Guadalupe Sierra vicepresidente Manos Unidas: No nos olvidemos nunca de que somos Iglesia en misión seamos servidores de nuestros hermanos

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Guadalupe Sierra Docet, vicepresidenta de Manos Unidas intervino en la tarde del sábado 17 de junio agradeciendo a los presentes su asistencia en esta tarde calurosa. Explicó que realizaría una reflexión en voz alta. Su ponencia pretendía explicar cuál debe ser el compromiso en el mundo profesional y voluntariado.

Comenzó ofreciendo la definición de la RAE para testimonio. «Dar testimonio, es mostrar prueba o certeza de la verdad de una cosa».

Por tanto para mostrar nuestro testimonio debemos «tomar como modelo a Jesús, a veces me pregunto- decía Guadalupe Sierra- si realmente creemos en Cristo o sólo tenemos la etiqueta. ¿Tenemos asumida al identidad cristiana? Si creemos que todos los hermanos son nuestros hermanos, debemos ver la realidad con los ojos de Jesús, no con nuestras ideas y a veces prejuicios», sentenciaba.

También indicó que es necesario ver las situaciones encuadradas en su entorno histórico y social, «la situación no es igual aquí que en Asia, áfrica o América Latina».

«Tenemos muchos ejemplos de cómo actuaba Jesús, Hijo pródigo, Buen Samaritano… siempre con actuaciones que beneficien a nuestro hermano. Actitud humilde y de servicio. En la vida hemos podido comprobar que estamos hechos para el don, porque cuando damos sin pedir nada a cambio, en el interior nos sentimos felices y alegres», contaba Sierra, quien manifetaba que esta forma de actuar por amor al otro se traduce también en la calle en la oficina, con los que nos rodean.

«Yo no lo hago por dinero, no lo haría ni por todo el oro del mundo. Atiendo a los demás por amor a Dios, decía la Madre Teresa a un periodista que le preguntaba como soportaba atender a los más necesitados proviniendo de una situación noble» ponía como ejemplo la vicepresidente de Manos Unidas.

«Como hermanos nos sentimos comprometidos con los demás hermanos. No podemos decir, no son amigos nuestros, ni siquiera son de aquí, no es una actitud cristiana. Pablo VI decía los gozos, esperanzas, tristezas y angustias de los hombres de nuestro tiempo, son gozos, esperanzas, tristezas y angustias de los seguidores de Cristo.», porque la Iglesia se siente íntima y solidaria del género humano. «Sabemos que nuestro prójimo es nuestro hermano. Evangelizar es anunciar el Reino de todos, lo decimos en el Padre Nuestro. Por tanto, evangelizar es dar testimonio de fe».

¿Qué formas hay de evangelizar? Se planteaba Guadalupe Sierra y habló de historias edificantes como la de Ignacio el joven de Londres que con su patinete intentó salvar a un policía, un joven que había estado toda su vida viviendo su fe, miembro de Acción Católica: «porque tenía en sus genes las ganas de ayudar a los demás hizo lo que hizo sin pensárselo dos veces.»

La vicepresidenta de Manos Unidas, nos indica cómo tenemos que continuar siendo testigos: «Como en Emaús, con camino y respeto, escuchando, buscando vías para acompañar, sin juzgar.»

«Cristo nos dice, pedid y se os dará, pedir no quiere decir, Señor resuelve… Así vemos a Jesús en la Cruz. Que no se haga lo que yo quiero, si no lo que quieres tú. Dios nos ha creado con una serie de capacidades, él está a nuestro lado pero las situaciones las tenemos que resolver nosotros», sentencia Sierra, quien pasó a contar su experiencia personal y que transformó su vida.

«En un momento de mi vida mi mundo laboral se vino abajo, con un proceso de prejubilación temprana, ¿y qué voy a hacer ahora? Y me vino a la mente: No se ha hecho la luz para ponerla debajo del celemín. Aquello era una segunda oportunidad para ayudar como a mí también me ayudaron, pero yo tampoco sabía cómo hacerlo y mi entidad cristiana no era muy fuerte. Una amiga me preguntó si quería colaborar en Manos Unidas, personas con principios cristianos o respetuosas con la Iglesia, y tiempo libre para seguir los proyectos. Cuanto más entraba en contacto con los abandonados de la sociedad, más crecía mi fe y mis ganas de ayudar, los ejemplos ayudan más que las palabras, yo los vi en los voluntarios de los proyectos, en su ejemplo. Ayudaban a personas con muchas necesidades para conseguirles una vida más digna. Compartir era el camino a seguir para ser feliz, y decidí formarme más en mi fe cristiana», relataba.

«Aquellas personas me enseñaron lo que era evangelizar, con su actitud me enseñaron lo que era seguir a Cristo. Nunca podré agradecer suficiente la segunda oportunidad que Dios me dio en mi vida, cuando en nuestro entorno cercano ayudamos a los demás, cuando defendemos los derechos de los excluidos, transmitimos una forma de actuar que van viendo nuestros compañeros», explicaba la vicepresidenta refiriéndose al ámbito laboral. «En este mundo tan materialista, transmitir un espíritu de servicio, alegría y donación es trascendental. A la larga nuestra manera de actuar configura el ambiente y cambia las actitudes de los que nos rodean».

