El Objetivo general de la Evangelización consiste en renovar evangélicamente nuestras comunidades eclesiales

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El sacerdote Fernando Fuentes Alcántara, Director del Secretariado de la Comisión Episcopal de Pastoral Social de la Conferencia Episcopal Española, tomó como marco para su conferencia la Evangelii Gaudium -EG del Papa Francisco.

Presentamos las ideas fundamentales de su ponencia:

1.- La realidad social afecta a la vida y a la dignidad de las personas

Hechos significativos:

«La mayoría de los hombres y mujeres de nuestro tiempo, vive precariamente el día a día, con consecuencias funestas…» -EG, 52. «La inequidad es cada vez más patente», la «desigualdad es creciente» -EG, 53.

  • Es constatable la caída de las rentas y el aumento de la desigualdad, según los datos de la Fundación FOESSA. Esto ha supuesto que el porcentaje de hogares sin ingresos haya crecido del 2% al 4% en el último trimestre de 2013 y que el número de hogares en esta situación haya pasado desde unos 300.000 a mediados de 2007 a casi 700.000 a finales de 2013.
  • Retroceso en empleo, vivienda y salud. Los efectos de la crisis están afectando de manera dramática a un número creciente de personas. Uno de cada cuatro españoles está en situación de riesgo de pobreza y exclusión social.

«El estar sin trabajo durante mucho tiempo, o la dependencia prolongada de la asistencia pública o privada, mina la libertad y la creatividad de la persona y sus relaciones familiares y sociales, con graves daños en el plano psicológico y espiritual» -Benedicto XVI, Caritas in veritate. Es verdad que el Gobierno ha expuesto los últimos datos -3/6/2014 con la creación de 115.935 contratos indefinidos en el mes de mayo aun cuando sigue habiendo 4 millones y medio de desempleados.

  • El papel nuclear de la familia. La familia es un gran recurso de capital social en la sociedad española, que permite a la sociedad para enfrentarse a las situaciones más complicadas.

Lo que la crisis ha evidenciado es el carácter permanente de la pobreza, es decir, crece en época de recesión, pero no se recupera en la misma medida en épocas expansivas.

2.- Toda acción evangelizadora tiene una dimensión social

El objetivo sería introducir en toda acción evangelizadora este contenido social

La redención de Cristo tiene un sentido social. Dios no redime solamente la persona individual, sino también las relaciones sociales entre los hombres» -EG, nº 178.

Se trata de amar a Dios que reina en el mundo y ese amor está lleno de consecuencias sociales. Por eso la Iglesia intenta llevar a cabo una labor de promoción humana en todas sus dimensiones. Pero en la actualidad hay que dar un paso más: los efectos de la crisis en la sociedad española está cambiando el modelo de bienestar social como resultado de la menor disponibilidad de recursos económicos y se da un retroceso en disponer de los servicios sociales necesarios. Pero la Iglesia sostiene que la actividad económica no debe considerarse antisocial. No todo es ni debe ser mercado. Debe haber un planteamiento integral de la vida económica. Y entre los principios fundamentales de ese planteamiento está la «promoción del bien común» basada en el respeto a la dignidad de la persona y reconocida como el objetivo principal de los sistemas productivos.

Líneas de incidencia que podrían relacionarse con este objetivo:

  • Insuflar este sentido social en la catequesis, en la enseñanza religiosa, en la formación de los sacerdotes y seminaristas.
  • Apoyar la «lectura teologal» de la realidad social desde la celebración litúrgica.

3.- Estar vigilantes ante los signos de los tiempos

El papa Francisco nos llama a estar vigilantes a los signos de los tiempos, los signos que están entre nosotros. Y continúa diciendo: «se trata de una responsabilidad grave, ya que algunas realidades del presente, si no son bien resueltas, pueden desencadenar procesos de deshumanización difíciles de revertir más adelante. Es preciso esclarecer aquello que pueda ser un fruto del Reino y también aquello que atenta contra el proyecto de Dios» -EG, 51.

Estar atentos a los signos de los tiempos nos lleva necesariamente a partir de una actitud misionera, de Iglesia en salida que evangeliza saliendo a las periferias y desde las periferias. Esto significa que hemos de partir en la evangelización de escuchar el clamor de los pobres, el clamor por la justicia y el clamor de los pueblos.

La realidad social nos llama a salir, a ser «una Iglesia en salida», a crear un dinamismo de salida, de encuentro y de dialogo con las realidades humanas y sociales de nuestro tiempo. Dice Francisco en un reciente discurso a los párrocos y sacerdotes de Roma -6-3-2014.

