“En Mozambique las familias todavía no valoran la educación”

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En la imagen el obispo de Nacala con el obispo de Coria-Cáceres y el Vicario General.

Monseñor Alberto Vera, obispo de Nacala, en Mozambique, ha recorrido nuestra diócesis para dar a conocer su misión. La misión de Chipene fue asaltada y quemada, y asesinaron a una misionera entre otras personas locales en septiembre de 2022. En la actualidad, la Diócesis de Nacala acoge a más de 50.000 desplazados como consecuencia de la guerra y ataques yihadistas en la provincia vecina de Cabo Delgado. 

-Un riojano que acaba en tierras africanas. ¿Cómo ha sido su experiencia en estos años?

Tengo 25 misiones, cada una podría ser, yo creo que casi, como una provincia de España. No como una provincia, pero casi. Tengo misiones que tienen 3000 kilómetros cuadrados como el caso de Chipene. Dentro de estas misiones funcionan con muchas pequeñas comunidades. Cuando hay un grupo por lo menos de 20 o 30 que son cristianos y que tienen una participación continua, entonces ahí se organiza la estructura base animadora de la comunidad catequista, un grupo coral, de animación y ministerio, principalmente de caridad. Estos son los tres elementos fundamentales.

Tenemos un objetivo grande en la promoción de la mujer, tanto a nivel de trabajo, a nivel de producción, a nivel religioso, a nivel de educación… en todos los campos. Y esas pequeñas comunidades forman parte de un grupo de cinco o seis que llamamos zona. Y cuatro o cinco zonas, una región. Y ese es el sistema. Dos sacerdotes están al servicio de ochenta o cien pequeñas comunidades. Y, por lo tanto, hay un trabajo ministerial del laicado muy grande y muy fuerte.

-¿Cuál es el objetivo principal en este momento en la diócesis?

Uno de los objetivos principales que tenemos en la diócesis es la formación de los laicos, la formación de los catequistas. Tenemos unos cursos durante cinco semanas anuales que se llama ‘formación de formadores’, para que estos laicos, que sean un poco más comprometidos y más capacitados, luego también se conviertan en formadores en sus misiones.

-En su recorrido por nuestra diócesis ha contado que la realidad eclesial allí es diferente a occidente: celebraciones de casi tres horas donde se canta, se celebra, se vive y se implica toda la comunidad. Y también otra diferencia sustancial a nivel social: hay niños que no pueden seguir estudiando porque no se les permite.

El reto es que los niños sigan formándose, sigan acudiendo a la escuela, puedan tener una formación en secundaria. La población es joven, el 50% de la población tiene menos de 16 años. De los 6 que se comienza a los 18 que termina secundaria, están en edad escolar. Y ese grupo tiene posibilidades en la mayoría de los lugares de estudiar primaria.

Hay un problema y es que todavía hay familias que no valoran la educación. Entonces, los hijos, están en casa, y van a la escuela a lo mejor uno o dos años, pero no van todos los días. Cuando comienza la época de la siembra, o de la cosecha, se los llevan al campo, interrumpen sus clases y, claro, cuando quieren reanudar, se quedan atrás. No saben leer ni escribir, son analfabetos. Esta es una realidad triste.

Y después, escuelas secundarias hay una en cada distrito, que puede ser como media provincia de Badajoz o de Cáceres. ¿Y qué pasa? Los que han estado en primaria tendrían que caminar 20 o 30 kilómetros o ir a vivir a la sede del distrito con algún familiar, lo cual ya es una carga, porque las familias tienen todas 5, 6, 8 hijos.

Por eso, en nuestras misiones tenemos residencias para jovencitas y para jovencitos. Aquellos jóvenes que vemos que tienen interés, que se han esforzado en el estudio y que al mismo tiempo tienen capacidad, los recibimos en la misión y se les da oportunidad para que estudien secundaria en la escuela pública.

En la misa de catequesis de la parroquia de Guadalupe

-Nos ha hablado de grandes retos. La promoción de la mujer, la promoción del laicado con su formación, y sobre todo, la educación escolar…

Es uno de los aspectos en los cuales hacemos más fuerza y estamos trabajando es la educación. Ofrecer una serie de escuelas de primaria y de secundaria y unos institutos politécnicos, en los cuales intentamos que los jóvenes por lo menos terminen su etapa de pre-universitario y al mismo tiempo en los institutos politécnicos que aprendan algún tipo de oficio.

En cada uno de los institutos, una de las bases es agropecuaria, puesto que el 80% son campesinos, para que mejoren sus cultivos, para que produzcan, para que aprendan un poco más metodología. Entonces, ese es uno de los grandes desafíos. Necesitamos ayuda, claro, para que muchos jóvenes puedan llegar a estos centros, tenemos un Instituto Politécnico, que tiene 800 alumnos internos. Cuando terminan, la verdad es que ya tienen su formación y muchos encuentran trabajo.

