El Día de los Difuntos

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Muchos rezamos habitualmente por los difuntos y en estas fechas acudimos al cementerio, lugar de dormición, para hacerles una visita, acompañarles, rezar por ellos. Algunos derraman lágrimas, otros recitan oraciones, otros llevan flores, otros permanecen en silencio. Otros, sin acudir al cementerio también rezan y se hacen cercanos a sus difuntos. Es muy hermoso levantar los ojos al cielo, Jesús lo hacía muchas veces cuando oraba.
Nuestro cementerio en Coria se pone muy bello. Entras en él y lo primero que te encuentras es la capillita con el Cristo y la Virgen de Argeme y la tumba de D. Honorio. Nuestro cementerio, donde hemos sembrado la semilla de los nuestros, nos acoge como una familia de vivos y difuntos. También es lugar de encuentro para los vivos.
Para las parroquias, la Pastoral de difuntos es muy importante, ya que se trata de un momento crucial de la existencia humana, es la hora de LA HORA. Por eso todos deberemos esforzarnos en dignificar esos momentos de pasar de este mundo a la Casa del Padre.
Las palabras claves con las familias sufrientes serán acoger y acompañar, humana y cristianamente, sembrando siempre paz y esperanza, acercándonos siempre al sufrimiento, y a la enfermedad de las personas con mucho cariño y respeto.
Deberíamos tener algunas consideraciones en cuenta y deberíamos esforzarnos en saber estar y en saber hacer:
  • Cuidar que, cuando sea posible, que se pueda recibir el sacramento de la Unción de enfermos, el perdón de los pecados, la bendición papal en peligro de muerte
  • Es muy importante también que preparemos bien la celebración de las exequias, trasmitiendo siempre la misericordia de Dios y darle importancia a la homilía de los entierros: para muchos es un primer anuncio.
  • Transmitir siempre la Misericordia del Señor
  • Debemos mostrar cercanía a las familias acompañándolos en el duelo y sin perder el contacto con ellos en esta experiencia de sufrimiento (en nuestro Sínodo Diocesano hay la propuesta de creación de grupos de duelo en las parroquias).
  • Es necesario entender el amor que se tiene a los difuntos cuando aplicamos la Eucaristía por el fallecido. Hay que ayudar a quitar el sentido de culpabilidad que a veces nos queda con los difuntos.
  • Podemos seguir demostrando nuestro amor al difunto, ofreciendo la misa y rezando por él. El cuarto mandamiento no se acaba con la muerte
  • Deberemos en las parroquias potenciar la oración y las celebraciones por los difuntos, las flores se marchitan, las lágrimas se evaporan, la oración no pasa nunca y la comunión de los Santos es viva y eficaz.

Julián Carlos Pérez, Vicario de la Zona Norte.

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