El Año de la Fe en Extremadura

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El 15 de octubre, día de Santa Teresa de Jesús, Doctora de la Iglesia, nos reuníamos en el Monasterio de Guadalupe la Provincia eclesiástica de Extremadura en un nutrido grupo de sacerdotes, ciento cuarenta y tres, cuatro diáconos y un grupo de fieles devotos, acompañados de nuestros respectivos obispos, bajo la advocación de la Santísima Virgen, nuestra Patrona, para proclamar y comenzar el Año de la Fe en nuestra región.

A las 11.30 de la mañana, en el Auditorio del Monasterio, el Arzobispo de Zaragoza, Don Manuel Ureña, disertaba sobre «la situación de la fe en el pensamiento actual y en la Iglesia, pueblo fiel».

El Año de la Fe, abierto para toda la Iglesia universal por el Papa Benedicto XVI el día 11 de octubre y en estos días, el comienzo del Sínodo de los Obispos, coinciden con el cincuenta Aniversario del Concilio Vaticano II y los veinte años de la publicación del Catecismo de la Iglesia Católica; no son hechos aislados, expuso el ponente, sino que han seguido un proceso lógico, durante un tiempo, hasta llegar a su realización.

El Sínodo de los Obispos, tiene como tema a tratar la Nueva Evangelización, que ya en su momento el Papa Juan Pablo II, tenía como lema de su pontificado. Aceptar la Nueva Evangelización, supone, que tengamos fe, y para ello, tengamos en cuenta estos tres puntos: primero, que revisemos los contenidos de nuestra fe, segundo, que demos una respuesta de aceptación a ese mensaje y tercero, que nuestra fe esté de acuerdo con la doctrina de la Iglesia. Todo ello, supone fe, y de ahí, este año que comenzamos, para que nos acerquemos más a Dios, revisemos nuestra fe y Dios nos la aumente.

Según el ponente, uno de los problemas del ser humano hoy, que no se agota en lo que ve y en lo que oye, es que no acepta la transcendencia.

El acto central de la inauguración del Año de la Fe en la provincia eclesiástica fue la Eucaristía en el Santuario. El Arzobispo de Mérida-Badajoz, Don Santiago García Aracil, presidió la Eucaristía. Durante la homilía destacó diversos motivos para dar gracias: La misma Eucaristía, que nos une a Jesucristo Salvador y el Año de la fe, que invita a una renovación interior. Insistió, además en que nuestra misión nos urge lanzarnos a hacer discípulos de todos los pueblos, como manda Jesucristo, cosa que resulta difícil por la presión ambiental, la falta de formación y de esperanza. Con todo, hemos de estar convencidos de Dios «ha comenzado una obra nueva, y él mismo la llevará a su término». Por ello, a la hora de proclamar el mensaje, la importancia de la oración es suma.

El Arzobispo terminó poniendo este año que comenzamos a los pies de la Virgen de Guadalupe.

Román Fernández Martín

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