Despedida de Julián Isidro García Riñón -COTTOLENGO

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Nuestro P. Jacinto Alegre dijo: «¡Qué alegría la mía si al morir veo que salen del cielo para venir a recibirme todos los pobres, que allí son los amos, a quienes he socorrido en vida y todos quieran recibirme en su casa!».

Esa sabemos que habrá sido tu dicha en este día: verte recibido en el cielo por todos aquellos con los que has compartido todos estos años de tu vida.

Cuántas han sido las personas a las que desde ayer les he oído decir: ¡Qué alegría habrá tenido al volver a encontrarse con el Hno. Llaunch, con Baltasar y con tantas Hermanas y tantos otros que a lo largo de estos 55 años han pasado por su vida en esta casa del Cottolengo!

En todos nosotros queda un bonito recuerdo tuyo. Los que te conocieron de joven nos han contado lo trabajador que eras, lo juguetón y alegre, cómo te las arreglabas con tus pocas palabras para hacerte entender, cuánto te gustaba participar en las fiestas de casa, y aún los que te hemos conocido más recientemente así lo hemos vivido. Hemos visto cómo te gustaba rezar, sobre todo por el Obispo D. Ciriaco que tanto cariño te tenía y por los sacerdotes. Muestra de este cariño lo tenemos en los que hoy te acompañan en esta Eucaristía.

Para todos los que formamos la familia del Cottolengo es un privilegio haber compartido contigo ese tramo del camino de la vida hacia el cielo. Nosotros también, con el P. Alegre, queremos decir hoy: «¡Qué alegría la mía si al morir veo que salen del cielo para venir a recibirme todos los pobres, que allí son los amos, a quienes he socorrido en vida y todos quieran recibirme en su casa!». -Religiosas del Cottolengo. Fragosa.

El hermano Isidro falleció en Plasencia el pasado día 9 de septiembre. Los hermanos y los pequeños dimos gracias a Dios, con su familia, en la capilla del Cottolengo al día siguiente. Presidía el Padre de Jesús, que es nuestro Padre; Jesús el primogénito, a la cabeza de muchos hermanos que allí nos reunimos; en el centro los más pequeños que son sus preferidos y la mesa puesta, porque la Pascua del Señor se nos entrega en su mesa. Y le dejamos descansar en el cementerio de Fragosa. ¡Qué bueno es Dios!

Cottolengo

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