Cuento de Navidad del obispo: Papá ven en tren

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A la estación de Belén no llegaba ni carretera, ni tampoco el tren, ni nada. Era pobre de solemnidad. Una tarde de invierno llegó a Belén un matrimonio joven. Ella estaba a punto de dar a luz. Venían de lejos. Caían los primeros copos de nieve y el frío era tan intenso que el corazón era lo único que les quedaba caliente para calentar al Niño que iba a nacer. El tren veloz nunca llega a las periferias, nunca llega a los que viven en la intemperie.

María y José miraron la aldea. Eran pocos los vecinos que vivían. Había sin embargo mucha gente esta vez porque quedaba cerca de Jerusalén e iban a censarse, pero a Belén no llegaba el tren y tuvieron que venir andando y a pie, como caminan siempre los más pobres. El camino es siempre largo y costoso cuando cuando no hay medios para llegar.

A José lo conocían porque tenía parientes, pero ya estaban todas las casas cogidas, así es que le dijeron que se fuesen a las afueras porque allí no había para ellos, ni para el Niño ningún lugar donde pernoctar. No llegar a tiempo les habría dificultado alojamiento yel cumplir con su misión.

Allí se encaminan a pie. A los arrabales, a lo más pobre del pueblo de Belén. José encendió un fuego grande y pensó porque no llega un tren rápido a este lugar para poder arreglarse tantos problemas y dificultades como tiene la vida de esta pobre gente de Belén. Son tan buenos y están tan necesitados de todo

En medio de la noche María se pone de parto. Llega el Salvador del mundo. Viene llorando y deseando ser abrazado por los brazos de una madre y de un padre que le acogen en su corazón. Es tan pequeñita, tan indefenso, tan nuestro y a la vez tan necesitado de ternura y de amor.

Es precioso. Tan hermoso, tan lleno de vida, tan pequeñín. La madre se lo come a besos. José hace todo lo que sabía para que el Niño estuviera caliente y contento. Pensó que si hubiera habido tren podrían haber llegado más pronto a este pueblo de Belén de Extremadura. Pero los pobres se resignan aunque no lo entiendan ¡Otra vez será!

Quiso que todos sus amigos y sus padres vinieran a ver al Mesías, al Salvador y se le ocurrió decirle a los abuelos de Jesús: PAPá, VEN EN TREN….Pero pensó: ¡Qué difícil es cumplir con lo que es tan evidente y que no es factible llegar a los lugares más pobres de la tierra!

Mientras miraba a la Virgen, a la Madre de Dios y al Niño dormido en un pesebre repetía en su corazón como un mensaje a sus padres: Ya sois abuelos. Venid rápidamente en tren. Os espero en Belén de Extremadura.

Francisco Cerro Chaves

Obispo de Coria-Cáceres

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