“Él -Jesucristo me desarmó y me cuidó a través de todos los que estuvieron en el retiro”

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El sábado 11 de marzo se celebró en la Ermita de San Benito y San Blas en Casar de Cáceres, un retiro de familias organizado por la Delegación de Familia y Vida. De entre los testimonios de algunos participantes -matrimonios, viudos, madres solteras, personas separadas agradeciendo lo vivido, la delegación nos ha ofrecido el siguiente que compartimos con los lectores:

«La fecha del retiro para las familias se estaba acercando. Siempre nos gusta ir y beber del Agua viva. Pero cuanto más se acercaba, más parecía que no íbamos a poder ir. Al final, Jorge tuvo que ir de viaje y me encuentro sola sin coche con nuestros dos hijitos para el fin de semana. Vaya. Ahora a buscar a alguien que nos llevaría… Juan Antonio se adelanta y se ofrece llevarnos antes de preguntarle.

Bueno, pensé, parece que voy a tener que hacer el sacrificio de montar la mudanza -es lo que parece el montaje de las dos sillitas para los niños en el coche e ir al retiro sola con los dos. Además, seguro que cada dos por tres voy a tener que ir a atenderlos, estar encima con la comida, prepararlos a tiempo para que no nos tengan que esperar -a los anteriores retiros llegamos tarde, pasaremos frío, se me dormirán de vuelta en el coche -lo suficientemente tarde para ser una siesta y demasiado temprano para dormirse para toda la noche, yo agotada… Vamos, un buen sacrificio. Pero es cuaresma y no existe otro posible programa mejor que ir y ofrecerle todo el esfuerzo al Señor.

Ahora, una vez de vuelta en casa, me doy cuenta que nada fue como imaginaba. Por la mañana, de milagro me dio tiempo hasta de hacerle trencitas a Danita, el coche le encantó a Javier porque las puertas se cerraban y abrían solas -toda una aventura para él, llegamos y de repente me encuentro libre para escuchar la meditación, porque tanto Javier como Danita estaban jugando con los demás niños con toda su ilusión -si acaso, venían a regalarme una flor y volvían a irse corriendo a jugar. El sol más agradable se escondía detrás de las nubes justo cuando teníamos calor. He podido reconciliarme con el Señor con toda tranquilidad y encontrarme con él en el Santísimo. ¡Toda una media hora en oración personal! Para una familia con hijos pequeños es un tesoro muy grande, porque los días pasan sin un solo ratito de estar en paz. El compartir a la hora de la comida… casi nos quedamos ahí como Pedro haciendo tres tiendas, para quedarnos para siempre en el agradable sol y compañía. La misa al aire libre, las entrañables ofrendas de nuestros hijos y la Comunión a la perfección con Jesús fueron las guindas en la tarta de este día tan agradable.

En el abrazo con Jesús no tenía nada que ofrecerle como antes pensaba. No tuve ningún sacrificio brillante que ofrecerle de los que me preparaba victoriosamente antes. él me desarmó, me cuidó a través de todos los que estuvieron en el retiro, desde quienes nos llevaron en coche hasta Teresa, Miriam y otros niños que cuidaron con tanto amor de mi Danita y Javier. él me regaló la mejor familia, la mejor compañía, el silencio, la Paz, la alegría, el sol y sobre todo a sí mismo en la Eucaristía. ¡Y los niños no se durmieron en el camino de vuelta! Vamos, Dios ha pensado en cada uno de los detalles de este día para hacerme feliz. Gracias».

Jana

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