Don Pedro Tovar celebra en las Hermanitas de los Pobres 70 años de sacerdote

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El 25 de junio tuvo lugar en las Hermanitas de los Pobres la Eucaristía de acción de gracias, presidida por el obispo de Coria-Cáceres, don Francisco Cerro, de los 70 años de sacerdocio de don Pedro Tovar, natural de Casar de Cáceres.

En ella, don Pedro, de 93 años, estuvo acompañado por distintos compañeros sacerdotes, personal y residentes de las Hermanitas de los Pobres y demás amigos.

Don Pedro Tovar Domínguez fue ordenado sacerdote el 11 de junio de 1949 y ha sido párroco de las parroquias de San Vicente de Alcántara, Aldea Moret y Santiago -Cáceres, además de atender el Santuario de Nuestra Señora de la Montaña.

«Me siento bien, pero viejo. Me acuerdo cuando corría por el seminario jugando al fútbol y al frontón, pero el tiempo es el tiempo y ya no puede ser», afirma el homenajeado, quien tiene dos hermanos, Josefa y Benigno, este también sacerdote.

Don Pedro, que continúa vistiendo sotana, nos cuenta que su ordenación sacerdotal tuvo lugar en la Catedral de Plasencia de manos del obispo placentino de por aquel entonces, don Juan Pedro Zarranz y Pueyo, ya que el prelado de Coria-Cáceres había fallecido recientemente.

El obispo de nuestra diócesis en 1949 fue don Francisco Cavero Tormo, quien vendría de Granada en 1945. Monseñor Cavero falleció el domingo de Ramos de 1949, según cuenta don Pedro, en la procesión.

En su homilía durante la Eucaristía en las Hermanitas de los Pobres, don Francisco Cerro, alabó la labor asistencial de estas, ya que tienen la «capacidad» de que los sacerdotes residentes lleguen a los cien años casi «gracias a lo bien que los cuidan», expresó, recordando a don Teodoro Fernández, fallecido en mayo con 104 años.

«Solo por una misa valdría la pena haber sido sacerdote», dijo don Francisco, añadiendo «fijaos en las misas que habrá dicho don Pedro, los pecados que habrá perdonado… ser sacerdote imprime carácter y en el cielo nos enteraremos lo que hemos recibido».

Además, dio tres claves sobre lo que supone la vida de don Pedro: primero, el salmo del buen Pastor, «nada me falta, tu bondad y misericordia me acompañan todos los días de mi vida».

Segundo, el salmo 50, misericordia, Dios mío, por tu bondad. Pues, dijo, «que seamos sacerdotes no significa no tener defectos ni pecados; Dios no elige a los capaces sino que capacita a los que elige».

«Somos indignos siervos del Señor todos los sacerdotes; ante mi historia de pecado Dios ha hecho una historia de amor», ha expuesto el prelado diocesano.

Y tercero, el salmo «Señor, mi corazón ya no es ambicioso; aquietada esta mi alma como un niño en brazos de su madre», pues «qué hermoso es que la vida de un sacerdote sea vivir como un niño en brazos de su madre».

¡Felicidades Don Pedro!

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