«A través del ejemplo de la samaritana también podemos ser testigos, damos los medios necesarios para que los excluidos puedan seguir adelante por sí mismos. No tienen medios económicos o formación, les ayudamos para sacar adelante los proyectos, todo eso desde la gratuidad y la generosidad. Con actitud de servicio, con humildad. Tenemos que estar con todos. Con la vecina que no da los buenos días, el compañero en situación de ERE, los desheredados estar comprometido con todos. Comprenderles, ayudarles pero no juzgarles».

«El cristiano voluntario debe amar a los demás, buscando el mundo más justo donde a todos se les reconozca su dignidad como seres humanos: básicos: vivienda, alimentación, espiritual: formación cristiana y social: buscar y defender sus derechos».

También explicó que el cristiano debe participar en las instituciones públicas, una sociedad más justa y solidaria donde nadie sea excluido. «En situaciones, tendremos que acudir a la objeción de conciencia, saber discernir y negociar, formarnos para defender los derechos de los demás. Aportar un nuevo enfoque político», continuaba.

Nuestra tarea es crear un mundo más humano y fraterno, «trabajar con otras organizaciones cristiana y otras que no lo sean, la FAO, ACNUR Ecologístas… Tenemos que ser realistas, solos no tenemos fuerza para conseguir transformaciones reales. Hemos de trabajar en red para conseguir mejores consecuciones sobre los derechos humanos.»

«Tras la intervención del Papa Francisco en la ONU, -alguno decían que qué pintaba ahí, Francia empezó a revisar el tratado comercial con América en muchas cosas era contrario a lo que necesitaban los agricultores. «

«Nosotros tenemos que ayudar a quienes buscan trabajo activamente, tú tienes que buscar el trabajo. El trabajo en red lleva a organizaciones católicas del desarrollo a unirse FITSE».

«Hemos de ser conscientes de que el otro también nos enseña a través de su historia de vida, aprendemos a admitir al diferente. Este se siente parte de una comunidad sentirse que como ser humano tiene una dignidad».

«Un peligro enorme es caer en la acogida farisaica, acoger pero le encerramos en un guetto y nosotros en el nuestro. No nos quedemos en nuestro mundito conocido y cómodo. Salgamos a los caminos».

«Estamos tan metidos en nuestro mundo personal en buscar el tener que el ser, no hacemos nada por buscar al otro. Tampoco hacemos nada por comprender al anciano, al enfermo, al disminuido o a los jóvenes que no tienen nada que ver con nosotros. Nos convertimos en islas urbanas que tienen puentes de comunicación. Esta forma de actuar influye de nuevo en la actitud de evangelizar. Evangelicemos en nuestro entorno cercano y político. Evangelizar hoy es dar testimonio en el núcleo familiar, vecinal, social, político, promoviendo un desarrollo integral del ser humano.»

También a través del trabajo de cooperación, aquí habló sobre Manos Unidas. La asociación de la Iglesia Católica para la ayuda promoción y desarrollo de los países desfavorecidos. Una ONG de desarrollo formada por voluntarios seglares y sin ánimo de lucro, que comenzó con las mujeres de acción católica y las campañas contra el hambre. En el año 59. «Podemos acabar con el hambre en el mundo, pero nos lo tenemos que creer decían entonces». Hoy también es verdad.

«No solo hambre de pan sino también de educación, de espiritualidad, de sentirse seres dignos».

Desde Manos Unidas se vive el compromiso de acompañar a las comunidades más pobres. «España fue saliendo de los países en vías de desarrollo, educación, sanidad… Hay otros países que no ha sido así. El pobre no es pobre porque quiere, sino porque los demás estamos acaparando bienes sin tener a los otros en cuenta. En nuestra sociedad hemos salido de la pobreza pero hay otros lugares del mundo nos necesitan y no vale decir que lo solucionen sus gobiernos, porque no lo hacen y ellos también son nuestros hermanos.»

«Ambulatorios, colegios, dotaciones para estas instalaciones… se llega a los sitios más remotos donde otros no quieren ir a trabajar. Trabajamos sobre la educación, cuáles son las mejores semillas, a las mujeres que ellas también pueden trabajar, labrar un campo, conseguir vender lo que producen para mejorar la situación de sus familias. Les mostramos sus derechos y a ser líderes. áfrica carece de todo porque se lo estamos quitando. En India hay que enseñar a que la gente sepa gestionar un negocio, formar a los hijos… en América Latina, van un paso más avanzado, trabajan en cooperativa, porque lo llevan en su tradición, el mundo Inca la familia era lo importante, en las comunidades, las familias en sentido amplio se ayudan, les falta aprender a defender sus derechos».

Y contó algunas experiencias personales: «Cuando visitaba los proyectos en la India en la zona sur, se hace un muestreo contable, vemos si el proyecto se ha puesto en pie. En una de esas reuniones gracias al proyecto de formación de mujeres, les pregunté qué habían aprendido. Sabían que había que apartar parte del agua para hervirla antes de darla a la familia. Otro grupo en una reunión me dijo, y por qué nos dan dinero, nosotros también lo hemos pasado mal en el pasado y nos ayudamos para salir adelante. Nos da alegría poner nuestro granito de arena para que salgan adelante. Dígale usted a esas familias españolas que si alguna vez ellas necesitan algo, nosotros vamos allá, con las Manos Unidas mejoraremos el mundo. Eso me enseñó lo que era la solidaridad, el amor a Dios. Fraternidad, bien de Dios, pero los cristianos no podemos hablar de nuestra religión, pero a través de nuestra actuación estamos evangelizando».

«No nos olvidemos nunca de que somos Iglesia en misión, seamos servidores de nuestros hermanos».

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