D. Francisco Cerro celebra la Navidad con los sacerdotes en la Montaña

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Los sacerdotes de la Diócesis han celebrado la fiesta de Navidad con un encuentro en la Casa de Espiritualidad Ntra. Sra. de la Montaña de Cáceres.

En torno a setenta sacerdotes y diáconos se juntaron el Jueves 29 de diciembre como viene siendo tradicional en estas fechas para compartir como familia presbiteral tan entrañables fiestas. ángel Martín Chapinal, delegado de Apostolado Seglar fue el encargado de llenar parte de la mañana con una ponencia sobre los laicos en la diócesis y el lugar y misión de sus pastores.

Al final de la mañana, D. Francisco Cerro se hizo presente para saludar y felicitar personalmente la Navidad a todos sus sacerdotes. Todavía convaleciente, agradeció los gestos de cariño y oraciones por su salud y expresó que ya estaba deseoso de volver a la rutina del trabajo diario y espera que para después de la festividad de Reyes pueda ya comenzar a retomar su labor. Con un abrazo a cada uno de los sacerdotes, se retiró de nuevo al palacio episcopal.

El Encuentro continuó con la Eucaristía presidida por el Vicario General, D. José Antonio Fuentes. En la homilía se hizo eco de los deseos que el Papa Benedicto XVI expresaba al encender con una tablet el árbol de navidad más grande del mundo, que se encuentra en la ciudad italiana de Gubbio: «Primero, que nuestra mirada, la de la mente y la del corazón, no se detenga solamente en el horizonte de este mundo, en las cosas materiales, sino que sea de alguna forma como este árbol, que tienda hacia arriba, que se dirija a Dios. Dios nunca nos olvida, pero también nos pide que no nos olvidemos de él. Segundo, que nos recuerde que también nosotros necesitamos una luz que ilumine el camino de nuestra vida y nos de esperanza, especialmente en esta época en que sentimos tanto el peso de las dificultades, de los problemas, de los sufrimientos, y parece que nos envuelve un velo de tinieblas. Pero ¿qué luz puede iluminar verdaderamente nuestro corazón y darnos una esperanza firme y segura» Es el Niño que contemplamos en la Navidad santa, en un pobre y humilde pesebre, porque es el Señor que se acerca a cada uno de nosotros y pide que lo acojamos nuevamente en nuestra vida, nos pide que lo queramos, que tengamos confianza en él, que sintamos su presencia que nos acompaña, nos sostiene y nos ayuda. El tercero, que cada uno de nosotros aporte algo de luz en los ambientes en que vive: en la familia, en el trabajo, en el barrio, en los pueblos, en las ciudades. Que cada uno sea una luz para quien tiene al lado».

Por último, llegó la comida compartida y los villancicos.

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