9 octubre 2025
“Estamos apenas empezando: la sinodalidad no es cosa del pasado, sino del futuro”

ENTREVISTA AL PROFESOR JOSÉ SAN JOSÉ PRISCO
DECANO DE LA FACULTAD DE DERECHO CANÓNICO DE LA UNIVERSIDAD PONTIFICIA DE SALAMANCA
Don José San José Prisco, decano de la Facultad de Derecho Canónico de la Universidad Pontificia de Salamanca. Fue perito en la Asamblea del Sínodo sobre la sinodalidad y ha ofrecido este jueves 9 de octubre en Cáceres, dentro de la formación sacerdotal, una ponencia sobre las perspectivas teológicas y pastorales de la sinodalidad diocesana. Esta tarde a las 18 horas y abierta a seglares, religiosos e interesados en este tema la repetirá en el Seminario Diocesano.
¿Cuáles son los cambios necesarios en el Derecho Canónico para una Iglesia más sinodal?
—Es una pregunta muy amplia. Lo primero es que la comisión que creó el papa Francisco en la primera reunión de la Asamblea, en el año 23, todavía sigue funcionando. De hecho, nos hemos reunido hace tres semanas en Roma para presentarle al Papa los primeros avances de los cánones, unos treinta, casi todos del Derecho del Pueblo de Dios, del Libro II del Código —bueno, alguno del Libro I—, donde se intenta acomodar el Derecho Canónico, en una primera fase de implementación, a lo que es una Iglesia constitutivamente sinodal.
Sobre todo, se refiere a la función de los consejos, a la obligatoriedad en la diócesis del Consejo Pastoral y también en las parroquias, a los procesos de toma de decisiones, a la función del obispo… En fin, hay bastantes cosas. Bien distinto será que el Papa acepte la propuesta. Hay mucho trayecto todavía, porque están trabajando los grupos que el papa Francisco creó, y dos más que ha creado el papa León para la implementación de algunos temas que no se trataron en el Sínodo. Cuando ellos terminen, tendremos que ver qué aplicaciones canónicas corresponden. Es un trabajo largo y extenso.

También ha hablado de la presencia femenina en la Iglesia. ¿Cómo se puede avanzar en ese ámbito?
—Dos cosas. La primera, que es una petición del documento final del Sínodo; hay un número entero dedicado a este aspecto. Es verdad que, cuando se elaboró el documento, muchas mujeres presentes no querían que el número apareciera, entendiendo que, si hay igualdad entre hombre y mujer, lo que se dice de los laicos aplica a ambos. Pero, al final, se votó por una amplísima mayoría que apareciera, y así fue.
La presencia de la mujer en la Iglesia es evidente; ahora, la dificultad está en que asuman roles de responsabilidad de gobierno. En esto hemos avanzado, pero queda mucho por caminar. El Derecho Canónico actual ofrece una gama de posibilidades muy grande, y con las reformas habrá todavía más espacio.

Esta tarde ofrecerá dos conferencias, una a sacerdotes y otra a laicos. ¿Qué les va a pedir?
—A los sacerdotes, lo primero, que revisen, repasen y lean —si no lo han hecho— el documento final del Sínodo. Puede que estemos hablando en el aire si no lo conocemos bien. Les pediré que lo estudien, que subrayen los elementos que puedan servirles para su ministerio, no solo desde el punto de vista pastoral —que son muchos—, sino también para su formación interna, espiritual y doctrinal. Deben ser los primeros agentes en mover a la comunidad.
Y a los laicos les recordaré que no son sujetos pasivos de la misión, sino corresponsables y sujetos activos. No deben limitarse a esperar qué dicen los pastores, sino tomar iniciativas necesarias, colaborando con ellos en la misión común.

María Luisa Berzosa, también participante en el Sínodo, decía que “queda todo por hacer, pero hay que hacerlo juntos”. ¿Qué mensaje quiere transmitir usted?
—Lo primero, que estamos apenas empezando. Mucha gente cree que esto ya terminó, y es justo lo contrario: es algo del futuro que apenas comienza. Hay muchísima tarea por hacer, y, en gran medida, depende de los pastores poner en marcha las estructuras de corresponsabilidad necesarias para un anuncio creíble del Evangelio. Ese es el mensaje: estamos empezando.
No estamos terminando; apenas nos damos cuenta del trabajo grande e inmenso que hay que hacer. Tenemos que echarnos una mano y animarnos unos a otros, porque es tarea de todos.
Si miramos a la Iglesia dentro de 25 años, ¿cómo ve a la Iglesia?
—¡Uy, bendito sea Dios! Eso sí que no lo sé… No tengo ni idea.
¿Y cómo le gustaría que fuera?
—Me gustaría que las aportaciones hechas en este Sínodo estuvieran consolidadas. Por ejemplo, la participación de la mujer en las tareas de gobierno; la inclusión de personas con discapacidad en la toma de decisiones; la participación de quienes están en situación de vulnerabilidad o pobreza.
Que en todas las parroquias existan los consejos necesarios para que el párroco no camine solo; que en las diócesis el obispo haya celebrado un Sínodo o una asamblea diocesana. Que todo esto sea ya algo normal. Y, por supuesto, que el Espíritu siga dando cosas nuevas.
Muchas gracias
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