“Espero cumplir algunos años más para seguir colaborando con la parroquia”

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Ovidio y Diego han colaborado en la puesta a punto la casa parroquial de Palomero para la llegada de un nuevo sacerdote a la localidad. Así, hacen realidad lo que se nos pide en el Evangelio, poner al servicio de la comunidad nuestros talentos. Esta es su historia.

La Iglesia tiene una enorme tarea a nivel social y pastoral. En el caso de la Diócesis de Coria-Cáceres, cuenta con un centro de promoción del trabajo, 112 centros para mitigar la pobreza, un centro de menores y jóvenes y otros para la tutela de la infancia, un centro para la defensa de la vida y la familia, un Colegio Diocesano y otros centros de formación, un centro de rehabilitación para personas con adicciones, un centro de asistencia a emigrantes y refugiados, un centro para la promoción de la mujer y 11 casas para ancianos, enfermos crónicos y personas con discapacidad… Son sólo algunos datos de las necesidades que atiende la Diócesis de Coria-Cáceres.

Aunque, por supuesto, son necesarias las aportaciones económicas para seguir sosteniendo todas las realidades. Se puede hacer a través del bizum, 38376 o a través del portal www.donoamiiglesia.es, a través de las colectas y las suscripciones en las parroquias. Pero también es necesario colaborar con nuestro tiempo y nuestros talentos, para cuidar entre todos de la gran familia de la Iglesia.

Nuestra diócesis cuenta además con más de 160 parroquias, muchas de las cuales necesitan nuestra ayuda para seguir manteniendo los servicios que prestan porque tienen poca población.  Pero detrás de todos esos datos, están personas, historias, oportunidades…

Una de esas historias es la que hoy te contamos, la de Ovidio y Diego, dos amigos, que han puesto sus talentos al servicio de su comunidad, para poner a punto la casa parroquial de Palomero para la llegada del nuevo párroco.

Ovidio Hernández Alonso es natural y vecino de Palomero. Tiene 82 años cumplidos y espera “cumplir muchos más”, cuenta entre risas. A su lado, Diego Sánchez Sánchez, en la misma situación que su amigo, oriundo de Palomero. Tiene 75 años. “Como dice mi compañero, espero cumplir algunos más, para seguir colaborando con la parroquia y con lo que haya que hacer”.

Quizá algunos lectores no conozcan la zona y pedimos que resalten algo sobre su pueblo. Lo tienen claro. “Palomero es un pueblo cariñoso y amable”, se adelanta Oviedo, mientras Diego asiente: “muy acogedor, sobre todo para la gente de fuera. Y es un pueblo bastante unido”.

Palomero tiene unos 411 habitantes. “Antes éramos más”, se lamenta Diego, pero afirma resignado que “como todos los pueblos, va bajando”. Estamos en la España rural, ahora, que ha comenzado un nuevo curso, son 20 los niños y niñas que alegran las calles del pueblo.

Mientras caminamos por la zona, viendo la labor que han realizado en la casa parroquial, nos ponen al día de las novedades: el cambio político, con un nuevo alcalde, del que dicen que es “un chico joven y con ganas de trabajar” y que “le falta un poco de experiencia, pero ya la cogerá”, apostillan.

Experiencia le sobra a Ovidio y Diego, pero ilusión tienen la misma que el nuevo alcalde. En la parroquia hacen de todo. Abren las puertas media hora antes de la misa, tocan las campanas de forma manual… Cuentan que antes se tocaba por megafonía, “pero no suena ni igual, claro”, sentencian. Poca gente sabe tocar las campanas, “solamente dos o tres personas en el pueblo”.

También se ocupan de encender las velas, asisten el altar, disponen el vino, el pan… y de cuestiones más sencillas, pero también necesarias, como encender ventiladores en verano. “Nosotros ayudamos a lo que haga falta. Y estamos pendientes si necesitan alguna cosa los sacerdotes”, apostillan.

