Cuento de Navidad de Mons. Francisco Cerro: Contentos como unas castañuelas

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Llegaba cansado a Belén con mucha alegría porque me habían dicho que una estrella anunciaba el nacimiento de Dios. Por el camino veía a pastores que cantaban y bailaban contentos como unas castañuelas. Les pregunté a algunos que de dónde eran y me dijeron que venían de Extremadura, de Cáceres y Badajoz. Se les veía felices de verdad. Alguien me dijo: Hemos venido a pié porque todavía no llega el tren a Extremadura. Está claro que somos pobres de solemnidad.

Llegué a Belén al anochecer. Pregunté y pregunté si habían visto a María y a José. Son muy jóvenes. Ella está embarazada. He leído que la Biblia dice que será Belén de Judá donde nacerá el Mesías el Señor. Nadie sabía nada. Caían los primeros copos de nieve. Una oscuridad envolvía la patria del Rey David. Seguí buscando y buscando. Una mujer mayor me dijo que había visto pasar hacia los arrabales, hacia las periferias, hacia la intemperie, dos jóvenes con mucha humildad y que esperaba que pronto nacería.

Subí por una cuesta, me adentré hacia donde me indicaron y en unos viejos establos comían y pasaban la noche fría de invierno los animales, donde no era raro que las temperaturas bajaran a bajo cero.

Miré por una ventana vieja, una ventana con telarañas con olor a los animales que estaban allí. Me fijé en la escena y contemplando el pesebre de Belén y toda la escena me asombré de lo que contemplé desde aquella ventana.

¿Qué contemplé? Os lo cuento:

Un matrimonio joven, María y José y un Niño en brazos de su Madre, la Virgen María miraba al Niño y tenía la serenidad y la paz que da la interioridad. La belleza de esta mujer junto a José y abrazando a su Hijo. María ha sido la única mujer que ha llamado a Dios: «Hijo mío»

De pronto aparecieron en el cielo miles de ángeles que entonaban un cántico tan conocido y tan pegadizo que se me quedó grabado. «y en la tierra paz» pensé… que buena falta nos hace.

Después de haber contemplado la sencillez, la pobreza de la Sagrada Familia en Belén volví para mi tierra extremeña. Me inundaba una paz inmensa. Bajaba y cantaba por los caminos. Muchos como había hecho yo subían a Belén. Estaba contento como unas castañuelas.

Francisco Cerro Chaves

Obispo de Coria-Cáceres

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