad de oportunidades del varón y de la mujer…

Muchas de estas cosas nos pueden sonar a política y son objetivos de todo tipo de ciudadanos, creyentes o no. Tenemos que tomar conciencia de que la familia cristiana actual, no se puede librar de sus responsabilidades cívicas. Las cosas religiosas no pueden ir por un lado y la vida por otro. Nos urge dejar los lamentos y las añoranzas del pasado; con lo mejor del pasado y las posibilidades de hoy nos toca implicarnos seriamente en la apasionante aventura de aprender a ser familias cristianas que aportan a la sociedad su sentido de la vida en las realidades de hoy, donde no solo valen los resultados, sino también descubrir el misterio de Dios que se esconde detrás.

Viviendo así en familia, estamos seguros de que muchos niños y niñas, de cualquier tipología de familia, se alegrarán al hacer la experiencia de Dios como un ser lleno de afecto y de ternura. Sentirán la alegría de sentirse hermanos cuando se quieren y se ayudan sin mirar diferencias. Disfrutarán de pertenecer a la gran familia de los hijos de Dios, porque con sus familias han visto, oído y experimentado la implicación en hacer un mundo mejor. Y más aún: estarán capacitados para ser las nuevas familias cristianas que transmitan la fe a las generaciones futuras. En este nuevo curso, dedicado a la acción de los laicos, seguiremos profundizando en nuestras responsabilidades como cristianos en la sociedad de hoy, y cómo transmitirlas desde la catequesis.

Equipo coordinador del área de Catequesis de la pastoral conjunta del Espíritu Santo-Guadalupe-Sagrada Familia.

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