27 octubre 2025
D. Miguel Ángel González Saiz gana el Jubileo en Roma con el equipo sinodal de la CEE

El sacerdote D. Miguel Ángel González Saiz participó en Roma junto al equipo sinodal de la Conferencia Episcopal Española (CEE) en el Jubileo de los Equipos Sinodales, un encuentro que reunió a representantes de las diócesis de todo el mundo.
El Jubileo de los equipos sinodales y de los organismos de participación se celebró en el Vaticano del 24 al 26 de octubre de 2025. Una cita importante para reconocer el valor de estos organismos y de las personas que prestan su servicio en ellos, inscribiendo así el compromiso por la construcción de una Iglesia cada vez más sinodal en el horizonte de la esperanza que no defrauda que celebramos en el Jubileo.
El programa del encuentro incluyó momentos de formación e intercambio entre los participantes, así como momentos litúrgicos. El Jubileo concluyó con la celebración de la Santa Misa, el domingo 26 de octubre de 2025, presidida por el Papa León XIV.
Este encuentro, enmarcado en el Año Jubilar, busca fortalecer la sinodalidad en la Iglesia y seguir impulsando el camino conjunto iniciado con el Sínodo sobre la Sinodalidad, reafirmando el deseo de caminar unidos como Pueblo de Dios.

Así lo contaba él:
Del 24 al 26 de octubre hemos participado en El Vaticano, en el Jubileo de los Equipos Sinodales y de los Organismos de Participación, junto a más de 2.000 representantes de diócesis y organismos eclesiales de todo el mundo.
El encuentro se inauguró el viernes, con una oración guiada por Monseñor Luis Marín de San Martín, subsecretario del Sínodo de los Obispos; interviniendo a continuación el cardenal Mario Grech, secretario general, que nos dio la bienvenida y nos agradeció nuestra colaboración llamándonos compañeros en este camino sinodal y nos invitó a seguir construyendo el futuro. A continuación, hubo tres magnificas ponencias, la primera sobre: “La sinodalidad como profecía social” por la Dra. Mariana Aparecida Venancio, miembro del equipo sinodal de la Conferencia Episcopal de Brasil. La segunda sobre: “La conversión de las relaciones” por el Rvd. Prof. Miguel De Salis Amaral, de la Pontificia Universidad de la Santa Cruz de Roma y la tercera sobre: “La sinodalidad ante las tensiones de la Iglesia” por el Cardenal Grzegorz RYS, arzobispo de Lóz (Polonia).
En dicha inauguración se hizo presente el Papa León XIV. Ocho equipos sinodales de todas las partes del mundo, compartieron sus experiencias y desafíos a la hora de implementar la Sinodalidad en sus contextos eclesiales e hicieron una pregunta al Santo Padre, el cual las respondió y nos recordó que el objetivo de este proceso sinodal es ser Iglesia que escucha y que llega a todos para cumplir con su misión de ser una Iglesia misionera, con una actitud de conversión a ser misioneros, animándonos a todos a continuar por el camino sinodal emprendido.
El sábado comenzó con la peregrinación a la Basílica de San Pedro, atravesando la puerta santa, llevando a cabo los ritos propios de la Celebración Jubilar.
El resto del día fue una oportunidad para compartir nuestras experiencias vividas en nuestras diócesis, parroquias y movimientos. En primer lugar, hubo grupos pequeños de Conversación en el Espíritu para poner en común nuestras experiencias sinodales, En segundo lugar, en grupos un poco más grandes, participamos, al final de la mañana y a primera hora de la tarde, en talleres y seminarios temáticos que abarcaban todos los temas relacionados con la sinodalidad, en los que entramos en diálogo con los ponentes.
En la clausura del encuentro se presentaron un gran número de experiencias sinodales y el cardenal Mario Grech nos agradeció la presencia y nos alentó a continuar trabajando y animando a todas nuestras diócesis y parroquias.
Los actos se cerraron por la noche con una Vigilia Mariana en la plaza de San Pedro.
El domingo, tuvo lugar la Eucaristía Jubilar en la Basílica de San Pedro, presidida por el Papa León XIV que afirmó: “La regla suprema en la Iglesia es el amor. Nadie está llamado a mandar, todos lo son a servir; nadie debe imponer las propias ideas, todos deben escucharse recíprocamente; sin excluir a nadie, todos estamos llamados a participar; ninguno posee la verdad toda entera, todos la debemos buscar con humildad, y juntos”. Y nos invitó a seguir trabajando y sembrando: “Los equipos sinodales y los organismos de participación son imagen de esa Iglesia que vive en la comunión. Y hoy quisiera invitarlos a que, en la escucha del Espíritu, en el diálogo, en la fraternidad y en la parresia, nos ayuden a comprender que, en la Iglesia, antes de cualquier diferencia, estamos llamados a caminar juntos en busca de Dios, para revestirnos de los sentimientos de Cristo; ayúdennos a ensanchar el espacio eclesial para que éste sea colegial y acogedor… Esto nos ayudará a afrontar con confianza y con espíritu renovado las tensiones que atraviesan la vida de la Iglesia -entre unidad y diversidad, tradición y novedad, autoridad y participación-, dejando que el Espíritu las transforme, para que no se conviertan en contraposiciones ideológicas y polarizaciones dañinas…”
Damos gracias al Señor por esta experiencia vivida en comunión con la Iglesia universal y con las diócesis españolas que nos hicimos presentes (Valencia, León, Burgos, Tortosa, Solsona, Zaragoza, Ciudad Rodrigo, Menorca, Bilbao, Santiago de Compostela, Palencia, Mallorca, Coria-Cáceres, Jaén…). Volvemos a nuestras diócesis con el corazón cargado de esperanza y las ilusiones renovadas para seguir trabajando y difundiendo esta fase de implementación entre nuestros hermanos y hermanas.
Ahora nos queda un trabajo de difusión de esta fase y de ponernos manos a la obra, para hacer realidad lo que juntos hemos expresado en el Documento Final, que deseamos vivir una Iglesia que camina junta, que acoge, escucha y discierne en común las decisiones a tomar en nuestras comunidades parroquiales, movimientos, asociaciones, cofradías, diócesis… para que caminemos juntos, como hermanos, donde nadie se sienta superior a los demás, ni quiera imponer sus ideas, donde todos estamos para servir, para escuchar, para acoger sin excluir a nadie; llamados a participar, a ser corresponsables de la misión que Cristo nos ha confiado a todos los bautizados “id y anunciar el Evangelio”. Esto nos exige a todos nosotros y a nuestras parroquias, movimientos, cofradías… a convertirnos personal y comunitariamente para vivir como reza el eslogan del sínodo: “Comunión, participación, misión”.
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