Despedida a Lucio Sánchez Guerrero

20191125-luciosanchez

» Y hay un tiempo para creer

Tiempo para buscar
Hay un tiempo para olvidar
Todo lo que pudo ser y nunca será -….

Es nuestro tiempo
Tan extraño y violento
Parece que es el fin
Y sólo es un comienzo «

– AMARAL. Nuestro tiempo

Se nos presenta el tiempo del adviento cuando se nos acaba de ir nuestro querido Lucio. Será un adviento y una Navidad diferente sin él, pero seguirán siendo adviento y Navidad. Y Nos toca vivir ahora este tiempo, que es el nuestro.

Lucio había nacido por primera vez en Abadía hace sesenta y seis años, y había sido ordenado de sacerdote el 19 de Julio de 1981. El Buen pastor le había encomendado el pastoreo de rebaños de Nuñomoral y sus alquerías, Portezuelo, Acehuche, Calzadilla, Guijo de Galisteo, Huélaga y Coria, y otras tareas en la catedral como canónigo.

En este invierno el adviento se nos presenta como una primavera, ya estamos viendo los primeros almendros florecer. Un adviento que se nos llega cargado de motivos y razones para la esperanza, y para él como una espera, aguardando la resurrección final.

La señal de lo que está por venir, y razón de nuestra esperanza, es una virgen embarazada. Una Virgen Inmaculada. En el día de su funeral colocamos sobre su féretro una sola rosa blanca, y un cuadro de la Virgen Inmaculada, de quien era gran devoto y admirador.

El adviento nos invita a estar preparados. Viene el Señor, no se le puede recibir de cualquier manera, tan ilustre huésped merece espléndida bienvenida, porque viene para quedarse. » Y hay un tiempo para creer, Tiempo para buscar, Hay un tiempo para olvidar ,Todo lo que pudo ser y nunca será «. Viene en un invierno recio, cunado pesa el cansancio, la angustia, la desilusión, la soledad, la insignificancia, el hedonismo, la violencia, la insolidaridad, el consumismo de estas fechas. Pero viene a nosotros, como hace tiempo vino a Belén, o como ha venido para abrazar a Lucio, o como le vemos cada día en la Eucaristía, con los hermanos.

El padre bueno ha abrazado a Lucio; ha sido tan fuerte su abrazo, que se lo ha llevado, sacándolo de este tiempo y de este invierno, para vivir otro tiempo en una primavera eterna. La esperanza es el color del adviento. La vida de Lucio, regalo de Dios, ha sido para los que le hemos conocido, un anuncio de esperanza, incluso en los momentos de dolor y enfermedad, anunciando a Jesús Mesías, siendo sencillo entre la gente, acompañando a los enfermos, sembrando gratitud a su alrededor, queriendo mucho a la gente, sembrando gratitud a su alrededor.

» Parece que es fin

Y SOLO ES UN COMIENZO».

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