Entonces esa es una línea de trabajo pastoral, la pastoral educacional, que al mismo tiempo que está formando hombres de futuro, capacitados, para que tengan oportunidades de trabajo y de autoempleo, también está creando hombres y mujeres de valores.

-En la zona hay una mayoría musulmana, ¿cómo es la situación?

La diócesis de Pemba, la de Nampula, la de Nakala y parte también de la diócesis de Kelimane, es una zona en la costa mayoritariamente musulmana.

Estos musulmanes llegaron ahí en el siglo VIII como comerciantes, y se quedaron a vivir de la pesca. Grupos árabes que vinieron hacia Tanzania y de ahí al sur hasta la isla de Mozambique. De hecho, Mozambique se llama así por Mosa Bique, bique era el nombre de un ‘mosa’, un título de un comerciante musulmán.

La religión musulmana de la zona es un poco una religiosidad de costumbre. Tienen sus reglas básicas, muchos no entienden por qué, pero las practican. Es un poco parecido también a la religiosidad católica cristiana que tenemos en Europa.  La base que está en Europa es el cristianismo. Y hay mucha gente que vive el cristianismo, únicamente falta la práctica religiosa. No van a iglesia, dicen, no, yo no creo en la Iglesia… Bien, pues allí es algo parecido. El pueblo practica la oración, practica el ayuno, el Ramadán, la limosna, pero lo practica de una forma de costumbre. Puede ser un buen musulmán, pero luego es un comerciante corrupto o un gobernante corrupto.

-¿Cómo conviven con el fanatismo religioso y los atentados?

El trato con todo el mundo musulmán suele ser muy pacífico. Simplemente hay un sector más radicalizado. Esto viene más o menos de los años 90, en que se enviaron jóvenes a estudiar al norte de África, a Arabia, a Dubai… a estos sitios. Y cuando regresaron, lo hicieron con ideas un poco fanáticas de su religión. De hecho, los inicios de la guerra en Cabo Delgado no destruyeron iglesias, destruían mezquitas, consideraban que eran malos musulmanes o que se habían desviado del verdadero islam.

En este último año, el grupo de terroristas se ha reducido, debido a la acción del ejército de Ruanda. Parece ser que ahora sí que está bastante más fanatizado y está orientado a la destrucción de misiones, a la muerte de cristianos, y eso es lo que pasó el día 6 de septiembre en la parroquia Misión de San Pedro de Lurio. Entraron y el primer disparo fue contra una hermana María de Copi, de 83 años, hermana comboniana. Y, a partir de ahí, quemaron la casa, la residencia de las niñas, la casa de los padres, la residencia de los jóvenes y toda la misión, lo destruyeron todo. El mensaje que nos dejaron es ‘queremos que os vayáis de aquí, no queremos cristianos, no queremos escuela, no queremos educación, queremos que los jóvenes vayan a las madrazas’.

La sociedad mozambiqueña ya ha superado esto. Hay algunas madrazas donde jovencitos y jovencitas van para aprender el Corán y esos no suelen participar en la educación estatal, en el sistema nacional de educación. Y esto es lo que también estamos trabajando.

-Un trabajo que realizan junto a líderes musulmanes.

Tenemos una comisión interreligiosa, estamos trabajando en Nampula y en Nacala, con algún religioso que se formó en Egipto. Nos reunimos los líderes musulmanes, porque son varias secciones distintas, Consejo Musulmán, distintos grupos que existen en Nacala y con los líderes católicos y también líderes cristianos. Estamos intentando tener un diálogo a nivel de líderes, pero al mismo tiempo estamos trabajando con algunas ONG’s italianas que hay en la zona, la Cáritas Diocesana y la propia diócesis.

Entonces haciendo trabajo de campo con jóvenes y con mujeres de barrios pobres. Se hacen reuniones, va un sacerdote, va un jeque… y entonces se dialoga y se media sobre aquellos problemas del día a día.

-Es maravillosa esa ingente labor que están haciendo en esa zona. Animamos a los diocesanos a apoyar todos esos proyectos de forma económica, a través de la delegación de misiones.

Y oren mucho también.

-Por supuesto. Oramos por todos ustedes. Monseñor Alberto Vera, obispo de Nacala, muchas gracias por contarnos esa rica labor de la iglesia, ese diálogo interreligioso donde se apuesta por los jóvenes, por las mujeres, por la formación de los seglares y por supuesto, gracias por ese trabajo diario siendo testigos del Evangelio.

Muchas gracias también a vosotros.

 En la Eucaristía en San Pedro de Alcántara

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