“El sacerdote debe hacer de la misericordia su principal virtud” Encuentro de sacerdotes extremeños en Guadalupe

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Tras la reciente celebración de patrón de los sacerdotes, San Juan de ávila, un gran número de curas extremeños -180 entre sacerdotes y seminaristas, atendiendo a la llamada de sus obispos, -también presentes, don Francisco Cerro, obispo de Coria-Cáceres, don Amadeo Rodríguez Magro, obispo de Plasencia y don Celso Morga, Arzobispo de Mérida-Badajoz, se han reunido hoy en Guadalupe para celebrar el Jubileo del Año Santo Guadalupense.

Se trata este de un año especial para la Iglesia Universal, inmersa también en el Año Santo de la Misericordia. A este asunto ha aludido también José Octavio Ruiz Arenas, secretario del Consejo Pontificio para la Evangelización, en la ponencia que ha ofrecido este jueves 12 de mayo a todos los sacerdotes. «Estamos llamados para servir a los hermanos como hombres de Dios«, les ha dicho. «Nuestra vocación es el gran tesoro que llevamos dentro, pobres, para servir a Dios en los hermanos«

En varias ocasiones se ha referido a Jesucristo como gran guía y referente para que los sacerdotes desempeñen adecuadamente su ministerio: «Estamos llamados a la santidad, dejándose guiar por el Espíritu, configurándose con Cristo, sacerdote y pastor. Es contemplando la cruz como podemos conocer mejor a Cristo y sentir su amor y misericordia«

También Ruiz Arenas ha recordado las palabras de San JuanPablo II, afirmando que sin sacerdotes no podría llevarse a cabo el mandato misionero de Jesús a la Iglesia: «Id al mundo entero…».

Por último se centró en el sacerdote como ministro de misericordia, indicando que para esta labor hay que acercarse y conocer a la humanidad y principalmente sus situaciones de periferias. «El sacerdote debe hacer de la misericordia su principal virtud«. En palabras del Papa Francisco: «La misericordia del sacerdote es tener un corazón que se conmueva con las ovejas, sobre todo con las que necesitan ser consoladas y sanadas«. Ha recomendado a los presentes, cuando administren el sacramento del perdón, que se pongan en el lugar del penitente: «incluso sufrir con él, sin ser ni de manga ancha ni estricto. El confesionario no debe ser una sala de tortura Sino un remanso de amor. Los confesores, son signos del primado de la misericordia». Para muchos confesarse es un signo de humillación, pero a veces, destaca el secretario del Consejo Pontificio para la Evangelización es porque no encuentran sacerdotes que les ayuden a vivir el perdón.

José Octavio Ruiz Arenas les ha pedido a los sacerdotes extremeños que no dejen de anunciar el Amor, a Jesucristo: «El auténtico discípulo anuncia la alegría de haberse encontrado con Cristo e invita a los demás a descubrir a Jesús. Cuando el discípulo está enamorado de Cristo no puede dejar de anunciar su amor a los demás«.

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