Felicísima en la vida contemplativa

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Los superlativos están de moda. Los extremos. Solo hay que ver el clima social y de crispación que nos rodea para darse cuenta de que es así. Pero hay que contar también historias bonitas y excepcionales, pues necesitamos alientos de vida y esperanza, historias del camino, sencillas, reales, bellas y luminosas. La vida de sor Inés, lo es.

El convento Madre de Dios de Coria, acoge la vida de vocación de la superiora de esta congregación de franciscanas que lleva más de 60 años entregada a Dios. Recientemente la han vuelto a elegir como superiora, aunque ella no le da importancia porque simplemente quiere «servir» y no busca «puestos» ni cubrir «egos». Su hermana melliza era quien quería ser religiosa, pero ella aceptó la llamada de la vida contemplativa y es «felicísima», como me reconoció: «mil veces volvería a decir que sí a esa vida», me contaba en una conversación telefónica.

Fue su madre quien dejó una honda huella en el corazón de sor Inés, cuando le decía sin tapujos que «aunque todas mis hijas quieran consagrarse a Dios y yo tuviera que terminar mis días sola en un asilo, sería muy feliz». En su familia, de cinco hermanas, dos siguieron la vocación religiosa. Su hermana está en un convento también, en Badajoz. Dos salmantinas que recalaron en Extremadura para seguir su vocación.

La vida contemplativa deja espacio también para encontrar a Dios en los pucheros, como decía Santa Teresa, o, en este caso, entre los hornos donde se amasan y cocinan deliciosos productos de repostería. «Lo que más vendemos son los corazones de San Francisco», unos dulces que son la delicia de los visitantes.

Pero lo que hornean a fuego lento son las nuevas vocaciones: «Hay que buscarlas donde estén», me explica Sor Inés, tras contarme que varias de las religiosas que están en Coria proceden de Kenia, donde tienen una fundación ahora para formar a las aspirantes. Allí ha regresado Teresa, una de las hermanas keniatas para sacar adelante este lugar de formación, en colaboración y con el aliento del presidente de la conferencia episcopal de Kenia. Cuentan actualmente con seis aspirantes preparándose para dar su sí a Dios. Son mujeres de su tiempo. «Inteligentes, hablan varios idiomas, manejan las redes sociales… Aquí faltan vocaciones, porque hay familias rotas y porque la vida religiosa no llama la atención. Les suena a ‘chino’», añade.

Sin embargo, a mí me ha cautivado su historia, pues su voz transmite alegría y emoción. Eso sí, me «riñe» por no conocer el convento y el claustro y me invita a visitarlo cuando vaya a Coria. Transmite con tanta energía que es imposible negarse. Ojalá todos, después de 60 años de vocación -la sacerdotal, matrimonial, religiosa… podamos declararnos también «felicísimos».

Lorena Jorna. Delegada de Medios de Comunicación

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