EL DIACONADO UNA MISIÓN DE ALEGRÍA

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El pasado 16 de diciembre vivimos con alegría y gratitud la ordenación de nuestro hermano Tomás González, que recibió el sacramento del Orden Diaconal por la imposición de manos de nuestro Obispo, quedando configurado con Cristo, que ser hizo diácono -es decir, servidor de todos.

Don Francisco Cerro explicó en su homilía, que quiso titular «qué es la alegría», la misión del diácono. Resaltó que la vocación diaconal tiene su pleno sentido en la Iglesia, con independencia de que haya o no presbíteros.

El diácono recibe el encargo de un servicio propio dentro del orden, porque representa a Cristo que «ha venido para servir, y dar su vida en rescate por muchos» -Mt 20, 28. Recordemos que cuando los Apóstoles, en la comunidad primitiva de Jerusalén, se vieron desbordados por el aumento del número de discípulos y la abundancia de tareas caritativas, buscaron a siete hombres «para servir mesas», y les impusieron las manos. Esteban, el primero en ser nombrado, era un hombre «lleno de fe y de Espíritu Santo» -Hch 6, 1-6, y comenzó su labor al servicio de los pobres y la comunidad. Después de que durante siglos el diácono haya sido sólo un grado del Orden en el camino al presbiterado, hoy es nuevamente una vocación independiente para célibes y también para hombres casados. Una vocación que vivieron santos tan grandes como Francisco de Asís y Tomás Beckett.

Don Francisco nos explicó la alegría del diaconado en tres claves:

Primero, porque no hay mayor alegría que nuestra fe en Cristo y el diácono anuncia al Salvador a través de la Palabra de Dios y la Liturgia.

Segundo, por el gozo de vivir la caridad, sirviendo a los pobres, que es una de las funciones del diácono.

Y tercero, porque vivirá su servicio como María, con ternura y humildad, y con el Amor como fuente de alegría.

Y finalizó con esta intención: «Que nos siga el Señor bendiciendo con las vocaciones que la Iglesia necesita para el servicio de las almas».

El Señor nos bendice nuevamente con esta nueva ordenación diaconal: la de Juan Carlos Moro Calvo, que tendrá lugar en el templo parroquial de Casar de Cáceres el próximo sábado día 2 de febrero a las 11 de la mañana.

Quedáis todos invitados a acompañar a Carlos, a su familia y amigos, y a toda la Iglesia Diocesana en esta nueva celebración de la alegría de la fe.

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