Cuando la fraternidad rompe las fronteras

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Este lunes 13 de junio, día  de San Antonio de Padua, “el Santo de todos”, nos hemos reunido en la comunidad de las hermanas Esclavas del Divino corazón, las hermanas  Franciscanas Hijas de la Misericordia (Casas de Don Gómez y Hurdes) y  Julián Carlos Pérez, vicario de la zona norte, para celebrar la eucaristía. Un momento para unirnos a la iglesia universal, con el rezo de las vísperas y ofrecer la eucaristía en acción de gracias a Dios por el don de la vocación y llamarnos a ser testimonio del Amor de Dios que no mide fronteras, ni ve razas, sino que nos convoca a vivir la fraternidad con la certeza que es el mismo Dios que nos abraza en común – unión.

En la eucaristía compartimos la liturgia de la Palabra que nos invitaba a radicalizar el amor, buscar siempre hacer el bien, romper las cadenas del mal y “a quien te requiera para caminar una milla, acompáñalo dos”.

‘Cuánto nos falta acompañar’, nos decía Julián Carlos Pérez, es ahí donde nos jugamos la vida y hace falta caminar, acompañar a los otros, los que nos necesitan. “benditos los pies del mensajero que anuncia la paz”, cuántos pasos han dado vosotras por llevar el mensaje de Dios, cuánta vida entregada de cada una, así nos animaba…

También se compartía, haciendo referencia a la lectura del primer libro  Reyes, en la que se narra cómo Jezabel consigue que den muerte a Nabot para que el Rey Ajab se quedara con su viña; que es una realidad que seguimos viviendo, el abuso el poder, el deseo de poseer más, la ambición siguen dando muerte a tantos inocentes de nuestro mundo, así que terminábamos este compartir con las palabras del salmo 5: “Señor, escucha mis palabras, atiende a mis gemidos, haz caso a mis gritos de socorro Rey mío y Dios mío”.

Y de ese hermoso compartir de la palabra que nos enriquece espiritualmente y nos hace más hermanos, pasamos a una rica cena que nos fortalece el cuerpo y la alegría de poder celebrar juntos. Así, alrededor dela mesa del comedor compartimos nuestro día a día, la misión a la se nos ha llamado y lo más bonito, poder estar juntos diferentes culturas y nacionalidades por un único fin; Jesús y su evangelio. Estábamos España, Bolivia, Perú y Venezuela. Una gran riqueza.

Con el corazón alegre y agradecido dimos gracias a Dios y terminamos nuestra tertulia con la certeza de que el amor, la fraternidad y la acogida al otro nos permite ir rompiendo el mal, respondiendo con el bien.

Ledys Labrador. Esclava del Divino Corazón

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