El Papa Francisco da luz verde a la beatificación de cuatro sacerdotes operarios entre ellos el zarceño Aquilino Pastor

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El pasado 30 de septiembre el papa Francisco ha autorizado a la Congregación para la Causa de los Santos a promulgar el decreto concerniente al martirio de los Siervos de Dios Francisco Cástor Sojo López, Millán Garde Serrano, Manuel Galcerá Videllet y Aquilino Pastor Cambero.

Se trata de miembros de la Hermandad de Sacerdotes Operarios Diocesanos que dieron su vida por Cristo cuando ejercían como formadores en los seminarios de Ciudad Real, León y Baeza. Todavía queda por establecer cuándo podrá llevarse a cabo la ceremonia de beatificación.

Aquilino Pastor Cambero nació el 4 de enero de 1911 en Zarza de Granadilla -diócesis de Coria-Cáceres. Estudió en el Seminario de Coria desde 1922 a 1932 y en el Seminario Central de Toledo entre 1932 y 1934. Durante el curso 1934-1935 estuvo en la Casa de Probación de la Hermandad en Tortosa. Ingresó en la Hermandad el 1 de septiembre de 1934 y fue ordenado sacerdote en Plasencia el 25 de agosto del año siguiente. Fue enviado al Seminario de Baeza -Jaén donde ejerció como prefecto de alumnos, profesor y bibliotecario.

El 20 de julio de 1936 el Seminario fue violentamente clausurado. Los siervos de Dios Aquilino Pastor y Manuel Galcerá, director espiritual, se refugiaron en algunas casas. El día 28 de agosto de 1936, sin que mediara juicio ni proceso alguno, don Aquilino y don Cristóbal Torres -estudiante de 21 años, presidente de Acción Católica fueron conducidos al «Cerrillo del Aire», a unos 9 kilómetros de Baeza, en el término municipal de úbeda -Jaen, donde fueron asesinados. Testigos presenciales afirmaron que iba al martirio con semblante alegre y dando vivas a Cristo Rey.

Ese día se cumplía el aniversario de su primera Misa, celebrada en la iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción de Zarza de Granadilla. Tenía 25 años, y uno de sacerdote. Sus restos descansan en la cripta de la Catedral de Baeza.

Un testigo declaró en el proceso: «Era don Aquilino sacerdote de vida ejemplar, apóstol de la juventud y amante de la Eucaristía». Y otro confesó: «Perdura en mi memoria la imagen de este maravilloso sacerdote, que se distinguió siempre por su buen hacer y por su bondad. Sus contemporáneos no dudaron nunca en ensalzar las grandes cualidades de este sacerdote, tan querido por todos nosotros». Tenía, además, una gran devoción al Corazón de Jesús y se caracterizó por ser obediente y por su entrega al ministerio.

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