Escudo y lema episcopal de Mons. D. Jesús Pulido Arriero

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Escudo y Lema episcopal

En el escudo del nuevo obispo, sobre campo de azur ondulado, se alza, partiéndolo en cuatro, una crux immissa de oro, en cuyo centro se encuentra el emblema de la Hermandad de Sacerdotes Operarios Diocesanos, a la que pertenece don Jesús. La cruz de Cristo encarna el misterio de la voluntad salvífica de Dios. El triángulo de las manos en el centro recuerda que, en la cruz, Dios estaba reconciliando consigo al mundo, y que la unidad de la Trinidad es la fuente y el modelo de comunión eclesial, de fraternidad presbiteral y de solidaridad humana.

En la parte superior, a la izquierda de la cruz, aparece la figura del Espíritu Santo, representado con una paloma en plata, nimbada en oro, de la que descienden lenguas de fuego en gules. En el flanco derecho encontramos el libro de las Sagradas Escrituras abierto, nuevamente en plata y, sobre él, una estrella de oro de ocho puntas.

A los pies de la cruz, en el flanco derecho, hallamos el anagrama de María en plata y, en el flanco izquierdo, un cordero, también en plata, portando báculo de oro, que representa a los apóstoles, a los que Jesús confió el cuidado de sus ovejas.

Para que todos los hombres se salven, la Iglesia confía a los obispos el anuncio constante y fiel de la Palabra, fuente luminosa de verdad y de vida. Para que su testimonio sea verdaderamente creíble, han de encarnar la Palabra que predican, siguiendo el modelo consumado de María, Madre de la Palabra hecha carne. Los sucesores de los apóstoles tienen la misión de pastorear la grey santa en la persona de Cristo y contando con la asistencia de aquel mismo Espíritu que fecundó los comienzos de la Iglesia naciente.

-Nota: en cursiva los nombres atribuidos en heráldica a los diferentes colores. P.ej. gules: rojo, plata: blanco, oro: amarillo, azur: azul

Lema episcopal

El nuevo obispo ha elegido como lema: MINISTERIUM RECONCILIATIONIS evocando 2 Cor 5, 18-20: Todo procede de Dios, que nos reconcilió consigo por medio de Cristo y nos encargó el ministerio de la reconciliación. Porque Dios mismo estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo, sin pedirles cuenta de sus pecados, y ha puesto en nosotros el mensaje de la reconciliación. Por eso, nosotros actuamos como enviados de Cristo, y es como si Dios mismo exhortara por medio de nosotros. En nombre de Cristo os pedimos que os reconciliéis con Dios.

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