“El trabajo es un derecho no un favor que le hacemos a la persona”

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María Pacheco es coordinadora del Programa de Empleo de Cáritas Diocesana de Coria Cáceres desde el 2008

– ¿Cuántos años llevas preparando a personas para la vida laboral?

Desde el año 2008 formo parte del programa de empleo de Cáritas de Coria-Cáceres. Ahora estamos cinco preparando a personas para la vida laboral.

– Suelen ser perfiles de personas en riesgo de exclusión o con situaciones de vida complicadas, ofrecéis distintos cursos para apoyarles en la incorporación al mundo laboral.

El empleo es una de las primeras formas que se nos vienen a la mente cuando pensamos en la inclusión social. La primera manera de incluirnos dentro de la sociedad: tener unos ingresos, sentirnos útiles y tener un mínimo de relaciones sociales con otras personas. La formación es una de las fórmulas de activación más importantes para que la persona desempleada busque opciones y posibilidades para mejorar su inserción. Nosotros tenemos claro que, si la persona quiere trabajar, trabaja. Al final es una cuestión de motivación.

¿Cómo ves la situación en el mundo laboral?

Luchamos por el trabajo decente. Muchas de las condiciones laborales y sobre todo en los sectores en los que trabajan las personas en situación de exclusión, con las que Cáritas fundamentalmente realiza su labor, son trabajos precarios, con mucha economía sumergida.

Destacaría también la realidad de los trabajadores pobres: personas que no salen de su situación de exclusión incluso trabajando. Esta es una realidad a la que nos vamos a tener que enfrentar. El mundo laboral es complejo: los empresarios, los trabajadores, las personas desempleadas… cada uno lo vive de una forma.

– Desde tus inicios, ¿qué logros se han conseguido y en qué se tiene que seguir trabajando?

Se han conseguido muchas cosas. Por ejemplo, en relación a las trabajadoras del hogar, han mejorado sus derechos, nadie se plantea ya que no tengan contrato…  También la participación de empresarios y empresas para facilitar empleo a personas en situación de exclusión. La promoción del autoempleo, las empresas de inserción, los centros especiales de empleo…

Sin embargo, hay cosas por conseguir. Tenemos que seguir trabajando para concienciar a todos que el trabajo es un derecho, recogido en la Constitución. No es un favor que le hacemos una persona. Por otro lado, ya lo habíamos detectado antes de la pandemia, pero ahora más, cada vez va a haber más analfabetos digitales.

-¿Cómo se vive este acompañamiento como educadora social y a nivel personal? ¿Cómo te sirve a ti?

Lo más importante para las personas al final es el acompañamiento. Sentirse acompañadas, que tienen a alguien que les va a ayudar y a apoyar. Tanto en mi equipo como los voluntarios de las cáritas parroquiales, que están ahí acogiendo y conteniendo mucho dolor.

A nivel personal te afecta conocer las historias de la gente. Son momentos difíciles que emocionan mucho. Me sirve para no juzgar a nadie porque por una mala decisión cualquiera puedes estar al otro lado de la mesa. Cuando me levanto todos los días por la mañana doy gracias a Dios por lo que tengo y cuando llego a la puerta de Cáritas, de mi parroquia… pues soy consciente de lo bueno que tenemos: nuestro trabajo, nuestra familia, nuestro hogar… Y que hay que merecérselo cada día porque hay gente que lo está pasando muy mal.

 

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