Entrevista a las Hijas de Santa María del Corazón de Jesús: «Merece la pena dar el paso, decirle sí al Señor»

Con motivo de la jornada mundial de la vida consagrada, que celebramos el día 2 de febrero, hemos hablado con una de la comunidades de religiosas presentes en la Diócesis de Coria-Cáceres, las Hijas de Santa María del Corazón de Jesús.

Carisma reciente en la Iglesia, aprobado en 1998 por San Juan Pablo II como Instituto de Derecho Pontificio, tiene su casa general en Galapagar -Madrid y en la Diócesis ayudan desde hace casi dos años en el Seminario diocesano de Cáceres.

La media de edad de las más de 600 hermanas que conforman este carisma en España y América es de 35 años, según explica la superiora en Cáceres, la hermana María Araceli.

«No dejamos la vida de nuestra familia, del mundo, de nuestros sueños e ideales porque sea malo, sino porque hemos encontrado algo mejor. Todos, como jóvenes, tenemos ideales, sueños, proyectos, pero Dios, en un momento dado de nuestra vida, se cruza en nuestro camino y te das cuenta de que te pide algo más. Si estás así, no dudes en responder porque es mucho más lo que se recibe de lo que se da», expone la hermana María Araceli.

La hermana Mar de María, de Méjico, quien ingresó en el noviciado en Guadalajara -Jalisco en 2010 nos cuenta su testimonio:

«Cuando estaba estudiando la licenciatura en Nutrición, en Veracruz, Jesucristo me pidió esa consagración. Yo estaba muy bien familiarmente, en la universidad, socialmente. Llevaba una vida cristiana en las comunidades neocatecumenales, era una chica feliz y jamás me planteé la vida religiosa. Todo pintaba bien, por así decirlo. En un momento dado Dios me pidió que le siguiera en la vida religiosa, me mostró la vocación, con una llamada, cuando le pregunté qué quería de mí, en esa sinceridad en la que un joven se pregunta cuál es la voluntad de Dios», afirma.

La hermana Mar de María lleva más de cuatro años en España y asegura que, tras responder a la llamada ingresando en el noviciado, se ha dado cuenta de que es la «fidelidad de Dios la que te sostiene realmente, la que te muestra ese tesoro escondido de la vida religiosa».

A su juicio, esto «no es cerrarse al mundo», sino acogerlo «de otra manera», «desposarte con Jesucristo para estar en el mundo de otra manera», con los tres votos de castidad, pobreza y obediencia.

Así pretende amar a la humanidad, como madre, de una manera distinta, no humana, con el voto de la castidad; estar libre para lo que Dios quiera de ti, con el de pobreza; y acoger la paternidad de Dios a través de un superior, con el de obediencia.

«No es una negación, es una nueva libertad para poder vivir entregada a Dios», explica la hermana.

Por su parte Azucena de María, de Guatemala, donde conoció a las hermanas, lleva diez años en la congregación. La hermana señala que empezó el noviciado en su país, donde fundaron una casa para las vocaciones nativas, mientras que el último año de formación lo realizan en España, en la casa madre.

Azucena de María recomienda a las chicas que estén en duda de si entrar o no en una congregación religiosa que le pregunten a Dios «dónde hacer su voluntad, porque el fin de todas las almas es ser santas, como el Señor nos lo pide».

«Sí que vale la pena dar el paso, el Señor te da la gracia, sí que vale la pena decirle que sí», asegura.

Si quieres ampliar información sobre esta congregación, las Hijas de Santa María del Corazón de Jesús puedes entrar en su web www.hsmcj.org o acercarte al Seminario diocesano, donde están realizando su labor actualmente.

Vicente M. Roso

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