El 8 de Mayo la Iglesia ha celebrado la Jornada de las Vocaciones Nativas

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Gracias a Dios, las vocaciones abundan en muchos países de misión. Gracias también a la generosidad de mucha gente, estas vocaciones nativas, que carecen de medios económicos, van dando frutos en la vida de la Iglesia. Nuestra Diócesis está siendo modélica en la aportación de becas y donativos parroquiales y particulares, situándose entre las siete primeras de España.

Desde todos los rincones del mundo, llegan palabras de reconocimiento, por parte de aquellos que han visto realizado el sueño de ser sacerdotes. Así lo reconoce, con palabras llenas de gratitud, monseñor Bernard Ayo, Vicario General de Lagos, Nigeria: «Si no hubiera sido por la Obra de San Pedro Apóstol -Primavera de la Iglesia, no habría sido sacerdote. Gracias a ella he podido financiar mis estudios».

Los datos nos llenan de alegría: en el decenio de 1999 al 2000 aumenta un 38,5 por ciento el número de sacerdotes africanos, y un 30,5 por ciento los asiáticos.

Monseñor Jaroslav, obispo auxiliar de Ucrania, manifiesta: «por cada plaza en algunos seminarios hay tres candidatos. Muchos aspirantes han de volver a sus casas por falta de espacio».

Hace unos años, un Seminario de Nigeria, con más de 500 seminaristas mayores, estuvo a punto de cerrar porque no tenían medios para alimentar a los candidatos al sacerdocio. Gracias a la rápida respuesta de Ayuda a la Iglesia Necesitada, el problema se solucionó.

¿Qué puedo hacer yo por las vocaciones» Evidentemente, lo primero es rezar. Así nos lo pide el Papa Benedicto XVI: «¡Señor misericordioso y santo, sigue enviando operarios a la mies de tu reino!». Y junto con la oración el gesto solidario, como recordaba Juan Pablo II, «no podemos permitir que por falta de recursos económicos, se pierda una sola vocación».

La Iglesia en Europa está necesitada de sacerdotes. Muchos pueblos carecen ya de la presencia permanente del pastor. La crisis en la familia y en la sociedad ha dejado nuestros seminarios y noviciados semivacíos. Necesitamos sacerdotes y religiosos que acompañen la vida de nuestras comunidades.

Tuve la suerte de estar presente en la clausura del Año Sacerdotal, junto a más de 17.000 sacerdotes, en la Plaza de San Pedro en Roma. Aquello fue como una explosión primaveral de alegría y esperanza: sacerdotes de todas las naciones, razas y edades. Convocados para proclamar nuestro ministerio como un servicio de amor a la humanidad: unidos y hermanados en el mismo Espíritu.

Entre todos nosotros se producía un llamativo contraste: los más jóvenes y numerosos, provenían de áfrica, Asia y de algunos países de Hispanoamérica.

Actualmente algunos están ejerciendo su ministerio en Europa, expresando la alegría de pertenecer a una Iglesia, que por naturaleza es universal.

Esta Jornada es una llamada a la comunión solidaria con las vocaciones nativas, que son ya una primavera para la Iglesia.

Pedro Jesús Mohedano Santibáñez. Director Diocesano de Obras Misionales Pontificias

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