Fallece Sor Ángeles Ellinghaus, hija de la Caridad

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La Hija de la Caridad, Sor Ángeles Ellinghaus, ha fallecido este domingo 22 de enero. El funeral se celebra este lunes 23 a las 16.30 horas en la parroquia de Santiago en Cáceres. Actualmente se encontraba ayudando en la tención del comedor social de La Milagrosa en Cáceres. Descanse en la paz del Señor.

En 2021 dio su testimonio con motivo del Domund (en la imagen en primer plano con el entonces adminitrador diocesano, D. Diego Zambrano y el delegado de misiones, D. Jesús Luis Viñas)

Sor Ángeles Ellinghaus, estuvo nueve años en Madagascar y en la rueda de prensa del Domund 2021 contó algunas anécdotas de su tiempo allí, donde principalmente desempeñó labores relacionadas con la enfermería y la salud.

«No acabaría nunca de contar aquellos 9 años. Principalmente estuve colaborando con la leprosería: curarles, atenderles…

A los 15 días de llegar se me ocurrió irme sola a visitar algunos poblados. Al volver me equivoqué de camino y acabé en una selva. Mientras iba adentrándome recordaba el Salmo 22: «El Señor es mi pastor». Al final salí a un río y vi a un señor al otro lado que me ayudó a pasar, yo tenía miedo a hacerlo sola por la corriente. Al día siguiente, el capellán de la leprosería, el sacerdote, me dijo que era un ayudante suyo quien me había socorrido. Así que tuve razón, Dios estaba conmigo.

Después de destinarme a esta zona selvática tuve que irme a otra, porque tenía alergia a algo de allí. Me destinaron a la zona más pobre de Madagascar, Androy, un hospital sin camas. Dormían en esteras por el suelo. Allí me presenté al médico y me ofrecí para ayudar como puericultora o enfermera. Me dejó actuar libremente y recorríamos poblados de leprosos para ayudarles. Una vez llegamos a un poblado donde había cuatro niños y nadie más y es que estaban atendiendo a una señora en una choza que estaba muriendo.

Resultó ser una parturienta que estaba a punto de morir le ayudé con una inyección de antibióticos y les dejé medicinas para que atendieran a la mujer si sobrevivía. A los 15 días volvimos y me dijeron que ahí estaba, con un niño precioso en brazos y me dijeron que yo la había salvado. Ella me preguntó que por qué lo hice y yo le respondí que no lo hice yo. Entonces ella me dijo fue «Sana hari» así llaman ellos a Dios. Yo le dije que lo había hecho el de arriba. Ella me preguntó quién era ese Dios en quién yo creía y poco a poco fui hablándoles de Dios y una vez al mes acudía allí a visitarles. Se bautizaron ella, el niño y alguien más del poblado.

En otra ocasión al regresar de unos ejercicios espirituales, me encontré con un niño agonizando en uno de los internados que teníamos. Era de un poblado que yo no conocía. Les dije a sus familiares que iba a intentar salvarlo y estuve toda la noche vigilándole. Se recuperó finalmente y lo devolvieron al poblado. Cada 15 días iba a visitarle. Una de las veces me lo dejaron en brazos. él me llamaba «neni» que significa «mamá». El Padre Paúl que iba conmigo decía que me lo habían entregado, pero no. Desde su poblado fueron avisando a todos los de alrededor para decirles que la que le había salvado estaba allí. Hicieron una fiesta con música y detalles. Nosotros le llamábamos Francisco Javier al niño, porque allí le ponían el nombre de algo significativo que hubiera pasado, nosotros le pusimos ese por el día en el que había llegado a nuestro internado. Ellos le llamaban Delum Basag que significa «una extranjera te ha salvado».

Sor Ángeles en una imagen reciente

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