Funeral del sacerdote Don Felipe Pulido en la concatedral

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Este lunes 9 de enero, la concatedral de Santa María ha acogido la celebración del funeral del sacerdote Don Felipe Pulido, fallecido el día de ayer. Natural de Montánchez, nacido en 1940, desempeñó en su vida pastoral diferentes tareas. Vinculado desde siempre al mundo de la enseñanza, fue Delegado Diocesano y Profesor en el Colegio Diocesano, en la Universidad de Extremadura, en el Centro de Enseñanzas, en la Escuela Universitaria de Formación del Profesorado y profesor emérito del Seminario. Consiliario de la Asociación Padres de Alumnos, del Movimiento Familiar Cristiano. Delegado de Pastoral Familia y Pastoral de la Carretera. Párroco en Hinojal y Salvatierra de Santiago, coadjutor de San Mateo y recientemente párroco de la Sagrada Familia de Cáceres y Canónigo de la Catedral.

El prelado diocesano ha definido a Don Felipe Pulido, en la homilía de su funeral, como un hombre dialogante entre la fe y la cultura, pastor y caminante. Don Francisco Cerro ha explicado que este «valoraba los ambientes culturales. El Evangelio tenía mucho que decir al hombre de nuestro tiempo. Perderse a Jesucristo es perderse lo mejor de la vida. Nadie vive solo ni muere solo cuando ha conocido a Jesucristo», ha destacado el obispo.


Ha tenido un recuerdo especial para su familia, presente en la despedida terrenal. Y también ha recordado a sus comunidades, los pueblos donde estuvo como sacerdote, su labor en la parroquia de la Sagrada Familia y recientemente como canónigo.
El obispo ha destacado también su amor por la música y su amor a la diócesis, por la que se desgastó, entregándose hasta el final, incluso tras sus problemas de salud.

A continuación ofrecemos un extracto de la homilía pronunciada por el Señor obispo:

«En la vida y en la muerte somos del Señor. Aceptamos los planes de Dios y la pedimos que nos conceda la paz. Que nos ayude a vivir estos mazazos con la confianza de como decía San Pablo. Todo sirve para nuestro bien.
Todo lo que se le encomendó lo hizo bien tres palabras sintetizan la vida de don Felipe:

1 Caminante. Fue hombre en búsqueda constante de Dios. Le conocía ya desde el colegio Diocesana cuando yo estudiaba aquí en Cáceres. Fue un apasionado de la música. Se desvivió por la diócesis a la que quiso con locura. Cuando se muere alguien cercano, relativizamos los problemas personales, los poco importantes. Lo único importante al final es el amor.
2 Fue pastor. Con alegría realizaba su tarea y siempre con el cariño de su familia de Madrid, él estaba pendiente de todos. Era un cura bueno. Que da la vida por las ovejas. Ha estado celebrando hasta el final. No existe alegría más grande que gastarse y desgastarse en su servicio, decía Francisco de Borja.
3 Un dialogante entre fe y cultura. Era muy dialogante. Y activo en la escucha. Un hombre amante de la cultura. Valoraba los ambientes culturales y sabía que el Evangelio tenía mucho que decir al hombre de nuestro tiempo. Perderse a Jesucristo es perderse lo mejor de la vida. Nadie vive solo ni muere solo cuando ha conocido a Jesucristo. Que la Virgen de la Consolación, del Castillo, de Montánchez le lleve con el amor de Jesús.»

Descanse en paz.

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