Francisco Cerro acompaña a diocesanos por Tierra Santa. Cuadernos de Viaje

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A continuación ofrecemos el cuaderno de viaje de Don Francisco por Tierra Santa acompañando a una peregrinación diocesana. También puede seguirse en su perfil en la red social Facebook.

16 de septiembre

Hemos aterrizado en Tel Avil después de un viaje largo nos hemos encaminado hacia el entorno del largo Tiberades, el monte de las bienaventuranzas. Un lugar impresionantemente hermoso y sugerente. Hemos vivido el primer encuentro con la entrega de la cruz del peregrino. El primer Evangelio que se ha proclamado las Bienaventuranzas de Mateo. El centro del cristianismo de Jesús. Su mensaje como dice el Papa Francisco «la revolución de la ternura» Su mensaje es de felicidad, los preferidos los pobres, en que tener a Dios por rey. Sólo los limpios de corazón verán a Dios. Cuando cae la noche sobre el lago Tiberades la luz alumbra siempre nuestras profundas oscuridades.

17 de septiembre

Amanece en el lago Tiberiades. Es una experiencia inolvidable. Rezar en sus alrededores es contemplar el mensaje de Jesús de las bienaventuranzas. Sólo el recuerdo de los países en guerra nos hiere el corazón y nos lanza a la esperanza «con la paz no se pierde nada, todo se pierde con la guerra» Hoy hemos estado en Caná y dos matrimonios han renovado sus promesas. Cuando el vino se acaba queda la esperanza de que el invitado Jesús, se realiza «el milagro» de un vino que nunca se acaba. La visita a Nazareno, donde los consagrados han renovado sus votos en este año de la vida consagrada nos ha envuelto a todos. Que sean muchos los que seducidos por Jesús, digan con Maria que sí. La tarde en el monte Carmelo delante de la Virgen de Carmen y con su belleza de Haifa, con su bahía, nos ha descubierto la alegría del evangelio.

Día 18

Volvemos a ver amanecer desde el monte de las bienaventuranzas. Siempre me asalta una pregunta ¿son muchos los que te hacen caso, Señor, y son felices? Hoy en el entorno del lago de Tiberíades, hemos tenido como momento central la Eucaristía; en el lugar donde se sitúa el Evangelio de San Juan, donde Jesús pregunta a Pedro, el primer Papa ¿me amas? hemos renovado la fe. Hemos experimentado la alegría de saber, que nuestro corazón, como el de Pedro, herido por la vida, encuentra la paz en el encuentro con el resucitado. En Tagga todos hemos pedido que el Señor siga multiplicando el pan y los peces a una humanidad envuelta en tantas pobrezas. La alegría se hizo desbordante en Cafarnaúm, «yo soy el pan vivo que ha bajado de los cielos» En el barco, como la iglesia, hemos atravesado el mar, nos hemos sentidos todos amados y perdonados. A través del sacramento de la penitencia la herida del corazón se ha sanado ante el perdón. Nos hemos preparado para el Año de la Misericordia, convocado por el Papa Francisco a partir de la Inmaculada. Por último, hemos subido al monte Tabor. Allí, en el monte alto, hemos pedido transfigurarnos con Jesús para dejar pasar por nuestra vida la luz que ilumine a nuestros hermanos. El monte Tabor, siempre nos evoca que hay que subir al monte de la contemplación y bajar a buscar a los hermanos en el valle de la destransfiguración. Al volver, cuando atardecía, hemos sentido miles de estrellas que se encendían en nuestro corazón.

Día 19

Dejando atrás la Galilea, nos hemos encaminado hacia el monte Nebo en Jordania, donde murió Moisés viendo al fondo Jericó, la tierra prometida. Antes habíamos contemplado la impresionante ciudad de Gerasa El desierto nos evoca el pueblo que caminaba, y a nosotros nos recuerda el icono de XIV Sínodo Diocesano en el que caminamos juntos para buscar, renovar y fortalecer la fe. Han sido momentos intensos de oración, largos ratos de autobús; el paisaje desierto y la figura evocadora de Moisés que con el pueblo de Israel caminó por estos lugares. Hemos pedido para que cesen todas las guerras que existen. La paz nos está continuamente llamando a todos que con el Papa Francisco sabemos que «otro mundo es posible». Cansados pero contentos hemos llegado a Petra. Y de noche, una alegría y paz profunda en el corazón nos acompaña.

Día 20

Es domingo, día del Señor, quinto día de la Peregrinación. El camino árido y seco del desierto nos ha lanzado a profundizar en la Peregrinación. Somos peregrinos de lo Absoluto y nuestro corazón vive triste sin su amor. Amanece en Petra, esta ciudad nos recuerda que Cristo es la piedra angular que desecharon los arquitectos. La ciudad de piedra rosa nos habla del paso nos habla del paso de hombres y mujeres por esta Tierra Santa. El icono del XIV Sínodo Diocesano que nos acompaña siempre, ha estado muy presente para profundizar en la fe como pueblo y caminar juntos. El desierto nos convoca a valorar la Eucaristía porque no ha sido Moisés el que os dio el pan del cielo, sino mi Padre, el que os ha dado el verdadero pan del cielo… Una misa celebrada en pleno desierto, en la tienda del encuentro, rodeados de montañas, con la hospitalidad de los beduinos del desierto, nos ha llevado a centrar nuestra vida y nuestro Corazón en el Señor Vivo, que abre su Corazón para que vivamos la esperanza. Moisés en el Monte Nebo y todos los desiertos nos hablan de tantos personajes bíblicos. Moisés, Elías, Jacob…el Pueblo de Dios, que camina por el desierto y busca la Tierra Prometida que se llama Cristo.

