Funerales por Benedicto XVI en la Diócesis de Coria-Cáceres

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“Que nuestra oración por Benedicto XVI llegue hasta el altar del cielo»”. Son las palabras con las que Mons. Pulido comenzaba el funeral en la Concatedral de Santa María, uno de los dos que la diócesis ha celebrado por el eterno descanso del Papa emérito. El lunes 16 de enero tenía lugar el funeral en la S.I. Catedral y el martes 17 de enero en la Concatedral de Santa María.

Sendas eucaristías estuvieron presididas por el propio obispo de Coria-Cáceres y concelebradas por numerosos sacerdotes de la diócesis (entre ellos, Vicarios, el Deán de la Catedral, o el Rector del Seminario).

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En su homilía, D. Jesús realizó una semblanza del magisterio de Benedicto XVI. Precisamente, destacaba que “como sucesor de Pedro, o más importante es que, con su magisterio, autoridad, ha confirmado, afianzado, arraigado la fe, en los creyentes, y también en la sociedad y en la cultura de nuestros días, que se ha vuelto recelosas de sus orígenes cristianos”.

Recordó el prelado diocesano la homilía de la misa con motivo del inicio oficial de su ministerio como obispo de Roma, el 24 de abril de 2005, cuando pronunciaba unas palabras significativas, como una declaración de intenciones o lema de su pontificado: “Se refirió a su predecesor al que admiraba y del que se consideraba continuador, el gran Papa Juan Pablo II -como le llamaba recordaba Benedicto-. ‘Después de él, los cardenales me han elegido a mí, un simple y humilde trabajador en la viña del Señor’”.

En aquella primera intervención como Papa, recordaba Mons. Pulido, Ratzinger se sumaba al mensaje de San Juan Pablo II: ‘¡No temáis!, ¡Abrid, más todavía, abrid de par en par las puertas a Cristo!’. “Benedicto asumía esas palabras diciendo: ‘¡No tengáis miedo de Cristo! Él no quita nada, y lo da todo. Quien se da a él, recibe el ciento por uno. Sí, abrid de par en par las puertas a Cristo, y encontraréis la verdadera vida”.

 

Por otro lado, recordó que Benedicto XVI pretendió abrir las puertas de nuestro siglo a la fe en Jesucristo. “Nos ha enseñado que la fe no es una teoría, una ideología, ni una norma opresiva, sino que consiste en un encuentro personal con Jesús, en quien Dios se ha hecho cercano y accesible al ser humano y a sus vicisitudes”, apostillaba Pulido.

“Joseph Ratzinger se ha esforzado toda su vida por mostrar que creer no es un acto irracional o puramente subjetivo y privado, que no es una superstición, que la fe ilumina toda la realidad desde el amor”, ahondaba el prelado diocesano.

El obispo de Coria-Cáceres recordaba la JMJ de Madrid en 2011 que tenía como lema ‘Arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe de la carta a los colosenses.  Y que se leyó en la liturgia de los funerales.

“El papa Benedicto XVI nos dejó un claro mensaje resonando en nuestros corazones: ‘hay muchos que, creyéndose dioses, piensan no tener necesidad de más raíces ni cimientos que ellos mismos. Desearían decidir por sí solos lo que es verdad o no, lo que es bueno malo, lo justo injusto; decidir quién es digno de vivir o quién debe ser sacrificado… Nosotros en cambio, sabemos bien que hemos sido creados libres, a imagen de Dios, precisamente para que seamos protagonistas de la búsqueda de la verdad y del bien, responsables de nuestras acciones, y no meros ejecutores ciegos”. Benedicto XVI”, proseguí Jesús Pulido, “quiso mostrar las raíces cristianas de la sociedad construida sobre la fe, que ofrece un horizonte de paz, de entendimiento y de progreso para todos, porque lo cristiano es profundamente humano”.

Para el obispo de Coria-Cáceres, el legado de Joseph Ratzinger, su patrimonio espiritual en diálogo con la ciencia y la filosofía, supera el tiempo de su pontificado y “seguramente seguirá iluminando la vida de la Iglesia”.

Por último, destacó el testimonio de los últimos años de su vida, su testimonio ante la inminente muerte y su deterior físico, que él afrontaba no como un final de todo sino como un encuentro con quien más había querido: “Jesus, ich liebe dich, fueron sus últimas palabras, repitiendo las de Pedro en el Evangelio. En una carta de principios de 2022 decía: “Pronto me enfrentaré al juez definitivo de la vida.  Aunque pueda tener muchos motivos de temor y miedo al mirar atrás en mi larga vida… creo firmemente que el Señor no sólo es un juez justo, sino también el amigo y el hermano que ya ha sufrido él mismo por mis defectos y es, por tanto, además de juez, también mi abogado. Ser cristiano me da amistad con el juez de mi vida y me permite atravesar con confianza la oscura puerta de la muerte”.

Estos funerales han servido para unirnos como diócesis y como Iglesia universal para pedir por el eterno descanso del Papa emérito como una expresión de “amor y devoción al que fuera la roca de la fe de la Iglesia”, en palabras de Mons. Pulido.

(Funeral en Coria)

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