En la Iglesia falta presencia laical

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Dña. Myriam Cortés Diéguez, rectora de la Universidad Pontificia de Salamanca, ofreció, dentro del VIII Congreso Teológico Pastoral de la Diócesis de Coria-Cáceres, una ponencia sobre: «La mujer en la Iglesia, un estatuto para la mujer». Recogemos algunas ideas.

En todo el mundo, haciendo una radiografía, hay más analfabetismo, más carga de las tareas familiares, en la política pocas mujeres en cargos destacados, en el sector privado muchas menos mujeres que hombres en los puestos directivos, en las universidades sucede lo mismo. Para muestra un botón: en 800 años de historia, soy la primera rectora, ha sido precisamente la universidad de la Iglesia, la que se ha estrenado en la comunidad universitaria de Salamanca la que se ha estrenado con una mujer.

la doctrina social de la iglesia ha ido avanzando sobre la mujer. Los papas del siglo XIX eran grandes defensores de los trabajadores, así la Rerum novarum, pero solo bien entrado el siglo XX prestaron su atención a su mujer. La reclamación de los derechos femeninos había avanzado notablemente y será Juan XXIII quien ponga de manifiesto su dignidad e igualdad de derechos respecto del varón: Novedoso es que una papa solicitase medidas para conciliar trabajo y familia, superando la vieja afirmación de que la mujer está para las tareas domésticas -cosa que recoge Rerum novarum.

En el mensaje final del Concilio a las mujeres, se encuentra el primer reconocimiento oficial que hace la iglesia a propósito de la ayuda que la mujer, llena del espíritu y del evangelio, puede ofrecer.

Su punto álgido llegó con Mulieris dignitatem de Juan Pablo II, carta a las familias, carta a las mujeres, primer documento del magisterio papal dedicado totalmente a la mujer.

Eva no es tentadora de Adán sino compañera y el marido no es cabeza de la mujer, hombre y mujer son imagen y semejanza de Dios; igualdad en la diversidad. Ambos cónyuges tienen iguales obligaciones.

Benedicto XVI, como prefecto para la doctrina de la fe, fue enorme, pero ya como pontífice también. El papa francisco recoge todo esto y en Evangelii Gaudium reconoce claramente que las reivindicaciones de las mujeres plantean a la Iglesia profundas preguntas que la desafían y no se pueden eludir. Nueva evangelización donde debe estar presente la mujer. La sociedad eclesial tiene que responder al desafío de la misión de la mujer en la iglesia, debe pasar del reconocimiento teórico a la realización práctica, perder la presencia femenina es un empobrecimiento.

Myriam se pregunta por qué las religiosas estudiaban poco o nada derecho canónico. Esa falta de formación en las religiosas es una pobreza, porque ellas no necesitan a los sacerdotes más que para los que el clérigo es necesario.

Muchas veces el debate se ha centrado en el acceso de la mujer, en mi opinión erróneamente, al poder, pero eso solo afecta a la función, no a la dignidad ni a su santidad, solo a un ejercicio. Clericalizar a las mujeres es un desconocimiento de la doctrina y querer ignorar la gran riqueza de ministerios que pueden ofrecer en la iglesia. Si ponemos el énfasis en el ejercicio del ministerio de todos los fieles bautizados, desaparecen diferencias entre hombre y mujer, laico y consagrado, etc. Para apoyar su comprensión, el Papa dijo que María es superior que los apóstoles, quién puede pensar que los apóstoles fueron más dignos.

No comparto la obsesión de algunas mujeres por ocupar el espacio de los hombres. La política de cuotas, impuesta, entiendo que con buena intención, es una ofensa contra el genio femenino, quedará la sorpresa de si lo hemos conseguido por mérito o por derecho. En condiciones de igualdad, en condiciones de mérito y capacidad.

EL ESTATUTO DE LA MUJER

La mujer, después del concilio ya tiene un estatuto, lo más destacado no es lo que dice, si no lo que no dice. El estatuto actual, habla de fiel y laica, un nuevo estatuto solo para ella sería muestra de que no somos capaces de dejar espacio para cumplirlo.

Es necesario una labor de concienciación, el papa está colaborando activamente en ella. Modificar la legislación donde haya impedimentos para que la mujer esté presente.

HISTORIA

Sabemos por los estudiosos que en los primeros siglos el laicado cristianos tenía gran intensidad, y que no había diferenciación con los clérigos.

El vaticano II vuelve a los orígenes, no fue fruto de las modas. En los orígenes no se hablaba del principio de igualdad de los bautizados, simplemente porque se vivió. A través de la imposición de manos, el ministerio ordenado se pone al servicio a los demás. A partir del siglo IV, los laicos van perdiendo importancia, por ejemplo en el nombramiento de obispos, en parte por la falta de formación y nivel cultural, el derecho canónico posterior de Graciano, siglo XII, tampoco ayudó que se aplicara hasta el código del 1917 y no se refiera a la fuentes, a las mujeres viudas ni a las diaconisas, sino que muestra la imagen masculina de Dios, superioridad del varón a la mujer. El canon 17 decía que las mujeres están sujetas al dominio del varón y no tienen ninguna autoridad. Consecuencia es que la mujer no podía tocar los vasos sagrados, ni bautizar, ni denunciar a los clérigos, ser testigos en juicios.

A principios del siglo XX san Pio X presenta a la sociedad jerárquica en dos categorías: pastores y rebaño. Añade que solo en la categoría de pastores reside la autoridad, y la multitud debe obedecer dócilmente. Una mentalidad que era de la sociedad civil.

La primera codificación del derecho era muy parca sobre los laicos, y estaba estructurada sobre la jerarquía eclesial. Todavía faltaba por hacer la teoría del laicado. El nivel cultural de clero y religioso era alto. El laico no era ni clérigo ni religioso, las referencias a ellos se limitaban a participar en el culto, recibir sacramentos… no están consagrado al servicio de Dios.

El canon1520 del viejo código prohibía la presencia de mujeres en el consejo diocesano de administración. Otras eran medidas de protección, penas más benévolas, que las religiosas ingresaran con una dote para garantizar su supervivencia. Solo unos pocos años antes del concilio hubo una intensa reflexión teológica sobre el laicado. A mitad del siglo XX ya comenzaba la escasez de vocación en Europa.

La iglesia no ha encontrado una definición satisfactoria de lo que es el laico. Lector, acólito, por qué se llaman ministerios laicales si son un paso previo al sacerdocio, se hubieran seguido llamando clericales. En la XII Asamblea Ordinaria del Sínodo de los obispo en 2008 solicitaron que las mujeres pudieran ser incluidas como lectores. En Verbum Domini del 2010 no fueron recogidos. Las mujeres solo pueden ser lectores por encargo temporal.

La presencia del laico es importantísima en los consejos diocesanos de pastoral. Abriendo la posibilidad de consultar y de decidir. La vida de la iglesia particular depende mucho de esto.

Todas las funciones del diácono las puede realizar un laico. Quitando la homilía y de momento solo de forma temporal. Habrá que estudiarlo.

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