Día 21

Estamos subiendo a Jerusalén, madrugamos como siempre y nos encaminamos hacia el río Jordán y Jericó. El calor de desierto también anunció en nosotros la emoción en el río Jordán, donde Jesús fue bautizado. Renovamos las promesas bautismales. La espiritualidad del peregrino hunde sus raíces en el Bautismo, en la llamada a la santidad. Escogimos el lugar que según la tradición fue bautizado Jesús. Allí los cristianos acuden a celebrar el día del bautismo del Señor en enero. Después nos encaminamos hacia Jericó, la ciudad más antigua de la humanidad, donde nos paramos a meditar en los parajes donde Jesús atravesaba la ciudad de las palmeras. El ciego de Jericó, Zaqueo, nos hablan de la Misericordia de Señor y de la alegría del perdón. Nos vamos preparando para el Año de la Misericordia. El lugar de las tentaciones de Jesús en Jericó, nos recuerda una vez más que seguir a Jesús exige desierto y oración, ternura y misericordia y sobre todo la lucha de quien sabe que en Jesús «vencemos fácilmente por aquel que nos ha amado». Hemos entrado en Jerusalén y como millones de peregrinos a lo largo de la historia hemos cantado «que alegría cuando me dijeron vamos a la casa del Señor… Jerusalén está fundada como ciudad bien compacta. Por la noche hemos celebrado la Eucaristía, como dice nuestro XIV Sínodo Diocesano caminando juntos para buscar y renovar la fe.

Día 22

La revolución de la ternura. En Belén siempre es Navidad. Hemos recorrido el camino que lleva a Belén. Antes, en el Campo de los Pastores, hemos rezado y pedido por la paz con San Francisco de Asís Hemos pedido al Señor, que nació en Belén, que nos haga instrumentos de su paz. Los refugiados por causas de la guerra y tantas situaciones dolorosas, han estado presentes en nuestro corazón. La eucaristía celebrada en Belén, en las grutas de San Jerónimo, nos ha llenado de la ternura del Niño- Dios. Jesús, todo un Dios se hace Niño, para que nosotros no tengamos miedo a Dios, sino que salgamos al encuentro con el Señor. La revolución de la ternura se vive en la cueva de la Natividad o nacimiento de Dios. Esa ternura se llama Jesús y siempre aparece en brazos de María y de José. Hemos regresado por San Pedro en Gallicanto, allí donde Pedro negó a Jesús y vivió su profundo arrepentimiento. Es Yon Kipur en Israel, fiesta del perdón y de la expiación de los pecados…fiesta que ha llenado la Ciudad Santa de Jerusalén de anhelos de paz y reconciliación. Nuestro XIV Sínodo Diocesano ha estado presente en nuestras oraciones y celebraciones, pidiendo que vivamos intensamente este tiempo de gracia para nuestra Diócesis de Coria-Cáceres. Si queremos que nuestra vida sea coherente con el Evangelio, como pide el Papa Francisco, tenemos que abrazar la ternura de Dios y respirar el aire del Niño-Dios en Belén.

Día 23

La Cruz es el camino, la Resurrección y la Vida, el destino. Hoy ha sido el día del Yon Kipur para los judíos, día del perdón y la expiación de los pecados, hemos caminado un poco más de lo habitual por estar cortadas algunas calles en Jerusalén. Comenzamos por la mañana temprano en el huerto de los olivos, Getsemaní y en la gruta o cueva del prendimiento de Jesús donde hemos vivido emocionados el sufrimiento del Corazón de Jesús que se entrega por nosotros. Al terminar, le hemos entregado a cada peregrino un ramo de olivo del huerto de los olivos y hemos pedido para que todos sepamos llevar el dolor y el sufrimiento con paz; como decía Santa Teresa de Jesús: «Con tan buen Amigo, todo se puede padecer.» Hemos cruzado la iglesia ortodoxa de la tumba de la Virgen Maria y rezamos a nuestra Madre. Luego hemos subido a lo alto de la cima del monte de los olivos y hemos visitado el lugar de la Ascensión de Jesús, actualmente una mezquita en manos de los árabes. A este lugar peregrinó con mucha devoción San Ignacio de Loyola, buscando este lugar de la Ascensión del Señor. En el lugar del Padre Nuestro, con el Carmelo de fondo nos ha recordado que la oración siempre nos hace recuperar la esperanza, porque a mucha oración hay mucha esperanza y a poca oración, poca esperanza. Hemos celebrado la Eucaristía en la Capilla que nos recuerda las lágrimas de Jesús contemplando la ciudad de Jerusalén como retablo de fondo. Allí hemos pedido por los cristianos perseguidos y especialmente por los cristianos de Irak. Por la tarde hemos rezado el Vía Crucis por la Vía Dolorosa y hemos llegado al Santo Sepulcro y una familia de Irak, en su dolor, se han acercado a mi y me han pedido que rezase por aquellas comunidades y por la paz. He vivido con profunda emoción la entrada al Calvario y al Santo Sepulcro, inenarrable. Hemos terminado la jornada visitado a los Hermanos Franciscanos de la Custodia de Tierra Santa que custodian estos Santos Lugares desde hace más de 800 años. Alli el Padre Artemio nos ha hablado de cómo vivían y como viven los cristianos hoy en Tierra Santa y nos anima a que no dejen venir peregrinos a estos Lugares Santos.

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