La situación del trabajo, la situación familiar, los signos de los tiempos -sobre todo al desafío cultural, económico y social que ofrece nuestra sociedad nos obligan a contar con la realidad humana en la que hoy hemos de acoger, vivir y comunicar la Buena Noticia de Jesucristo. Hechos que marcan la realidad de nuestra sociedad más cercana: la falta de trabajo especialmente en los jóvenes, la corrupción, el individualismo feroz de nuestra cultura…

La fe no se puede relegar a la intimidad secreta de las personas, sin influencia alguna en la vida social y nacional, sin preocuparnos por la salud de las instituciones de la sociedad civil, sin opinar sobre los acontecimientos que afectan a los ciudadanos. Dejando solo a las ideologías -el neoliberalismo, la idolatría del dinero… como los gestores necesarios de todo lo que ocurre en la sociedad.

La Iglesia debe dar un paso más: tiene que ser protagonista en la vida pública. Hay que apoyar la fundamentación ética de la vida civil. Si los principios éticos que sostienen el proceso democrático no se rigen por nada más sólido que el mero consenso social, entonces este proceso se presenta evidentemente frágil.

Este diálogo se ve duramente estorbado por el crecimiento de un laicismo que quiere marginar determinados contenidos en este debate social.

Ahora bien, la tarea de buscar «el orden justo de la sociedad y del Estado es una tarea principal de la política», la Iglesia «no puede ni debe quedarse al margen en la lucha por la justicia». Todos los cristianos están llamados a preocuparse por la construcción de un mundo mejor.

Es muy importante que la sociedad nos perciba como una Iglesia dispuesta al servicio, al encuentro. Que no hay áreas sociales que queden al margen de la preocupación de la comunidad cristiana. Para la Iglesia no es suficiente tener una Cáritas muy apreciada y con una actividad que le desborda. Debemos dar más pasos.

4.- La dimensión caritativa y social de la Iglesia es una dimensión constitutiva de la evangelización

La Iglesia tiene una triple tarea: la Palabra, los sacramentos y la caridad.

El compromiso caritativo y social no es un aspecto aislado de la evangelización, es una dimensión esencial de la misma que debe iluminar toda nuestra reflexión sobre la evangelización, pues la tarea de hacer presente la buena noticia del Evangelio mediante el ejercicio de la caridad es algo que compete a toda la Iglesia y a todos en la Iglesia.

La vivencia y el testimonio del amor no es algo opcional o marginal, sino un elemento central de la fe.

La lucha por la justicia debe, por tanto, tener más peso en la evangelización y en nuestros planes pastorales. Ante problemas como la falta masiva de empleo de los jóvenes, la corrupción generalizada en no pocos personajes públicos, los indultos de personas que se quedan con bienes públicos, los ancianos que han sido engañados con las «preferentes»… todo ello, pide un discernimiento desde los excluidos.

5.- Una iglesia pobre para los pobres. La inclusión social de los pobres

«La Iglesia, guiada por el Evangelio de la misericordia y por el amor al hombre, escucha el clamor por la justicia y quiere responder a él con todas sus fuerzas», lo cual implica tanto la cooperación para resolver las causas estructurales de la pobreza y para promover el desarrollo integral de los pobres, como los gestos más simples y cotidianos de solidaridad ante las miserias muy concretas que encontramos» -EG,188.

Existe un vínculo inseparable entre nuestra fe y los pobres -EG, 48. Los pobres en la comunidad cristiana debieran ser los primeros a los que se les anuncie la Buena Noticia del reino de Dios, llamados a ser sujetos activos en la construcción de la nueva comunidad de hermanos, que es la Iglesia, y de la gran familia humana en este mundo.

La preferencia evangélica por los pobres sólo se cumple verdaderamente cuando estos dejan de ser contemplados únicamente como destinatarios de las «obras benéfico-sociales», y son considerados como auténticos iguales, verdaderos hermanos nuestros. Todas nuestras acciones deben llevar la «marca de origen» de la auténtica comunidad cristiana: la motivación evangélica, la apertura a los más desheredados y la sencillez.

Significa prestarles nuestra voz en sus causas, escucharlos, interpretarlos y recoger la misteriosa sabiduría que Dios quiere comunicarnos a través de ellos -EG, 198.

Mientras no se resuelvan radicalmente los problemas de los pobres, renunciando a la autonomía absoluta de los mercados y de la especulación financiera y atacando las causas estructurales dela inequidad, no se resolverán los problemas del mundo y en definitiva ningún problema. La inequidad es raíz de los males sociales -EG,202.

El destino universal de los bienes y la búsqueda del bien común, debieran ser los grandes principios organizadores de la sociedad. Francisco exhorta a descubrir en el cristianismo una religión esencialmente fraternal. La Iglesia debiera aportar modos comunitarios de existencia.