También se encargan de la economía de la parroquia, anotan lo recogido en las colectas y mensualmente entregan los datos al sacerdote y a la tesorera, María Luisa, que también así colabora con su comunidad parroquial, gestionando las cuestiones económicas con la entidad bancaria.

¿Y cuándo se animaron a colaborar más con la parroquia? “Bueno, pues un día, pues hace ya unos cuantos años, después de que se fue el cura más mayor que había, nosotros entramos ahí a ayudar a la parroquia”, explica el dúo. Ovidio, empezó primero. “Y, luego ya entré yo y colaboramos pues con todo lo que haya que hacer”, añade Diego.

De esto hace ya diez años. “Yo comencé porque el sacerdote que mandaron fue don Miguel Roldán, fuimos compañeros en el seminario y seguimos con la amistad. Y cuando vino, como tenía cuatro parroquias, pues me dijo, ‘échame una mano y prepáramelo todo para que cuando llegue el domingo que vengo con el tiempo justo’. Así que, desde aquella fecha, pues yo me he encargado de todo menos de decir misa”, relata Ovidio, que añade que cuando fue niño estuvo dos años en el seminario.

Este verano, en previsión de la llegada de un sacerdote, sabiendo que la casa parroquial llevaba 10 años cerrada, decidieron ponerla a punto.

Primero empezaron a pedir presupuestos, se mandaron al obispado y luego, tras la aprobación y contratación de empresas, comenzó la albañilería, como el cuarto de baño o la cocina. “Sabíamos que estaba muy mal la casa, tanto de pintura como de limpieza, y nosotros nos hemos ocupado todo el tiempo de limpiarla, de pintarla…”. Así se les ha ido el verano, y han terminado su proyecto. “Hemos terminado. Está nueva, para el nuevo párroco que venga, se va a encontrar una casita decente, limpia y bien arreglada”, añadiendo que “Diego y su hija María Amor han sido los que han estado puestos ahí al cañón”. Incluso se pidió personal al ayuntamiento, al que agradecen que colaborase para ayudar con la limpieza.

Y de esa forma, donde antes no se podía vivir, porque llevaba ya años cerrado y no estaba en condiciones y ahora es una vivienda dispuesta para entrar a vivir. “Es una satisfacción poder ayudar de esta manera a la parroquia, claro. Y, vamos, es una satisfacción hacerlo. No es ningún trabajo, con ilusión, se hacen las cosas. Nos está sirviendo como distracción”.

Aprovechando la visita, hablan sobre la situación de este y otros pueblos de la zona, del nuevo sacerdote al que dicen van a recibir con los brazos abiertos y esperan que esté más tiempo también con ellos, para poder conocerle. También sobre todos los que colaboran en la Iglesia: las mujeres del coro. “Queremos agradecer también a todas las personas, aparte de nosotros, que ayudan en la parroquia”, prosiguen. “Lo único es que a ver si hay más colaboradores. Porque ya nosotros vamos mayores y a ver si algún joven se anima”.

María Amor, hija de Diego, no vive ya en el pueblo, pero “pertenezco en corazón, porque es mi pueblo y lo será siempre. Quiero resaltar que se mire por los pueblos, que se mire por el mundo rural, que los curas que vengan planten una pastoral diferente a la pastoral que hay en las ciudades. El cura tiene que estar en el pueblo, tiene que relacionarse con la gente del pueblo, vivir la esencia del pueblo. O sea, no es tanto las misas, las catequesis…, que es importante, lógicamente. En los pueblos también hay que estar en la vida, en la cultura, en la idiosincrasia de ese pueblo, en la economía de ese pueblo”, apostilla María Amor.

Palomero vive de la aceituna. “Que se pase por las cooperativas, por los sitios donde la gente se mueve. La pastoral de los mayores también tiene que estar presente. Yo le pido al cura que venga, que sea una persona abierta a la experiencia y que este trabajo con la casa parroquial sirva para que tenga movimiento, que no sea una casa cerrada, sino abierta, que pueda entrar la gente, a hablar, compartir… Con la ilusión de que venga contento, y nosotros lo esperamos con ilusión”.

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