Hermana Ila Edith: «La misión del misionero es evangelizar y la promoción humana»

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Hermana Ila Edith Ochante Quispe

La acción misionera de la Iglesia, a través de nosotros, los testigos misioneros, pues se tienen dos centralidades importantes: primero es la evangelización y luego es la promoción humana. Explica la Hermana Ila Edith Ochante Quispe, natural de Perú. Pertenece a la Congregación Franciscanas de la Inmaculada Concepción, fundada en Méjico el año 1874.

Estuvo cuatro años de misión en el mismo Perú, atendiendo la catequesis familiar, acompañando a niños y jóvenes en los colegios de la congregación, visitando y llevando la comunión a los enfermos.

Después pasó tres años en Centroamérica, en El Salvador, visitando y llevando la comunión a los enfermos, dando catequesis y acompañando a niños y jóvenes en los colegios. Posteriormente estuvo tres años en Roma, preparándose para la misión en África.

Fue enviada concretamente en la República Centroafricana, donde permaneció tres años, colaborando para cubrir las necesidades del pueblo de Dios, en diócesis de Bangassou presidida por Mons. Juan José Aguirre. Actualmente lleva seis años en Cáceres, en el Casa de Espiritualidad de la Montaña, después de tener que salir de la República Centroafricana debido a los conflictos que allí había.

“Pues a través de la evangelización, el Señor ha permitido que yo me encuentre ahí acompañando a niños, a jóvenes en la catequesis familiar, en la catequesis de niños, de jóvenes, de adultos, acompañando a acólitos, alrededor de 50 niños acólitos, era la responsable, y también la visitando a los enfermos, llevándoles la comunión, como dice Cristo: ‘Tuve sed, me diste de beber, tuve hambre, me diste de comer’, pero no solamente llevábamos la Palabra, no solamente llevábamos el cuerpo de Cristo. Porque también las personas pobres, necesitadas, que están postradas, no trabajan. Entonces, nos organizábamos con los mismos jóvenes de la pastoral vocacional que teníamos ahí, les llevábamos alimentos y luego orábamos y los animábamos. Pero en realidad un misionero en África, aparte de ser misionero evangelizador, también es evangelizado. En algunos niños yo decía: ‘madre, le duele el estómago, démosle una pastilla’. Y me dicen, ‘no le duele el estómago porque está mal y necesita una pastilla. Le duele el estómago porque tiene hambre’. Dios mío. Eso te toca el corazón, te interpela y te hace que tú vivas tu vida consagrada con más entrega”.

«Ellos gracias a Dios están saliendo adelante con aquello que nosotras, las hermanas, pudimos proporcionarles”.

La Hermana Ila también trabajó en la promoción de vocaciones a la vida sacerdotal y a la vida religiosa. En cuanto a la promoción humana contó su experiencia en la República Centrofricana ha sido atacada y es atacada continuamente de rebeldes, rebeldes nativos, rebeldes extranjeros. “Nosotros los misioneros estamos ahí, colaboramos, aunque después nos marchemos ahí queda el trabajo, por ejemplo, con una escuela para 100.050 niños, cinco centros infantiles, talleres de carpintería, de albañilería. Ellos gracias a Dios están saliendo adelante con aquello que nosotras, las hermanas, pudimos proporcionarles”.

(Rueda de prensa Domund 2023)

También vivió en primera persona las dificultades de la República CentroAfricana.  “Me tocó también experimentar como ellos, salir corriendo y huir con ellos”. Estuvieron seis horas escondidos en la selva. “Lo más triste de esos países es que toman a las mujeres como esclavas sexuales, a los niños, a los jóvenes, los ponen a trabajar. Lo más difícil y lo más duro y cruel que yo haya vivido en la misión es el sentirse impotente, no poder hacer nada. Porque llegaron un grupo de rebeldes, los yihadistas, con ellos no se puede dialogar. Ellos llegan a lo que llegan y asesinan, queman las casas, no dejaron nada. Fue al inicio del año 2017, yo estaba todavía de misión. Se quería hacer creer que eso era una guerra entre cristianos y musulmanes. En realidad, no lo es. Monseñor Juan José Aguirre, obispo de Bangassou, en todo momento protegió a la población, a sus misioneros, a las misioneras, sobre todo nosotras como mujeres, teníamos peligro. En lo personal, se resistía a salir. Pero la guerra continuaba. Lo que quiero resaltar la importancia de la Iglesia, la centralidad de la iglesia, como lo dice en la Evangelii Nuntiandi 75, es la misión. Entonces, quien mueve la misión es Dios, es el Espíritu de Dios quien mueve la misión. ¿Y quién es el protagonista de toda esta misión? No es el misionero, sino que es Cristo.

Entonces, si el Señor ha permitido que yo pudiera vivir, experimentar todo ese tipo de cosas, pues ahora Él me tiene aquí, ya, y yo considero misión en el lugar donde yo me encuentre. Y aquí compartiendo con ustedes, y soy feliz.

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