El clero diocesano festeja a su Patrón San Juan de Ávila

Cada año, el día de San Juan de ávila, los sacerdotes diocesanos se reúnen para honrarle, como patrono del Clero Español, a la vez que celebran su fiesta.

Es el momento señalado para homenajear a los sacerdotes, que, tras una vida entregada a su ministerio, llegan a los veinticinco, cincuenta años de sacerdote y en este caso, setenta y cinco, es decir, las bodas de plata, oro y platino sacerdotales. Los sacerdotes evocados en ese día fueron: Don Ovidio Paniagua García -bodas de platino; Don Francisco Pérez Ciborro, Don Felipe Pulido Solís y Don Argimiro Martín Rubio -bodas de oro y Don Agapito Domínguez Viejo, Don Luís-Vidal Arias Moreno, Don Julián Carlos Pérez Domínguez y Don Rafael Escolano Escolano, sacerdote Edmp. -bodas de plata. A todos ellos, gracias por su entrega y que Dios les siga premiando en su fuerzo.

Don Isaac Macarro Flores, sacerdote licenciado en Sagrada Escritura, en honor al santo patrono, presentó una conferencia sobre «La Biblia en San Juan de ávila». En unos tiempos llenos de acontecimientos importantes, que también favorecen la difusión de las Sagradas Escrituras y el interés por ella, explicó su predicación en los distintos tiempos del año litúrgico, impregnada de la Palabra de Dios; desde los comienzos de la transmisión del mensaje divino, y maestro en interpretar el espíritu paulino: recuerda la conversión de San Pablo para mejor llegar a sentir la misericordia de Dios.

En este día de marcado carácter sacerdotal, en la Misa presidida por don Francisco Cerro, el obispo diocesano y concelebrada por un gran número de sacerdotes asistentes a esta efemérides, el prelado, en la homilía, mostró las claves del tipo de sacerdote, que necesita el mundo de hoy: 1º Tiene que oler a Cristo: Sin el seguimiento y enamoramiento de Jesucristo, no podemos caminar; 2º Olor a ovejas: Con estas palabras del Papa Francisco, nos viene a decir, que ha de estar al lado de los más necesitados, y 3º Olor al carisma mariano: El sacerdote tiene que estar impregnado del amor, la ternura, la acogida de María.

En una comida sencilla, recuerdos y diálogo para coger fuerzas en la misión sacerdotal. Fue el momento en el que se homenajeó a los que celebraban estas distintas etapas en sus vidas, que sirven no para mirar atrás, por lo que se haya hecho, sino, para mirar hacia delante con más fuerza y alegría. La diócesis le premió su esfuerzo con un pequeño regalo y ellos dieron las gracias por llegar a estos momentos y por las muchas personas con quien se encontraron en sus vidas.

Días como estos, sirven para sentir y vivir la hermandad sacerdotal de una manera especial.

Román Fernández Martín

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