Funeral por el sacerdote misionero de la Preciosa Sangre el Padre Ramón Rodríguez

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Este lunes 9 de enero, fallecía el sacerdote misionero de la Preciosa Sangre, el Padre Ramón Rodríguez Navas. El entierro ha tenido lugar esta mañana en la parroquia de San Mateo a las 12.30 horas.

Rodríguez Navas había nacido en Coria el 27 de mayo de 1946 y ordenador en Cáceres el 5 de julio de 1970. Actualmente desempeñaba la labor de párroco de San Mateo. Tras el funeral el cuerpo ha sido trasladado a Moraleja para su enterramiento.

El prelado diocesano, Francisco Cerro Chaves, ha oficiado el funeral y ha tenido unas palabras de consuelo para los familiares al inicio de la homilía. El obispo ha destacado que el padre Ramón se insertó en la comunidad en Cáceres «como pez en el agua».

También se ha referido a los sacerdotes a quienes a animado con una de las frases de la oración del Sínodo Diocesano: «Una vez más vemos diezmado el número de nuestros sacerdotes. Pero el Señor no va a dejar sin fruto a nuestra diócesis de Coria-Cáceres. Una iglesia fiel y milenaria que quiere ser fiel al amor de Dios«, destacaba Cerro, quien contaba también la buena amistad con el Padre Ramón.

«Soy amigo de él. Puedo deciros que no siempre hay alabanzas al morir. Pero sí en este caso. Fue un hombre bueno que ha vivido la muerte de una manera ejemplar. El superior me contó que estuvieron hace un mes en Fátima ya enfermo él y que era admirable su deseo de despedirse de la Virgen. Los padres de la preciosa sangre siempre han estado muy vinculados a Portugal«, narraba el prelado.

Francisco Cerro ha destacado en su homilía tres claves de Ramón: Pastor. Misionero y de la Preciosa Sangre. Ha continuación ofrecemos un resumen de la misma:

«Primero, fue un pastor sencillo y humilde. Un hombre bueno, el hombre de las bienaventuranzas. Nietzsche decía que las bienaventuranzas habían pervertido a la humanidad. ¡Cómo iban esos a ser felices así! Decía. Ya lo dice el Salmo: Alza de la basura al pobre. Es la Buena Noticia del Evangelio y el padre Ramón lo vivía. él era feliz. Cuando le preguntaba cómo llevaba la enfermedad, siempre me decía: Mientras que hay vida, vamos tirando. Mostraba siempre esperanza. Ha sido un pastor humilde que trató de estar al lado de las personas sencillas.

Segundo fue misionero. Que es tener pasión por anunciar a Jesucristo. Uno puede serlo en su barrio, en su ambiente. El Vaticano II habla de la Misión Ad Gentes. Pero hoy en día todo es territorio de misión. Quien no transmita a Jesús no es misionero. Supone vivir y transmitir esa alegría. Sin grandes escritos o palabras. Fue un Misionero de la Misericordia y de la esperanza.

Y por último, fue de la Preciosa Sangre. Vivía con cariño y gusto, ha estado destinado en distintos sitios. La Preciosa Sangre. La misma sangre que Jesucristo derramó y que él también ha derramado. Vivir el sufrimiento. No quiere decir que no te reveles o no lo padezcas, sino la madurez del sufrimiento. Dios siempre actúa para bien. La clave que nos deja el padre Ramón es que la vida de los que creemos en Ti no se desvanece sino que tenemos una casa en el cielo. Uno se va al cielo a seguir haciendo bien en la tierra. Nadie se muere de egoísmo. Se muere de amor. Desde el cielo seguirá cuidando de sus colegios parroquias y familia que sigamos luchando. No vale la pena más que entregarla a Dios a los pobres y a los hermanos. Descanse en paz.»

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