Para el servicio a los pobres habría que incluir en la pastoral el:

  • Emprender con valentía una evangelización en y desde la periferia
  • Fomentar la animación de la caridad como tarea de toda la comunidad
  • Animar la dimensión profética y evangelizadora de la caridad.
  • Superar la mera dimensión asistencial de la caridad impulsando su dimensión promotora de la persona y transformadora de la sociedad
  • Promover la formación transformadora de los agentes de la caridad.
  • Formar a los sacerdotes y seminaristas para el ministerio de la caridad.

6.- Actuar ante la crisis del compromiso comunitario. Los laicos, protagonistas de la nueva evangelización.

Ante la CRISIS DEL COMPROMISO COMUNITARIO, el testimonio. Un papel imprescindible de cara a fomentar el compromiso comunitario corresponde a los laicos.

  • «Ha crecido la conciencia de la identidad y la misión del laico en la Iglesia… Pero la toma de conciencia de esta responsabilidad laical que nace del Bautismo y de la Confirmación no se manifiesta de la misma manera en todas partes. -EG,102
  • Su incidencia en la sociedad: «Si bien se percibe una mayor participción de muchos en los ministerios laicales, este compromiso no se refleja en la penetración de los valores cristianos en el mundo social, político y económico. Se limita muchas veces a tareas intraeclesiales sin un compromiso real por la aplicación del Evangelio a la transformación de la sociedad. La formación de laicos y la evangelizaión de los grupos profesionales e intelectuales constituyen un desafío pastoral importante» -Evangelii gaudium, 102.

El laicado es la gran asignatura pendiente del postconcilio.

La formación del laicado es una prioridad pastoral de máxima urgencia para toda la Iglesia

7- La animación de la espiritualidad de los agentes evangelizadores

El Papa trasmite una convicción: el Evangelio experimentado personalmente es causa de un gozo que debiera impulsar su anuncio. Evangelii Gaudium pone tres notas que son de una gran carga psicológica, social y cultural: Individualismo, crisis de identidad, caída del fervor, también la existencia de relativismo que lleva a:

  1. actuar como si Dios no existiera
  2. decidir como si los pobres no existieran
  3. soñar como si los demás no existieran -EG 80

«Evangelizadores con Espíritu quiere decir evangelizadores que oran y trabajan. Desde el punto de vista de la evangelización, no sirven ni las propuestas místicas sin un fuerte compromiso social y misionero, ni los discursos y praxis sociales o pastorales sin una espiritualidad que transforme el corazón». -EG, 262

Este tiempo de crisis ha puesto de manifiesto que todavía para muchos cristianos -¿la mayoría? los problemas sociales están muy lejos de sus planteamientos de fe y espiritualidad, o, dicho de otro modo, que todavía la fe y espiritualidad de muchos está muy alejada de los problemas concretos de la realidad.

8.- Educar la «conciencia social»

Parece imprescindible que ante los retos tan significados que se han descrito en los apartados anteriores, pongamos como objetivo tanto de la evangelización de lo social como de la renovación y reforma social, «la educación y la formación de la conciencia social» como una prioridad urgente y un desafío para la Iglesia en este mundo globalizado.

La solidaridad que nos propone la civilización del amor es una solidaridad responsable y vinculante. Es algo más que una virtud personal. Es también un principio de organización de la sociedad a todos los niveles. No podemos reivindicar la sociedad civil y dejar el Estado a los partidos. Se trata de promover una cultura de la legalidad, que permita la promoción del bien común y que eduque al respeto de la legalidad, comenzando por las instituciones que deben ser ejemplares en el respeto de la ley. Nos debe preocupar la ética con la que se trabaja en la administración pública. Debemos exigir a las administraciones públicas el compromiso con los más necesitados, que no se gasten lo que no vamos a tener.

La educación social representa una tarea de primer orden en estos tiempos difíciles y delicados. Debemos educar para:

  • ser protagonistas: ser capaz de hacerse cargo de los problemas del propio tiempo y del propio ambiente.
  • educar para participar en una sociedad profundamente necesitada de construir tejido social. Uno de nuestros hechos históricos permanentes es la escasa consistencia de la sociedad civil, que en la vida real se traduce en el abandono de responsabilidades individuales en manos del Estado.
  • promover la formación de un voluntariado que participe en asociaciones, organismos, campañas, en favor de las cuestiones desafiantes de nuestro tiempo.
  • educación para la justicia. Educar para que los hombres conduzcan su vida en su totalidad según los principios del Evangelio aplicados a la moral personal y social, y manifestado en un testimonio profundamente cristiano.

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