Con la subida de Argeme a su ermita la vida continúa

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Después de doce días en los que Ntra. Sra. de Argeme, ha permanecido en la Ciudad de Coria, en la Catedral, vuelve a su ermita, indicando así la normalidad de la vida, que tenemos las personas: es el volver a lo de siempre, el continuar aquellas cosas que teníamos un poco aparcadas y que necesitan que no las olvidemos y que las continuemos. La Virgen vuelve a su Casa para que nosotros, con el esfuerzo de trasladarnos a la ermita, sigamos visitándola y volvamos con fuerza y ánimo a la continuidad de nuestros trabajos, al ir y venir de cada día. Todo ello, ha sido como un paréntesis que ha servido para que todos nos acerquemos más a la Virgen Santísima y la reconozcamos más cercana a nosotros, pero la vida tiene que continuar.

¿Qué debemos continuar? Nuestras parroquias deben seguir en el empeño de catequizar a unos y a otros haciendo que la Palabra de Dios llegue a todos; los niños, habiendo recibido a Jesús por primera vez en estos días, han de seguir acercándose a recibirlo con más fuerza y más ánimo, siendo amigos y testigos de ese Jesús con el que se han comprometido; los jóvenes, que su presencia con lo religioso, no sea algo pasajero, sino que también intenten hacerlo normal dentro de sus vidas; el sacerdote debe intentar acercarse más Dios para que él lo pueda comunicar a los demás.

Algo que también debe empezar a caminar dentro de nuestra Diócesis y que el Sr. Obispo no ha dejado de pedirle a la Virgen Santísima, es por la eficacia del XIV Sínodo Diocesano y que todos tenemos que hacerlo como algo nuestro y cogerlo con interés para bien de todos. Es necesario que lo vayamos teniendo como lo normal de cada día y hagamos posible, con la gracia de Dios, la ayuda de la Santísima Virgen de Argeme, Patrona de la Diócesis y el esfuerzo de todos, que todos consigamos los fines del mismo.

Para la continuidad de la vida, podemos aplicar las palabras que el Sr. Obispo nos decía en la homilía en la fiesta de la Virgen de Argeme, once de Mayo y al día siguiente, en la romería: 1º Tenemos que tener al Señor como Pastor, con él podemos caminar y nada nos puede faltar; para que podamos animar y encauzar a otros, 2º hemos de ser pastores, preocupados de los demás, y para que no nos falten personas que nos ayuden a caminar, 3º hemos de pedir a Dios para que haya más pastores, más personas comprometidas. En nuestro devenir de cada día, hemos de encararlo: 1º Con alegría, enraizada en el amor de Dios: estamos alegres porque Dios nos ama; en nuestro caminar, 2º no tengamos miedo porque confiamos en el Señor, y esta alegría al caminar, 3º nos brota, porque creemos en Dios.

¡No perdamos el ánimo, hemos de seguir caminando!

Román Fernández Martín

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