D. Ciriaco Benavente presidió la Misa Crismal este miércoles Santo

Copia de REapertura del

«Siento una singular emoción de estar ante este altar». Así se expresaba Mons. Ciriaco Benavente Mateos, obispo emérito de Albacete y quien fuese prelado de la diócesis de Coria-Cáceres durante 14 años en la Misa Crismal.

En la Catedral de Coria «de tantos y tan gratos recuerdos para vosotros y para mí», indicaba Benavente y rodeado de una nutrida representación del presbiterio, así como religiosos y religiosas y laicos en menor medida que en otras ocasiones debido a las restricciones provocadas por la covid 19, Benavente vivió por segundo año consecutivo una de las celebraciones más significativas para la Iglesia: la Misa Crismal, en esta situación especial de sede vacante en nuestra diócesis de Coria-Cáceres. Debido a la pandemia, el año pasado este celebración tuvo que posponerse a junio de 2020, una vez que se levantó el confinamiento más estricto.

En su Homilía, Mons Ciriaco Benavente se centró en la misión evangelizadora de todos para ser «testimonio acreditativo de que Su Espíritu vive y actúa a través de nosotros en nuestra Iglesia en Coria-Cáceres».

En la Celebración, se consagró el Santo Crisma que se usa en los sacramentos del bautismo, confirmación y orden sacerdotal y para laconsagración de altares. Así como también se bendijeron los óleos que se usan en la unción de los enfermos y con los catecúmenos. Este gesto simboliza la unión de toda la Iglesia Diocesana. Cada arcipreste lleva esos óleos a las parroquias. Y de esta forma, en todas las parroquias de nuestra diócesis se utilizan los mismos óleos bendecidos por el obispo.

D. Ciriaco Benavente quiso recordar en su explicación sobre los óleos y el Santo Crisma que todos somos «crónicamente catecúmenos», pidió que pensáramos «en los ancianos, en los heridos por la enfermedad el hambre, la emigración o la marginación» y también aquellos que «sufren las consecuencias corporales, laborales o afectivas de la pandemia.Y sobre el Santo Crisma «el más eminente para ser signo de la unción de Jesús que nos consagra a todos como bautizados».

«Llevadlos con veneración a cada una de vuestras parroquias, valorar su sentido, custodiados con esmero; utilizados con sentido reverente. Y pregonado la Buena Nueva de la Salvación que en ellos se significa», dijo el prelado dirigiéndose a los sacerdotes.

«Esta celebración expresa que es el mismo y único Espíritu el que actúa en toda la Iglesia, que es una y única la misión, aunque sean distintas las funciones. Será una grave distorsión el que los adjetivos o los apellidos, distintas pertenecías a la iglesia o sensibilidades eclesiales, empañaran está realidad substantiva de la comunión en el único y mismo Espíritu, la participación en la misma y única misión, la pertenencia a la misma Iglesia Diocesana», expresó Benavente, y también se unió a la oración de toda la diócesis por la llegada de un nuevo pastor para Coria-Cáceres.

«Lamento una vez más que mi presencia sea debido a la falta de pastor propio, que esperamos que no se demore mucho más», añadió Benavente Mateos.

La recta final de su homilía, dirigida a los sacerdotes fue un recordatorio del «don del sacerdocio», con humildad para «reconocer nuestras debilidades» y la «obligación de ser referentes evangélicos para nuestro pueblo».

También tuvo palabras para los hermanos difuntos del presbiterio y también para quienes tomaron otro camino y pidió una oración para que no falten sacerdotes a la Iglesia «probablemente el problema más grave de nuestra Iglesia».

De los miembros más jóvenes del presbiterio «espera la Diócesis disponibilidad generosa», la misma que agradeció en los sacerdotes que «esconden historias de fidelidad en silencio de más de 50 años de entrega».

Con un mensaje sobre todos los presbíteros cerró su homilía: «Quieren seguir sirviendo a esta Iglesia que amamos. Quieren seguir haciéndolo a pie de obra y sin horario. -… Renovamos hoy ante el Señor y antes vosotros las promesas de nuestra ordenación, seguramente, con mayor realismo y humildad. Nos fiamos del Señor. Nos fiamos unos de otros. Nos confiamos a vuestra oración, a vuestra comprensión, a vuestra amistad. Amén».
Después comenzaron los ritos propios de la Misa Crismal. En el momento de la renovación de las promesas sacerdotales, los fieles son invitados a orar por el obispo y por los demás sacerdotes y diáconos.

Posteriormente se bendijo el óleo de los enfermos y el de los catecúmenos y se consagró el Santo Crisma. Para la consagración del Crisma, al igual que en la consagración de la misa, todos los sacerdotes presentes extendieron la mano derecha, aunque no pronuncian la oración, solo declamada por el obispo.

Al finalizar la celebración, el administrador Diocesano, D. Diego Zambrano, quiso darle las gracias por su disponibilidad para celebrar la Misa Crismal en la que fue su diócesis durante 14 años, al haber quedado la sede de Coria- Cáceres vacante. «Cuente con la oración de esta Iglesia a la que tanto ha querido y seguro que sigue en su corazón», sentenció Zambrano.

Mons. Ciriaco Benavente agradeció el gesto y la oportunidad de vivir de nuevo esta celebración y recordó que Coria-Cáceres siempre será su «primer amor».

La Misa Crismal se interpretó en lengua de signos, servicio que organizó la Delegación Diocesana de Personas con Discapacidad de nuestra Diócesis, con la colaboración de la Asociación de Personas Sordas de Cáceres.

Además, en la Eucaristía, se invitó a todos los presentes a participar generosamente en la colecta de la Limosna Penitencial Cuaresmal a favor del Fondo Diocesano de Emergencia Covid19. Recordamos que los números de cuenta para colaborar en esta campaña:

COLABORACIONES

CAJA ALMENDRALEJO: ES35 3001 0043 3143 1000 7182

LIBERBANK: ES77 2048 1298 3434 0000 5263

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